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viernes 1 de mayo de 2026

Evita en San Juan

Evita en San Juan: Necesidad, fervor y dolor

El recuerdo de su paso por la Provincia, a 60 años de la desaparición física de Evita, que se cumplen hoy. Por Miriam Walter.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Miriam Walter
mwalter@tiempodesanjuan.com
Fotos: Diario de Cuyo/La Nación.

Eva Perón vino 3 veces a San Juan. La primera, en enero de 1944, a ver con sus propios ojos lo que dejó el terremoto de 1944 en la Provincia. La segunda, el 10 de abril de 1949, como primera dama y junto a Juan  Domingo Perón, para inaugurar la primera fase del ahora dique San Emiliano en medio de un impresionante baño de popularidad. Y la tercera, el 31 de mayo de 1950, para el funeral del entonces gobernador Ruperto Godoy. El recuerdo de su paso por la Provincia, a 60 años de la desaparición física de Evita, que se cumplen este 26 de julio.

1944: La necesidad de un pueblo

Cuesta encontrar registros de la primera visita de Eva a San Juan y de cómo la Provincia fue lo que la unió con Juan Domingo Perón, simplemente porque estuvo signada por el terremoto de enero de 1944, símbolo de destrucción para todo el país. Quien relata la conexión de la Abanderada de los Humildes con los sanjuaninos es Tomás Eloy Martínez, en su obra “Las vidas del General”, memorias extraídas de cuatro días de entrevistas en 1970, durante el exilio en Madrid. El siguiente es el relato del libro, parafraseando a Perón.

“Conocí a Eva después del terremoto de San Juan, en enero de 1944. Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión traté de movilizar a mucha gente, para que colaborara en la ayuda a esa ciudad, donde había 8 mil muertos. El Ministerio de Guerra, en el que me desempeñaba como jefe de Secretaría (de hecho, subsecretario), envió mantas y carpas para esa pobre gente. En Trabajo y Previsión pensamos en una colecta. Llamé a gran cantidad de artistas de cine, teatro y radio para que la hicieran en las calles de Buenos Aires. Eva vino con ellos. Los artistas, con su modalidad y mentalidad diferentes de las de todos los demás, prestaron su entusiasmo, pero sólo un grupo reducido quedó para organizar el trabajo. Y de ese grupo, la más activa fue esta chica, que me llamó de inmediato la atención. Eva se fue a San Juan por su cuenta, en uno de los aviones de médicos, y desde allí trajo la impresión de lo que pasaba y de cómo se podía ayudar mejor”.

1949: El fervor popular

Cuando una multitud pocas veces vista en San Juan se agolpaba para esperarla junto al General, la pareja llegó 40 minutos tarde en el tren presidencial. Eran las 8.43 y desde primera hora de la mañana ya había funcionarios y seguidores en la estación. Ruperto Godoy los esperaba ansioso en el andén.  Ella bajó detrás de su marido, con un trajecito combinado cremita y negro abotonado en el pecho, y unos grandes lentes oscuros.

 Así figura en el registro periodístico de la época. La comitiva de autos partió por España hacia San Luis y luego hacia el Este por Libertador para llegar a la primera parada, que fue la visita a las obras de la colonia hogar para menores mujeres llamada “María Eva Duarte de Perón”. Ella saludaba a su paso a la gente. El contacto con los chicos siguió con otras visitas a escuelas, empezando por la Pedro Cortínez, donde la pareja firmó el libro de visitas. Siempre acompañando al General, pasó por el puesto sanitario de Alto de Sierra, por el barrio que había sido bautizado como ella ubicado en Concepción y otro, que se levantaba gracias a la colecta que se había hecho desde la Nación después del terremoto. Cuando llegaron al Hospital Rawson, los esperaba el entonces jefe del nosocomio, Ramón Peñafort. La pareja presidencial se quedó encantada con lo que vieron, recorriendo especialmente el pabellón de Poliomielitis  y Cirugía Infantil que estaba en plena construcción. Cuentan las crónicas de la época que Eva y el General felicitaron efusivamente a Peñafort por el trabajo hospitalario.

Los sanjuaninos le arrojaban flores al cortejo presidencial, que se dirigía a la escuela Provincia de Mendoza en Rivadavia, donde los niños enloquecieron al ver que Eva y el General abrazaron a dos alumnos y caminaron con ellos hacia el auto. En ese entonces se estaba pavimentando la “Avenida San Martín” y por eso con su marido inspeccionaron los trabajos, como así también las obras de impermeabilización de un canal en Marquesado.

Siguiendo  el raid, Eva y su esposo se dirigieron hacia el Oeste, para llegar a uno de los dos actos centrales: la inauguración del canal Perón, donde hoy se levanta el dique San Emiliano. En el lugar, Eva se encontró con banderas argentinas y carteles con su cara y la de Perón estampadas en los enormes muros de la obra hídrica y el grito efusivo de obreros. Escoltó a su esposo en el puente y en la ceremonia de apretar el botón eléctrico que inició el vaciamiento del río, para cantar luego el Himno Nacional y presenciar la bendición que encabezó el entonces arzobispo, Monseñor Audino Rodríguez y Olmos.

