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viernes 8 de mayo de 2026

escándalo en san Martín, ¿qué pasó?

Detrás del escándalo con futbolistas de San Martín

Las demoras, suspicacias y presiones que explican por qué se ocultó durante cuatro días la golpiza al sobrino nieto de un cortista y la denuncia al delantero estrella del Verdinegro. Por Gustavo Martínez Puga
Por Redacción Tiempo de San Juan
La paliza que recibió un joven músico de 21 años, en la que se denunció a dos futbolistas de San Martín, no fue un hecho más para la Policía y para el Poder Judicial. Detrás de la pelea callejera hubo demoras, suspicacias y presiones que echan un poco de luz a una pregunta que parecía no tener respuestas: ¿por qué el caso estalló públicamente cuatro días después de producido?
Tal vez la explicación se encuentre en el alto perfil público de los denunciados y la fuerte incidencia social que puede llegar a tener la víctima de la agresión. Eso generó que detrás de la pelea se produjera una puja entre distintos sectores de poder.
 
QUIÉN ES QUIÉN
Por un lado, los denunciados fueron dos reconocidos futbolistas. Uno es el uruguayo Carlos Bueno (34), delantero que pasó por Boca, por equipos de Francia y España y hasta por la selección de Uruguay. En su país, y cuando jugó en Boca, protagonizó episodios similares de grescas callejeras que lo envolvieron en escándalos públicos.
El otro jugador es el defensor sanjuanino Matías Silva, aunque él niega haber estado esa noche con Bueno y éste dice que eso es cierto.
Bueno admitió haber estado en la pelea pero negó haber golpeado al joven: "Mi compañero lo enfrentó, y  cuando terminaron de pelear nos subimos el coche y el pibe me tiró una piedra en el ojo. Mi compañero se bajó y empezó todo de nuevo”.
Respecto de ese "compañero”, Bueno se niega a delatarlo públicamente. Se barajan dos nombres: el mediocampista Carlos Fernández, quien entrena con la Primera y siempre acompaña a Bueno a todos lados, o el volante venezolano Michel Covea. Será tarea del juez Maximiliano Blejman, del Cuarto Juzgado de Instrucción, desentrañar quién de ellos fue el segundo hombre que, junto a Bueno, estuvieron en la pelea.
Por otro lado está el muchacho que fue víctima de la salvaje agresión que le dejó quebradura del tabique nasal, un corte profundo en la cabeza, otro debajo del ojo izquierdo y le arrancaron mechones de su larga cabellera. No se descarta que haya perdido piezas dentales.
Ese joven se llama Alfonso Aseguinolaza Caballero, le dicen Fonchi y tiene 21 años. Su madre, Jimena Caballero, es empleada del Poder Judicial. El joven es nieto del ex juez de la Cámara Civil Humberto Rosas Caballero y sobrino nieto del cortista Adolfo Caballero.
Actualmente la madre del joven está en pareja con el reconocido abogado penalista Leonardo Villalba, quien en un principio se hizo cargo del caso como querellante y luego lo derivó en su colega Rolando Lozano para tener más imparcialidad en los planteos en la búsqueda de Justicia.
Pero la joven víctima está al extremo opuesto de ese ambiente de Tribunales. Es músico, tiene las mejores calificaciones en la Escuela de Música y toca en una pequeña banda de rock. Lo definen como un bohemio, totalmente ajeno a las peleas y a reacciones violentas. Es de perfil extremadamente bajo y nunca se ufanó de sus vínculos familiares con la Justicia.
Esas dos realidades se encontraron a las 3 de la mañana del sábado último, cuando se produjo la pelea al 150 Sur de la calle Perito Moreno, en el selecto Barrio Residencial, en Capital. A esa altura está la casa del abuelo de Fonchi, donde él se había quedado en juntar con su novia Jimena y dos amigas de ellas, al regreso de una salida de amigas.
 
