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jueves 30 de abril de 2026

análisis

Los intendentes contraatacan

Intentaron el año pasado incluir la doble reelección junto a la del gobernador, pero no pudieron. Ahora vuelven a la carga. Tienen de aliado al sentido común y tienen en contra –otra vez- el momento político. La lista de los interesados, con varias sorpresas. Por Sebastián Saharrea.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Sebastián Saharrea

No podía haber sido una jugada más oportuna: justo en la puerta de entrada en un año político que viene con premio, los intendentes volvieron a golpear la puerta para habilitar el debate por la segunda reelección que les quedó atragantada el pasado. Por lo visto, no se quedarán con las ganas.
Fue Mario Tello el punta de lanza del relanzamiento. Desde la comodidad del “yo paso”, el intendente chimbero volvió a repetir lo que muchos colegas dirían encantados pero no lo hacen por miedo al latigazo: que sería bueno que los jefes comunales dispusieran, como lo hace el gobernador desde hace un año, de la posibilidad de aspirar a un tercer mandato, o segunda reelección, como se prefiera.
Lo de “yo no” no es ocurrencia caprichosa sino autoexclusión del chimbero, un gesto razonable de alguien que incluso se había marginado de su reelección el año pasado y terminó luego sometiéndose nuevamente a las urnas, y que por esa misma razón podría volver a hacerlo si es que tuviera la chance. Pero no la tiene.
Hicieron fuerza los intendentes el año pasado para colar la re-re de los intendentes al intento de modificación para el gobernador, pero desde que nació se sabía que esa criatura estaba muerta. No porque no hubiera respaldo político del gobierno provincial, ni alguna diferencia de criterio sustancial, si al fin y al cabo ambos –intendentes y gobernadores- son ejecutivos y la diferencia estaba en la jurisdicción.
El problema aquella vez fue que si se colaban los intendentes, había que cambiar de cuajo la jugada. Porque la reforma a la Constitución provincial que permitió la segunda reelección del gobernador se planificó y se terminó concretando por la vía de la enmienda, que admite una única modificación y es más rápida: se aprueba una ley por las dos terceras partes de los legisladores y luego se somete a plebiscito, en el que el cambio debe obtener la mitad más uno de los votos. Si los cambios propuestos son más de uno, entonces lo que corresponde esa una reforma integral, y es un camino más largo: aprobación de una ley, elección de convencionales, deliberaciones y aprobación de los cambios.
Ante este panorama, no estuvo ni siquiera en consideración la posibilidad de colar la reforma para los intendentes por la que militaron, más o menos enfáticamente, varios jefes comunales. Entre ellos, tal vez el más interesado era Cristian Andino, el entonces intendente de San Martín que relucía en su gestión y se quedaba muy temprano sin hilo en el carretel para su incipiente carrera política y 8 años en la espalda. Después sería reconocido con la jefatura de OSSE y el coqueteo en Santa Lucía, en lo que podría llegar a convertirle en el primer sanjuanino en ser intendente en dos departamentos distintos.
Abortado aquel intento, quedó la espina clavada y el reflejo de volver. Con otros protagonistas y otros interesados, porque ahora los intendentes cercados por el tiempo son otros. Y con otras dificultades, porque si bien el camino puede volver a ser una enmienda que le entregue el pasaporte a los intendentes de 8 años –se puede hacer una por año- el horno no está para bollos.
La temperatura política de la época señala con claridad que la mera pronunciación de la palabra reforma constitucional es capaz de exasperar a una franja de la población. Nada que tenga que ver con los intendentes sanjuaninos, sino con la hipotética reforma de la Constitución Nacional para permitir una nueva reelección de Cristina que nunca fue presentada, tal vez nunca vea la luz, pero que ya divide aguas.
No es en consecuencia un tema ameno para encabezar, como no lo fue tampoco el año pasado ni probablemente lo sea nunca. Pero aquella vez había un acorazado dispuesto a traccionar como era el gobernador Gioja y su histórico registro de aceptación, y hoy no se nota ningún jefe comunal dispuesto a poner la cara, ni en condiciones de emprender esa pelea con chances.
Igual los jefes comunales decidieron poner la cara al sol y empezaron por lo primero: no esconder el tema. Lo que hizo Tello fue señalar con el dedo que hay un asunto pendiente, y que no prescribió. Como hay elecciones a medio término el año que viene, sueñan con que esa puede ser la oportunidad para un hipotético plebiscito que confirme o descarte una ley que ya para octubre del 2013 debe estar sancionada. Demasiado lejos y demasiado frío.
La cuenta indica que casi la mitad de los intendentes sanjuaninos están atrapados por el cepo de los 8 años: 9 de 19 en total. Y de los 9 a los que se les termina el mandato y deben irse inexorablemente de no mediar una reforma, hay situaciones bien diferentes.
Ellos son: Francisco Elizondo de Valle Fértil, Juan Elizondo de Caucete, Walberto Allende de 9 de Julio, Alberto Hensel de Sarmiento, Marcelo Lima de Capital, Mario Tello de Chimbas, Robert Garcés de Calingasta, Mauro Marinero de Iglesia y Jorge Barifusa de Jáchal. Hay que hacer un punteo sobre cada uno para descubrir esas diferencias.
De todos ellos, al menos a seis podría interesarle, aunque con matices. Los dos Elizondo están entre ellos, aunque seguramente no será sin dificultades aún teniendo la chance: a Francisco le costó mucho ganar, y a Juan le costó ser elegido candidato.
 Robert Garcés es un intendente hiperactivo y ahora bromea con que tiene siete vidas, después de haber sufrido una fuerte descarga eléctrica con un micrófono y haber sufrido en el avión que debió aterrizar de emergencia en Mendoza. Pero como intendente no tiene más vidas, y como alternativa puede aparecer como diputado.
Marinero y Barifusa son los intendentes de los departamentos mineros de la provincia, en los que al oficialismo le ha costado hacer pie pero en donde tiene en los dos jefes comunales a dos reaseguros permanentes. No le disgustaría al gobierno provincial retenerlos, para afianzar lo que han conseguido en dos departamentos donde no abundan las opciones. Hoy no puede.
Walberto Allende es uno de los intendentes en los que más se recuesta el gobernador, y uno de los que dedica mayores gestos. De no mediar un ascenso político, o un salto al equipo provincial, a Walberto tampoco le disgustaría retener lo que tanto sacrificio le costó: conquistar un distrito que era patrimonio exclusivo de los Uzaír.
Por el lado de Hensel, también se trata de un intendente eficiente, pero su juventud siempre lo ubica con proyección hacia una dimensión más importante. Si no se produce, lo mismo que Walberto: mejor es afianzar lo conseguido.
Quedan Tello y Lima. El chimbero se corrió de la cancha voluntariamente. Y el capitalino seguramente estará jugando en el 2015 por las ligas mayores. Claro que en los tiempos que corren, nadie podrá decir que ha conseguido atar a la vaca.
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