El amplio itinerario que ya llevaba casi tres horas, siguió por Benavídes hasta el barrio Presidente Perón que construían los alumnos de la Escuela de Albañilería y otro en plena obra con fondos de la reconstrucción post-terremoto.

Promediando el mediodía, llegaron al Estadio, donde los esperaban unas 50 mil almas, en lo que había sido una convocatoria para la toma de juramento a la ciudadanía de la nueva Constitución Nacional.  Tardaron 15 minutos en llegar al palco, en medio de la conmoción de la gente que quería darles a ella y al General la mano. Ya ubicada, siguió recibiendo muestras de afecto desde la multitud que gritaba a coro “Evita, Evita” y “Perón, Perón”.

Hablaron desde representantes gremialistas, que expresaron su júbilo por la reivindicación al proletariado, hasta Camus. El Gobernador agradeció al General por la ayuda después del histórico sismo y le dedicó a Eva conceptos profundos: “Sus desvelos a favor de resolver los problemas sociales en todo el país nos ha movido a designar con su nombre al Hospital de Pocito y la colonia para menores mujeres en Santa Lucía y el barrio que edifica el Consejo de la Reconstrucción de San Juan. La Dama de la Esperanza se ha hecho merecedora de estos modestos homenajes de corazón sanjuanino y de muchos más. Los merece porque ella es, en efecto, esperanza de los humildes. Representa la bondad, la abnegación, el amor y la energía”.

Eva y el General agradecieron las palabras de Godoy con estrechos abrazos y luego, en medio de un ensordecedor aplauso, habló ella. “En este, mi segundo viaje a San Juan, recibo el abrazo emocionado de este pueblo y del Gobierno de esta provincia y lo acepto porque en mí rinden homenaje a las mujeres de toda la Patria”. Continuó, ante el gentío que la seguía atenta, diciendo: “Esta tierra está siendo convertida en un jardín por el tesón y esfuerzo de los hombres de esta provincia”. Remarcó que se había dado un subsidio nacional de 500 mil pesos para la adquisición de viviendas destinadas a los ferroviarios y anunció que la Fundación María Eva Duarte Perón destinaría una suma similar para los obreros del sector “que vieron derrumbada su casita”. A esa altura, los sanjuaninos presentes explotaban en aplausos.

1950: El dolor por Godoy

Eva nunca imaginaría que un año después de esa visita histórica, tendría que volver a San Juan, pero en un contexto totalmente diferente. El 30 de mayo de 1950 fallecía inesperadamente Ruperto Godoy de un infarto, a pocos días de haber ganado las elecciones. Ese mismo hombre que la había recibido con tanto afecto para el acto cívico de 1949 y a quien consideraba un amigo, ahora pasaba a la posteridad ante la congoja de los sanjuaninos.
Ese frío miércoles 31 de mayo, según el relato periodístico de la época, Evita llegó a San Juan con las condolencias escritas del Presidente Perón, lo que fue tomado como un gesto piadoso y de humildad por parte de la Dama de la Esperanza en medio del pesar provincial. Vino en tren por la mañana y se fue por la tarde, para estar en el velatorio y el sepelio de Godoy, acompañada por el entonces ministro de Comunicaciones, Oscar Nicolini.

Vistiendo en riguroso negro, Eva se ubicó al lado del féretro con muestras de cariño hacia la viuda, Hélida Basualdo de Godoy y su hijo, el entonces diputado provincial Ruperto Godoy (padre del actual senador, del mismo nombre). Poco antes de la ceremonia en el cementerio, la abanderada de los humildes le hizo llegar a los legisladores peronistas locales, como sugerencia, que la Cámara de Diputados acordara una pensión vitalicia para la viuda, en mérito de “los servicios prestados a la Provincia por su extinto esposo”.

Acompañó el lúgubre cortejo que también integraron mandatarios de otras provincias, en un automóvil que iba a paso de hombre mientras se tocaba la marcha fúnebre hacia el último destino de Godoy, en medio de una muchedumbre que mantenía el más hondo de los silencios.
En el cementerio hablaron algunas autoridades y luego ella se despidió antes del traslado al mausoleo, subiendo al atrio. Hélida de Godoy se había mantenido durante gran parte de la estadía de Evita colgada de su brazo.  La Primera Dama dijo, emocionada: ”Traigo el saludo  del General Perón y el mío propio al amigo Ruperto Godoy. Su vida ha estado dedicada entera al servicio de una causa noble, por eso su recuerdo debe ser venerado como un ejemplo de civismo y hombría de bien. Al despedir al amigo que se ha ido para el viaje sin retorno, deseo dejar junto a su tumba el gran afecto que siempre le profesó el Presidente, en cuyo nombre y en el mío propio le dejo emocionada mi último saludo”.

Luego, Eva ocupó el mismo auto que la esposa del gobernador fallecido, que las transportó hacia Casa de Gobierno. Allí se despidió antes de subir al convoy especial que la trasladaría cerca de las 19 desde el Ferrocarril General San Martín hacia Capital Federal. Dos años después, la Dama de la Esperanza también partiría a la eternidad.  
 

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