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jueves 30 de abril de 2026

editorial

La delgada línea Vaticano-San Juan

Gioja esperó asiento en el avión, pero no hubo lugar. Tiene una larga relación con el nuevo Papa. La nueva dimensión de la relación con Cristina le llega como anillo al dedo. ¿Demasiada fantasía con soñar con una visita a San Juan? Por Sebastián Saharrea.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Se quedó abajo del avión que viajó al Vaticano, pero a cambio José Luis Gioja quedó bien parado luego de ese gesto de barajar y dar de nuevo dispuesto por la Presidenta en relación a la Iglesia con la llegada a Bergoglio a su nueva dimensión de Francisco. El sanjuanino es uno de los habitantes del universo K más allegados a la Iglesia y debió más de una vez moverse en silencio en el ambiente religioso para evitar algún reto. Hoy, además de moverse con mayor libertad, podrá convertirse en uno de los mantengan viva la llama de la cordialidad encendida en el Vaticano por Cristina y el Papa.
Estaba en Paraná el gobernador sanjuanino cuando decoló el Tango 01 rumbo a Europa –destino Roma, pero con cambio de nave en Marruecos para evitar a los buitres-, un vuelo al que se había anotado en lista de espera. En Entre Ríos estaba haciendo los deberes, dirigiendo la mesa kirchnerista de la Gestar en su jugada más radicalizada: desinvitar a Daniel Scioli a un  encuentro partidario, el equivalente a trazar una línea de apariencias definitiva entre los K y el bonaerense, bajo cargos de que “esto no es para ninguna candidatura en especial”.
De ese encuentro entrerriano emergió la certeza de que la inclusión de Scioli en el camarín oficial será al menos demasiado dificultoso, y Scioli es un gobernador con quien Gioja mantuvo buenas vibraciones. Como ya viene siendo tiempo de decir en voz alta de qué lado está, el sanjuanino tomó la lanza y no dejó dudas de estar formando filas en el equipo oficial. Tomó la palabra y descerrajó un furioso alegato cristinista con aroma de re-re, como para evitar confusiones.
Mientras todo eso ocurría el pasado viernes a la noche, en Presidencia daban las últimas puntadas a la lista de invitados que figurarían entre los 12 integrantes de la delegación argentina. Lo siguió con mucha atención Gioja: si algo deseó de manera intensa el mandatario sanjuanino en los últimos años fue precisamente eso, formar parte de una comitiva oficial en la asunción de –nada menos- un papa argentino.
Lo esperó como Emanuel Mas a un llamado de Sabella, pero no pudo ser. Ese llamado nunca llegó, sencillamente porque no hubo gobernadores subidos al avión. Hubo cortistas, dirigentes opositores –en realidad, Alfonsín viajó solo, pero integró la delegación oficial- y hasta un número demasiado generoso de sindicalistas (tres). Pero gobernadores, ninguno. Hasta último momento se publicó que habría mandatarios provinciales y allí radicó la expectativa del sanjuanino que el día anterior había hecho el trabajo forzoso de haber puesto el pecho para insinuar un operativo re-re. Pero al final, en la lista no había ningún gobernador de provincia. Adiós al fantasma del desplante, fue cuestión de cupo.
Es que Gioja es uno de los hombres fuertes del oficialismo más relacionado con la Iglesia, por eso se animó a pronunciar en voz alta sus deseos de estar en un momento histórico como lo que ocurrió en el Vaticano. En clave de humor, suele llamar a Dios como su consuegro en referencia a su hija monja, a la que escucha siempre con mucha atención. Tiene formación católica y se ha mostrado siempre cercano a los obispos, lo que más de una vez le costó un dolor de cabeza en su ámbito político.
Nadie como él, entonces, disfrutará de la refundación en la relación entre el gobierno y el Vaticano con la llegada de Bergoglio al papado. Ya no tendrá que reservar esos movimientos sino, por el contrario, serán útiles para que esa nueva dimensión no se evapore con el paso del tiempo.
