Esta semana, José Luis Gioja recibió la primera noticia política de peso permitida en su convalecencia y a cuentagotas para evitar que la vorágine informativa –nacional y provincial- le juegue en contra a su recuperación: su hijo Gastón le contó los cambios de gabinete nacional. “Abrió grandes los ojos”, contó luego el primogénito del mandatario, en su rol creciente de comunicador del buen ánimo familiar.
Es que el gobernador no llegó siquiera a registrar el resultado definitivo del comicio nacional de octubre, envuelto en los nubarrones aparentemente –y felizmente- de mejor pronóstico sobre su salud. Los había podido semblantear con el salto de las PASO y la agitación política del momento en que sufrió el accidente, pero habrá que convenir que la resolución final del nudo –resultado de elecciones, medidas oficiales, medidas judiciales como el fallo de la ley de medios, y el cambio de ministros nacionales- fue mucho más allá de lo que cualquier aventurado pudiera imaginar en ese tiempo.
Llegó a la jefatura de Gabinete un par, el Coqui Capitanich. Par en sentido amplio, par también en su significado en la mega interna peronista. El chaqueño es un gobernador con laureles en la jerarquía K, llegó dos años después que Gioja a la gobernación de una provincia chica –lo hizo en 2005, mientras el sanjuanino lo había hecho en el 2003-, había sido igual que Gioja senador en los tiempos movidos de la Alianza, había ocupado cargos en la gestión de Duhalde (Capitanich fue lo mismo que ahora, jefe de Gabinete, mientras Gioja fue presidente Provisional del Senado), y los dos desde sus provincias defendieron el modelo con resultados, mayores o menores, pero siempre presentables desde hace 10 años.
Es este el sector de los “gobernas”, así llamados a los caciques de patria chica y terreno alejado que afirman sus dominios y pisan territorio, que tienen dilemas distintos a los capitalinos y que frecuentemente sacan las papas del fuego. Venían haciéndose escuchar en pedidos silencioso de más espacio, no especialmente en cuanto a cargos sino en cuanto a métodos: los provincianos están menos sellados a fuego con el choque y más habituados, por las propias texturas de las provincias chicas, a no encerrarse.
Lo demostró Capitanich en sus primeros pasos, más allá de la tentación a la sobreactuación. Llegada con conferencia de prensa ante los medios, convocatoria a gobernadores opositores al diálogo, presencias anunciadas en el Congreso, recorrido institucional completo. Cambios de formas, lo que se reclamaba a los K mucho más que algún cambio de fondo. Y sugerencias electorales surtidas, con proyección: si es Capitanich el seleccionado por CFK para dar lucha electoral en dos años y se le ofrece semejante atril, cuáles serán las señales hacia el resto y sus consecuencias lógicas. ¿Se descarta a Urribarri?, ¿avanzará Scioli es un acuerdo con Massa ante el supuesto desaire? Lo que fuera, demandará tomar nota en todo el país, más aún para un avezado en estas lides como el sanjuanino Gioja.
El traslado del Gobernador al Italiano lo dejó más cerca de las rondas de consulta. Que no fueron pocas mientras estuvo en San Juan: sólo faltó que aterrizara a visitarlo la Presidenta, por otro lado impedida por una dolencia física. Pero allá en Buenos Aires está más cerca de su hábitat natural de operaciones, donde siempre ha hecho la diferencia. Más cerca de los medios nacionales y de los pases relámpagos, como el del propio Capitanich esta semana.
Se habrá reflexionado mucho en los ambientes K lo que habrá hecho falta el “Flaco” en este nuevo envase de presentación del oficialismo reformulado por impulso electoral, aunque conserve su fondo transformador. Porque el “Flaco” fue siempre uno de sus operadores dilectos: con pies y manos en el plato, pero siempre manteniendo firmes lazos con el peronismo no K y con otras veredas afines.
Lo hizo en los momentos menos recomendables, cuando su sencilla detección hubiera significado reprimenda y tarjeta amarilla-anaranjada. Y ahora que cambió la bocha, nadie más últil que él para resetear esos diálogos que no significan capitulación de principios, como lo demuestra a cada paso el “goberna” al que le tocó lavar la cara formal del gobierno.
Por eso cabe preguntarse: ¿le podría haber tocado a Gioja el cargo de semejante jerarquía de no mediar la tragedia del helicóptero? Nunca las preguntas contrafácticas –sobre hechos que no ocurrieron- tienen respuestas terminantes. Sí tienen aproximaciones evidentes: por todo el relato previo, parece el cargo haber sido diseñado para el momento político de Gioja y sus aptitudes, aunque si lo que estaba buscando CFK era un candidato a presidente, por ahí el sanjuanino aparecía un peldaño más abajo. Podría haber sido o no, la cuestión es que quedó al mando un par suyo, que el escenario ha cambiado y que hay muchos que rezan en términos políticos por su recuperación física.
Capitanich y Kicilloff no sólo estrenaron modales y forma de relacionarse, sino también algo de agenda. Sin quedar a la altura del rotundo suceso de la negociación por YPF con los españoles, el solo hecho de haber mencionado la crisis de las economías regionales fue música para las zonas productivas más relegadas.
Los nuevos funcionarios lo hicieron y quedaron de cara a entregar una gran alegría a sectores de la economía que no frecuentan las primeras planas nacionales pero que muerden huella tierra adentro. Ni en los suplementos económicos o agrícolas de la gran media reporta la pérdida de competitividad de la uva, el ajo, la aceituna o el tabaco, más preocupados por los vaivenes de la soja en los mercados de Chicago.
Pero hay que salir un poquito de la madeja para encontrar que en las zonas más retiradas del puerto, los sectores productivos no la pasan bien y el gobierno nacional tiene bastante por hacer. No sólo por las distancias y el flete consecuente por el alto precio del transporte –con insumos por las nubes como el precio del gas oil o la paritaria de los camioneros- sino también por la demanda de mano de obra. No es lo mismo una hectárea de una oleaginosa o un grano en la pampa húmeda, que una de parral para este lado: aquí consume 10 veces más en mano de obra, justo ahora que el sector rural aparece conminado a regularizar situaciones salariales o impositivas vía Afip, heladas al margen. No es lo mismo el peso relativo, no son lo mismo las rentabilidades. Y cuando a vuelo de pájaro se habla del “campo” en los grandes escenarios, se pierde de vista que los más ajustados son los que producen lejos y con mayor demanda laboral.
Algo hay que hacer, y lo primero es admitir que existe un problema, escenario inédito hasta ahora. La nueva cúpula económica abrió la esperanza apenas con inscribir el asunto entre los temas pendientes. Que así sea.
Los cambios en el gabinete que rebotaron en San Juan
Asumió un “goberna” a tallar las cartas, ¿pudo haber sido el cargo para Gioja? Capitanich y Kicillof aceptaron el problema de las economías regionales. Primer paso para solucionarlos.
Por Sebastián Saharrea
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