En el caso que conmociona a San Juan es importante tener en cuenta los hechos concretos para entender cómo se trató lo que primero fue la búsqueda de una persona y luego terminó convirtiéndose en presunto femicidio, con una víctima que pareció morir una y otra vez. Si bien el principal sospechoso de asesinar a Brenda Requena es su marido Diego Álvarez, y a ello lo determinará la investigación judicial, tras un profundo análisis podrían encontrarse otro tipos de responsabilidades que comienzan con el autor del crimen, que pasan por el amante y que siguen en una serie de involucrados hasta alcanzar a la justicia, la sociedad y los medios de comunicación, en lo que se podría considerar una cadena de machismo letal.
La cadena machista que asesinó a Brenda
El primer eslabón
El primero que aparece en el orden dado es quien hoy permanece detenido y está sospechado de haberle quitado la vida a la joven madre de 24 años, a quien se atrevió a denunciar como desaparecida y hasta la acusó de ladrona por "escapar" con una importante suma de dinero. A pesar de haber contado en sede policial cuándo y en qué contexto vio por última vez a su mujer, su relato fue lo suficientemente convincente para los investigadores (personal policial y juez de turno) como para activar la búsqueda en Campo Afuera, Albardón.
Libre y sin un mínimo de sospecha sobre su persona hasta que encontraron el cuerpo calcinado de la muchacha, se ocupó de instalar su imagen de marido "abandonado" y engañado pero compasivo con la "fugitiva" por el bien de sus hijos. Los comentarios de la opinión pública para esas alturas, reflejados en las redes sociales, lo calificaban de "cornudo" mientras que el castigo era directo contra Brenda, la "mala madre", la "puta".
El que pudo cambiar la historia
El segundo en la sucesión fatal es el amante que ahora es duramente criticado por todos. José Miguel Guajardo fue quien quizás atestiguó lo que después acabaría como un homicidio, un femicidio, pero no hizo nada. Por cobardía, por indiferencia y también por machismo, su actitud fue la de no intervenir a pesar de ver cómo un hombre golpeaba a una mujer. Tampoco recurrió a la Policía para denunciar el hecho de violencia de género, tal vez porque debió pensar que un poco se lo merecía. Es que no cabe en ningún juicio de una persona de bien la pasividad con la que se manejó, a menos que la violencia y el machismo estén naturalizados en él.
"No pensé que iba a ser para tanto", confesó Guajardo luego de haber reconocido que vio cómo el sujeto le propinó a Brenda un golpe con el puño cerrado en la cara. Es decir que "tanto" golpe para la mujer atrapada con las manos en la masa no estaba bien ¿y un "poco" sí?
El elemento institucional
Ahora bien, la palabra de Álvarez se conoció a través de los medios recién después de que encontraran los restos de Brenda y entonces no queda lo suficientemente claro si el relato que ofreció al personal policial, con el que colaboró desde un principio, fue con ese nivel de detalle. En caso de que le haya contado exactamente lo mismo, es extraño que la versión no haya despertado sospechas en los investigadores.
Los hechos no hacen más que demostrar que el juez del Quinto Juzgado Correccional Matías Parrón, a cargo de la búsqueda de la entonces desaparecida y responsable por el accionar policial, debió reconocer que el caso le excedía recién cuando hallaron el cuerpo. Entonces en ese momento la causa pasó a manos de un juez de instrucción para investigar un presunto femicidio. Mientras tanto ya habían transcurrido cinco días desde el crimen.
Aunque el magistrado correccional reconoció que no descartaba nada, la búsqueda estaba abocada a encontrar una persona viva y no muerta, pues la Justicia también "confiaba" en el relato del marido abandonado, razón por la cual no hubo ningún allanamiento, las visitas policiales a los domicilios de los involucrados fueron dadas con el permiso de los dueños de casa y la detención de Álvarez que se ordenó fue por lesiones, las que le causó a Guajardo cuando lo sorprendió con su esposa; no fue porque estaba en la mira, al menos desde lo legal.
Su entorno y el show de la noticia
Y así como nadie sospechaba lo peor, ni siquiera su propio entorno que abonaba la versión del escape y la creían escondida por vergüenza tras haber sido descubierta siendo infiel, los medios de comunicación hicimos lo propio con el "relato oficial". A diferencia de otros casos, las fuentes policiales rápidamente escurrían información y se hablaba de "mujer fugitiva", "infiel" "atrapada in fraganti con su amante".
Error por la vorágine al que está expuesto el oficio. Se tomó como única verdad la información concedida por fuentes calificadas -de las que siempre nos servimos- tal y como venía, sin detenernos a analizarla y cuidar ciertos aspectos. El tema era jocoso y las redes se volvieron una sobremesa interminable con un disparate detrás de otro.
¿Qué dicen en la Dirección de la Mujer?
Tiempo de San Juan habló con las referentes de la Dirección de la Mujer, Adriana Ginestar y Victoria Benítez, que se pronunciaron tras el trágico acontecimiento. Impotentes porque Brenda Requena se convirtió en la segunda víctima de violencia de género de este año, después de Miryam Morales asesinada en febrero, hicieron referencia a la condena social que se ejecutó durante el desarrollo del caso.
"Se necesita seguir trabajando en la perspectiva de género, en todas las áreas, porque si no se sigue revictimizando a la víctima. Si no hay conciencia social y educación, se seguirán cometiendo este tipo de errores. La gente que prejuzga, las autoridades que minimizan y los medios que exacerban fomentan el machismo", sostuvieron.
Sin dudas, para ellas el femicida impone un mensaje claro en la sociedad: si sos una puta, si sos infiel, así podés terminar; mirá lo que hizo y cómo acabó.