Esa campaña tuvo ribetes hasta cómicos con un animalito de los que estaban en cuestión. Resulta que como les resultaba tan difícil atrapar a un yaguareté para ponerle un collar digital y seguir sus movimientos en el escenario de las obras, los activistas le pusieron el collar a un novillo, que con el tiempo fue creciendo y su cuello atrapado por el collar. Contrataron a un vaqueano de la zona y le pusieron el collar en el recado, y entonces la señal digital se iba moviendo pero no al ritmo del yaguareté sino de la montura del lugareño.
Hasta que hubo un presunto problema de pagos y el hombre de la zona, de apellido Corro, decidió contar su “experiencia”.