Algún aventurado lo lanzó al aire como posibilidad unas dos semanas atrás, más por el olor a gol que flotaba en el ambiente que por alguna pista concreta. Y se concretó sobre el filo de la semana pasada: Rodolfo Colombo será el encargado del ANSES en San Juan, luego de un café demorado con el diputado y líder macrista en la provincia Eduardo Cáceres. ¿De cajón? Puede parecer, tiene sus matices.
Mucho más que un acuerdo de cargos
Vueltas de la vida, el armado post electoral vuelve a reunir en los mismos capítulos a dos y hasta tres postulantes a intendente de la Capital ayer nomás, el 25 de octubre. Ese día, lidiaron Colombo y Cáceres no sólo por el ejecutivo comunal sino también por quién quedaría mejor parado en el tablero opositor. El tercer integrante de este trípode es franco Aranda, al final electo sobre los otros dos. ¿Y por qué Franco? Sencillo, porque sus dos ya ex rivales se terminaron juntando alrededor de la mesa política que le sirvió al flamante intendente capitalino como plataforma de lanzamiento de sus aspiraciones políticas: el Anses.
Aún en su carácter arisco, como lo atestiguan las sistemáticas movilizaciones gremiales de los últimos tiempos, la delegación sanjuanina del Anses es una vidriera imposible de despreciar. Aún más luego de la jerarquización de los últimos años, cuando la dependencia pasó a manejar un volumen mucho más grueso de beneficiarios, y ese incremento también se hizo notar en la caída de la calidad del servicio.
Aparecieron los benefiacios de AUH, los jubilados pasaron en San Juan al 98% de los abuelos en condiciones de hacerlo –en línea con lo que ocurre a nivel nacional-, también se pagan otras asignaciones y se tramitan los préstamos del PROCREAR. Así de generoso es el volumen de las funciones del Anses y también lo es el tránsito de personas por la delegación haciendo trámites.
Ofrece entonces la delegación local del Anses esa doble cara de la moneda, aún sin definición sobre el rumbo que le dará la nueva gestión de Macri: su condición de centro neurálgico para la vida de la gente (con su consecuente caudal político), junto a la obligación de no resentir el servicio para que el caudal no se vuelva en contra.
Por esa razón fue sin discusión la oficina más importante para la que Macri debe colocar responsable en San Juan, en una gama que es amplia y se completa con delegaciones de verdadero fuste: PAMI, Afip, INV o Radio Nacional, asunto de otro comentario.
No fue un dato menor entonces la irrupción allí de Rodolfo Colombo. En especial porque el artífice de su llegada fue Eduardo Cáceres, no sólo rival por la conducción capitalino sino competidor en la franja: los rubios pescaban en la misma laguna durante el proceso electoral de este año: el estanque apto para el perfil opositor, joven y canchero. Y eso los llevó a mantener varios encontronazos silenciosos, que pasaron ya a reportar al casillero de los tiempos remotos y superados.
Hay cierto instinto de rápida adaptación a los nuevos tiempos de parte de ambos. Tal vez haya sido el resultado del ballotage en el distrito Capital lo que de algún modo garantizó que si iban juntos en octubre bajo el sello presidencial de Macri y Massa ganaban holgados el municipio, y hoy la tienen que mirar a la distancia.
El triunfo nacional de Mauricio Macri reverdeció los contactos y dio una nueva oportunidad al encuentro. La llegada al cargo de Colombo es en ese dibujo apenas la punta del iceberg: hay mucho contenido que no se ve a simple vista, pero que significa la esencia del acercamiento. Ni más ni menos que la perspectiva de construir en conjunto de cara al futuro: si a Macri le va bien en los próximos años al frente del Ejecutivo nacional, Cáceres tiene bien claro que la mejor manera de avanzar en la provincia será de la mano de los dirigentes opositores con los que no se juntaron este año.
Colombo figura en el tope de esa lista: aunque pueden llegar a competir en el casillero de la Capital, está claro que para el flamante jefe de la Anses es una obsesión de años que ahora tiene trampolín de efectos probados (la misma repartición que Aranda, con el apoyo nacional), mientras que para el diputado nacional el horizonte podrá depararle otras oportunidades más atractivas.
Los contactos entre ambos ya habían comenzado con el asunto capitalino en la integración del Concejo Deliberante. No pudieron coronar a Juan Sanzó, pero ya se había visto la probeta de un ensayo conjunto entre macristas y colombistas. Luego llegó el espaldarazo en la Anses, con un condimento especial: además de quedar a tiro de decreto, Colombo también estará rodeado de dirigentes de flor y nata macrista. Cada departamento tiene una oficina de Anses y allí estarán generalmente los dirigentes distritales macristas que se pusieron la camiseta en octubre: premio y reconocimiento por un lado, apuesta a aprovechar las luces de una oficina bien visible –especialmente en los sitios alejados- por el otro.
La otra pata de esta mesa es Roberto Basualdo. Más distante el senador esta vez del armado, pero siempre atento a los movimientos. Él mismo se declaró prescindente en este pasamanos de nombres para los cargos, aseguró no haber puesto sobre la mesa ningún reclamo y hasta se lo notó algo frío respecto del apoyo que le dará a Macri en el Senado.
Y hubo mucho esfuerzo en el macrismo local por dejar bien en claro que Basualdo no pidió nada en ningún momento. Y que le insistieron para que diera algún nombre para ocupar la delegación del PAMI, a lo que finalmente el senador accedió y citó a Julio Pascual. Se trata de un médico y dirigentes de mucha relación con Basualdo desde los tiempos más remotos de la agrupación política de Basualdo. De los de la primera hora, puede sostenerse. Julio y José Pepe Pascual fueron y son personas muy cercanas y de mucha confianza, además de una línea política sin discusión con Roberto.
A Cáceres, al Pro y a Macri le interesa armar con Basualdo, por una larga lista de factores. Uno, la banca: un asiento en el Senado que es la Cámara en la que el macrismo aparece con mayor desventaja. Dos, la cercanía: para qué desperdiciar a un dirigente con una manera de pensar muy próxima a la del presidente Macri, auténtico sentido común. Y tres, el alto poder de fugo departamental que mantiene: dos intendencias de las grades como Orrego en Santa Lucía y Martín en Rivadavia, más la presencia de Mauricio Ibarra en Rawson, dirigente que jugaron cerca y disponen de un caudal apetecible para cualquier paladar.
Por eso el basualdismo puede resultar piedra angular de este encuentro, y por eso es que con la insinuación de los nuevos cargos parece germinar al final lo que tanto trabajo dio a lo largo de este año: unir a la oposición como lo hicieron en el 2013.
Hay quienes ya hacen garabatos en las mesas de arena de la política vernácula. Que Basualdo podría obtener la candidatura a la renovación del senado, que Orrego puede saltar al liderazgo de la lista, que los intendentes, que hay varios macristas con chances de ascensos. Por ahora, todo ilusiones que sólo el futuro develará, con la lógica ayuda que pueda llegar si Mauricio tiene éxito.