El gobierno provincial intervino en el caso de la explosión
de un taller de GNC en Trinidad y envió inspectores a analizar el estado de las
estructuras de los edificios en la zona afectada. Luego de una inspección
ocular analizarán si hay daños, si los mismos representan un riesgo para las
personas y sobre todo las medidas que se deberán tomar para apuntalar o tirar
abajo lo que sea considerado peligroso.
La prioridad, según explicó el Juan Manganelli, a cargo del
área técnica de la Dirección de Planeamiento, será el colegio Santo Tomás. Allí
partieron un grupo de inspectores este mismo jueves y analizarán qué zonas
pueden ser inseguras para los niños. A
pesar de la inspección, el funcionario aseguró que su repartición no tiene
facultades para suspender las clases durante la observación, aunque informarán
a las autoridades correspondientes en caso de detectar algún problema estructural.
El taller, por otro lado, también será objeto de
inspecciones más profundas, sobre todo en las partes que se vinculan a otros edificios.
Manganelli aclaró que, por lo que han podido conocer, la estructura edilicia
del lugar cumplió con sus funciones durante la explosión. Es que según dijo, el
techo liviano "le dio una vía de escape a la energía que si no hubiese sido
así, habría afectado más las paredes. Por eso insistimos en que este tipo de
lugares tengan techos livianos”.
En cuanto al resto de los edificios de la cuadra, el
funcionario explicó que no harán inspecciones de oficio, pero que si algún
vecino "tiene dudas sobre el estado de su casa, puede acercarse por planeamiento
y enviaremos un grupo de inspectores a analizar el estado”.
Este procedimiento, en el cual un privado o una institución piden
a Planeamiento que haga una inspección, es el normal, pero en el caso del colegio
la repartición decidió participar de oficio. "Hemos estado atentos al tema y al
saber por algunos medios que había paredes comprometidas, decidimos mandar a un
grupo de inspectores”, explicó.