Esa misma relación de Gioja con la Iglesia le había llevado algunos dolores de cabeza, o al menos la decisión de hacer menos visibles esos movimientos para no encontrar resistencias internas. Uno de los picos de esas tensiones ocurrió con el episodio de Micaela Lisola –la alumna que quiso convocar a un acto del Día de la Memoria en el colegio de la UCC-, que llevó la relación del gobierno nacional y la arquidiócesis sanjuanina a su máximo nivel de estrés. Y Gioja, al medio: de un lado, nada menos que la Presidenta, y del otro el arzobispo Delgado y la universidad. Afortunadamente, pasó el temporal sin demasiadas cicatrices.  
Poco tiempo después, la Conferencia Episcopal Argentina invitó a José Luis Gioja a hablar sobre la minería y luego a mantener un encuentro privado con su titular, José María Arancedo, quien había sucedido a Bergoglio. El contacto fue manejado en absoluta reserva, hasta que se dio a conocer apenas un día antes y su difusión fue de extremo bajo perfil.
Los religiosos habían apuntado al sanjuanino como una manera de mantener con vida la desgastada relación entre el gobierno y la curia argentina, la articuladora del Foro de Habitantes a Ciudadanos al que habían invitado a Gioja. Y el gobernador fue junto al arzobispo Alfonso Delgado, quien ese día jugó en tándem con Gioja defendiendo la actividad minera ante un auditorio que presentó alguna hostilidad.
Antes de eso, Gioja había mantenido varios encuentros con el entonces cardenal Jorge Bergoglio, alguno más público que otro. Cuando el tono del ahora Papa fue ganando intensidad contra el kirchnerismo, el contacto fue más distante para que no representara un compromiso, pero siempre hubo una línea viva en esa relación. De hecho, el nuevo Papa fue saludado por algunos sectores del kirchnerismo como un Papa peronista, proveniente de de Guardia de Hierro, una organización interna en los 70.
Cuando Gioja y Néstor Kirchner pavimentaron su relación personal hasta convertirla en amistad, solían cruzarse chicanas con los mismos contenidos, referidos a la procedencia de cada uno de ellos en la génesis peronista. Dos pesos pesados de la historia se reían con esos recuerdos cuando se encontraban con visiones diferentes. Con ese estilo de chanzas que compartían, Kirchner solía decirle a Gioja: “y qué querés, si vos sos Guardia de Hierro”. Y Gioja le devolvía el mismo tono con la Tendencia, su contracara de aquellos años. Hoy esas marcas perduran en el recuerdo, con peso insignificante en el alistado de tropa: de hecho, varios “Guardia” revisten en las primeras líneas oficiales.
La relación de Gioja con Bergoglio se extendió hasta el entorno familiar. Recordó esta semana el sanjuanino que supo mantener vínculo con el hermano del ahora Papa, un empresario del rubro automotriz con quien trabajó en un plan para ponerle gas a la flota oficial en los tiempos en que el gobernador era senador. Ese vínculo tuvo varias cenas de por medio, mientras mantenía la relación religiosa con Jorge Bergoglio.
Ahora, esa relación a la que había puesto hielo, cobra una nueva dimensión. Porque fue la propia Cristina la que le dio un altísimo valor, aprovechando el encumbramiento de quien supo ser un sacerdote crítico. Ya Bergoglio no es el cardenal detrás de quien supo encolumnarse el discurso opositor, ni Cristina mantiene el mismo celo.
Ahora, Bergoglio es el Papa y junto a la Presidenta compartieron esta semana gestos y momentos impensados, amén de saludables. El Papa recibió a la presidenta de su país con los brazos abiertos y una generosidad evidente, mientras la mandataria le respondió con un respeto y una gratitud gigantes, además de la misma emoción que invadió a todos los argentinos. Ambos entendieron la oportunidad de desensillar y refundar la relación. Le llamaron “mirar para adelante”, sin desconocer las diferencias u olvidar los desacuerdos previos, pero entendiendo que la relación puede derivar fructífera para el país y el Vaticano.
Fransico estará entre julio y diciembre en su país, el nuestro. Y será una fiesta. También podría pasar para Chile, aprovechando la presencia en la región para recorrer el vecindario. Hay quienes ya sueñan con agregar en ese trayecto aunque sea unas horas en San Juan. Sería una cita con la historia, que ya viene dando demasiadas sorpresas.

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