LA GOLPIZA
Por allí pasó la camioneta BMW color blanco de Carlos Bueno, cuya matrícula es B570386 y dice "Punta del Este”. La conducía Blanco y lo acompañaba otro hombre. Para los testigos y Fonchi, ese otro hombre era el defensor Matías Silva. Y así lo aportaron a la denuncia policial.
Desde la lujosa camioneta importada habrían vertido agresiones verbales a las chicas, lo que generó la reacción también verbal del joven músico.
Según la denuncia, y según los testigos –las chicas y vecinos del barrio-, ambos hombres de la camioneta se bajaron y le dieron una paliza a Fonchi. Trompadas, patadas en el piso, pistones y arrastrones por el asfalto tirándole del cabello.
Otro jugador de San Martín que vive en ese lugar, el punta delantero Marcos Figueroa, intervino y asistió al nieto de su vecino. Lo metió a su casa. Le lavó la cara ensangrentada. Esperó a que las chicas llamaran a la familia de Fonchi. Figueroa admitió públicamente haber visto a su compañero de la delantera del Verdinegro en la pelea, pero no dio más precisiones de si efectuó o no los golpes. Seguramente será citado a la justicia como testigo.
La batahola incluyó el traslado de Fonchi a Urgencias del Hospital Rawson, donde elaboraron un radiograma informando a la Seccional Cuarta del violento episodio del que fueron testigos hasta los guardias de seguridad privada del barrio.
 
DEMORAS
Semejante escándalo suele trascender inmediatamente en otras circunstancias. Pero, en esta oportunidad, todo se mantuvo en total hermetismo entre la madrugada del sábado 8 de noviembre último y la medianoche del miércoles 12 de noviembre, cuando Tiempo de San Juan publicó el hecho.
Ese sábado a la familia del joven le llamó la atención que, sabiendo del episodio, los efectivos de la Seccional Cuarta no fueron por el lugar, según precisó la misma familia.
Luego ellos fueron a la comisaría de Desamparados y realizaron la denuncia. Más tarde aportaron los nombres de Bueno y Silva, después de que Fonchi se recuperó de la golpiza, y también los vecinos le precisaron que la camioneta blanca se había detenido dos cuadras más al Sur, al 355 de la misma calle Perito Moreno, donde vive el uruguayo Bueno.
En el Barrio Residencial conocen las caras de los jugadores de San Martín y sus vehículos porque muchos de los futbolistas de ese club viven en ese lugar.
 
SUSPICACIAS
"En cuanto entré a la comisaría observé que la mayoría de los policías de la guardia tenían las pulseritas de San Martín. Yo soy futbolero, todo el mundo sabe que soy hincha de Sportivo Desamparados –clásico rival de San Martín. Y ese dato no se me pasó. Cuando le pregunté al jefe de la comisaría cuándo iba a mandar la causa al juez, porque pasaban las horas y no llevaban a Fonchi a que lo examinara el médico legista de la Policía, el comisario me respondió de mala manera que él manejaba la causa y que tenía cinco días para ese trámite”, explicó Villalba.
El paso de las horas al que hace referencia el abogado Villalba –padrastro de Fonchi- no es un dato menor: a mayor cantidad de horas, las consecuencias de los golpes se van diluyendo.
De hecho, a Fonchi lo citaron al médico legista en el penúltimo día del plazo, el miércoles 12 de noviembre. Y ese acto procesal fue clave en la evolución: al constatar que las lesiones eran graves porque la incapacidad que le dieron al joven músico superaba los 30 días, el caso se agravó: saltó del Primer Juzgado Correccional, donde se iba a investigar como lesiones leves y donde las penas son leves, al Cuarto de Instrucción, por ser lesiones graves y las penas son más severas.
 
PRESIONES
Pero esa medida de ir al médico legista el miércoles 12, cuando la golpiza fue el sábado 8, se habría producido justo después de que el tío abuelo de Fonchi, el cortista Adolfo Caballero, se habría comunicado con el juez correccional Daniel Agudo para tratar de saber el por qué de la demora de cuatro días, según fuentes cercanas al joven músico.
Lo concreto es que en horas del mediodía del miércoles 8 ya estaba el informe del legista y el caso saltó a manos del juez Blejman.
En ese momento ya se habían librado citaciones a los jugadores y el escándalo trascendió más allá de las paredes de la Seccional Cuarta, pasando a ser un caso público de impacto nacional, con final abierto y, por ahora, confuso: ¿Quién acompañó a Bueno esa noche, a quien el delantero señala como el autor de la golpiza al joven pero se niega a identificar?

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