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domingo 29 de marzo de 2026

Historias del Crimen

El sanjuanino que se emborrachó con su amigo y lo ahogó en un canal de Capital

Los dos vivían prácticamente en situación de calle y bebían mucho. Una noche de 1966 se pusieron a tomar en una esquina y al otro día uno de ellos apareció muerto en un cauce.

Por Walter Vilca

Fueron amigos inseparables, tanto que la noche anterior los dos habían sido llevados presos a la Comisaría 2da por provocar desorden en la vía pública. Y ni bien salieron de la Policía, se juntaron de nuevo para continuar bebiendo. Ese día, sin embargo, fue el último en la desordenada vida de esos dos hombres, sumergidos casi en situación de calle, uno de los cuales apareció a la mañana siguiente golpeado y ahogado en un canal derivador de Capital.

Feliciano Vicente Gauna tenía 55 años, de oficio changarín y con el mal hábito del alcohol. Ceferino Asencio Chandía era menor, contaba en ese entonces con 38 años y compartía con su amigo la adicción a la bebida y la poca costumbre del trabajo. Esa era la vida de ambos porque, aunque tenían familias, quizás ya estaban perdidos. En ocasiones hasta dormían en la calle.

Los recortes periodísticos señalan que la noche del viernes 21 de octubre de 1966 se pusieron a tomar cerca de la casa de Gauna, en Concepción. Los relatos dicen que los amigos discutieron porque uno no quiso poner plata para comprar comida y el otro terminó pagando para los dos. En la madrugada del 22 de octubre protagonizaron una pelea callejera con otros hombres y terminaron entre rejas en la Comisaría 2da.

Gauna

Feliciano Vicente Gauna, la víctima del violento episodio. Foto de Diario de Cuyo.

Como se trataba de una contravención por desorden, Gauna y Chandía fueron liberados el sábado 22 en horas de la tarde. La estadía en los calabozos no les sirvió de escarmiento y quisieron recuperar el tiempo perdido con unos vinos. Siempre había algún amigo o un alma bondadosa que les prestaba y colaboraba con unos pesos.

La noche los sorprendió comprando un vino en un almacén de la esquina de las calles Mendoza y General Paz, en el centro sanjuanino. De ahí partieron hacia el este, con destino a la zona de Santa Lucía, de donde era oriundo Chandía. Hubo vecinos que los vieron sentados sobre el puente de un sifón en la intersección de 25 de Mayo y Estados Unidos.

Ya estaban borrachos. Y, como suele suceder en esas largas charlas, uno se fue de boca y trajo la discusión de la noche anterior. Chandía se acordó de lo sucedido el viernes y le reprochó a Gauna por no poner dinero para la comida. Eso generó el altercado que, sumado a que estaban muy alcoholizados, se convirtió en un cruce de insultos y empujones.

chandía

Chandía, que era más joven, primereó a Gauna y lo tomó a trompadas, pero también le dio el toque final: de un empujón lo tiró al pequeño canal que cruza por esa esquina, un cauce que mide poco más de 1 metro de ancho y trae un caudal importante de agua.

Gauna cayó al canal, pero no se pudo poner de pie por la borrachera que tenía encima o porque estaba sentido por el golpe. Lo cierto es que Chandía se quedó mirándolo y, en vez de extenderle la mano, pegó la media vuelta para marcharse. Él mismo lo reconoció después, cuando dijo que esa noche caminó hasta la Villa América y se acostó a dormir debajo de un sauce, al costado de las vías del ferrocarril.

Un policía que salía rumbo al trabajo a primera hora de la mañana del domingo 23 de octubre de 1966 fue alertado por un vecino, que lo detuvo en la calle y le avisó que había una persona muerta en el sifón de un canal, en Rivadavia y Pueyrredón. Ese uniformado dio parte de la novedad al personal de la Comisaría 1ra.

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El canal donde encontraron el cadáver. Foto de Diario de Cuyo.

Efectivamente, era un ahogado. Más tarde constataron que se trataba de Feliciano Vicente Gauna. El médico legista Francisco Cuevas determinó que la víctima presentaba raspones y golpes en el cuerpo, pero la causa de su deceso había sido asfixia por inmersión.

Una vez que identificaron al fallecido, lo demás vino solo. Las familias y conocidos de Gauna contaron que siempre andaba con su amigo, Ceferino Chandía. Además, existía el registro de que los dos habían caído presos el viernes a la noche y que salieron juntos de la comisaría de Concepción.

Los investigadores no demoraron demasiado en localizar a Ceferino Asencio Chandía, quien no tuvo empacho en confesar. Él mismo contó que discutieron por lo ocurrido el viernes a la noche, que pelearon y que, en el forcejeo, su amigo cayó al canal. También admitió con frialdad que no hizo nada para salvar al otro hombre y lo dejó que se ahogara.

Ceferino Asencio Chandía fue juzgado en septiembre de 1968 por el delito de homicidio simple. Su defensa alegó que era una persona alcohólica y que su adicción lo hacía inimputable porque no comprendía la criminalidad de sus actos. El juez Wilson Vaca, del Segundo Juzgado del Crimen, no lo entendió de esa manera y condenó al changarín a la pena de 9 años de prisión.

FUENTE: Sentencia del Segundo Juzgado del Crimen del Poder Judicial de San Juan, artículos de los periódicos Tribuna y Diario de Cuyo y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.

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