Los acuerdos: La sociedad de beneficencia aclara, pero oscurece
Es la entidad que cedió los terrenos a Graffigna, con los cuales cobraron luego una fortuna. Se declararon estafadas, amenazaron con ir contra él, pero al final acordaron cobrar una cifra millonaria y guardar silencio. Encima, con el argumento de la inspiración de la Virgen.
Por Sebastián Saharrea.
Por Sebastián Saharrea
Lo que siguió fueron amagues de la entidad de ir contra su asesor Graffigna, supuestamente infiel. De acudir a Tribunales como lo haría cualquier mortal que se sintiera “pasado como poste”, la frase que usaron en la San Vicente de Paul para definir la conducta de Graffigna. Pero no. En efecto, los abogados de la entidad nacional bajaron a San Juan como lo habían anunciado, pero en lugar de reclamar judicialmente en el fuero civil contra Graffigna si se consideraron estafados, terminaron arreglando por varios millones y comprometiéndose a no hablar ni convertirse en parte en este escándalo.
Una jugada que desconcertó a todos en Tribunales y que terminó de encender varias preguntas: ¿para qué lado patean las mujeres de la San Vicente?, ¿son todo lo inocentes que se declaran?, ¿porqué armaron una jugada en la que cuestionan a Graffigna, pero luego lo terminan poniendo en un pedestal cuando el abogado Ulises Morales dijo que fueron convocados por su colega Graffigna porque él quería tener un gesto con la Virgen de la Medalla Milagrosa por haber sobrevivido de un duro accidente? Un gesto lacrimógeno –y claramente de difícil digestión- con una dirección inconfundible: rescatar personalmente al abogado sospechado en la investigación por las expropiaciones infladas, asesor de la entidad y que en calidad de tal “usó” a las mujeres, por usar sus propias palabras.
La relación entre la entidad y Graffigna es ya conocida. La entidad es dueña del terreno en Matías Zaballa y San José -donde aún no terminan de montar su obra de caridad- que fue uno de los grandes epicentros del escándalo de las expropiaciones: por 1,400 metros, Graffigna obtuvo $25 millones. Pero no los cobró la entidad sino el abogado, porque poco antes un cliente suyo –“Ruiz, Guillermo”- les compró los derechos en $2.000 por consejo de su asesor Graffigna.
El otro terreno de la entidad en el que las pasaron como poste está en Rawson. Fue expropiado para hacer el barrio Orzali en 1988 y a lo largo de 17 años, las mujeres no pudieron cobrar. Hasta que cedieron a una mujer llamada María Celina Infante y a un hombre llamado Miguel Suraty –asesorado por Graffigna-, ellos consiguieron cambiar de juez y en 6 meses cobraron. Cuando la sociedad firmó las sesiones por $5.000 y $10.000, en 2005, el juicio ya tenía sentencia de cobro por $1,1 millón.
Cualquiera podría imaginar que cuando se enteraron, las mujeres de la entidad atronarían de furia e irían por su asesor. Así lo deslizaron, incluso. Desde Buenos Aires, el abogado Agustín Obligado anunció en julio a Tiempo de San Juan que enviarían a dos abogados –Morales y Gómez Bravo- a hacer los planteos correspondientes. En la sede central dijeron a este diario que se sentían estafados por el asesor y que pedirían la nulidad de las cesiones.
En efecto, vinieron. Pero lejos de accionar contra Graffigna, acordaron con él. La primera pista la tiró El Nuevo Diario señalando que se había realizado un acuerdo económico, y por eso fueron todos citados a dar explicaciones la semana pasada. Primero, Carmen Arévalo de Del Bono, la presidenta local, quien dijo no estar al tanto de nada. Y luego, el abogado Ulises Morales, quien llevó los dos acuerdos y dijo que Del Bono no sabía porque lo manejó él desde Buenos Aires.
¿Qué dicen los acuerdos?
Son dos, uno por $2,5 millones por “Ruiz, Guillermo” y otro por $500.000 por Suraty. El compromiso es que Graffigna pagaba el dinero, y la entidad se comprometía a guardar estricta confidencialidad, y a no convertirse en parte en el escándalo. Aunque el dinero fue mucho –y Morales enumeró las acciones de la obra de caridad para las que lo necesitan-, quedó poco claro por qué aceptaron el silencio si en el medio existe un escándalo con dineros públicos, los pagados por la expropiación de un terreno a su nombre. Y porqué Morales blanqueó bajo presión los contratos, además de haber entregado como argumento de que no había nada que hacer en el plano judicial porque los posibles delitos estaban prescriptos y que Graffigna llamó por su agradecimiento a la Virgen.
Además del rol de las mujeres en San Juan. En la conducción nacional de entidad sostienen que fueron demasiado inocentes. Los últimos pasos de la Sociedad San Vicente de Paul –su acuerdo secreto y su silencio, en especial- abren la puerta a pensar que podrían no ser tan inocentes.
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