Las noticias no se hicieron esperar y un familiar fue a la casa a dar aviso a la familia sobre el accidente de María Celeste. Pero en ese momento ella estaba viva y a su mamá el alma le volvió al cuerpo. Llegó al hospital y ella todavía seguía con vida, pero en mal estado. “En la tarde los médicos me dijeron que había que operarla urgente para saber qué es lo que tenía. Celeste no resistió y murió”.
“Era profesora de teatro, estudiaba Administración y Contador Público, bailaba danzas árabes y hasta jugaba al fútbol, era especial, le faltaba tiempo para hacer todo”, dice María sobre su hija. También cuenta que era solidaria y charlatana: “Le gustaba ir a los bancos y hacer cola, ahí se ponía a hablar con la gente, le encantaba”.
Una madre que no olvida a su hija, ni tampoco a quién la atropelló, Gustavo Fabián Cortez: “Nos ha hecho mucho daño. Y lo único que hace es alargar la causa para que nunca esté preso”. Asegura que familiares lo han visto a Cortez en un local bailable y sentado en la barra, hecho que les da impotencia.
Ninguno de los familiares tuvo contacto con Cortez o ni con alguien de su entorno. Tanto María como su hijo Sebastián, no estuvieron presentes en el juicio para no verles la cara a Gustavo Cortez. Y dicen que el final de la historia sería ver tras las rejas al “asesino” de su hija. “Una vez estaba afuera de un hotel y unos amigos me dicen ´ahí atrás tuyo viene el asesino de Celeste´ cuando él se dio cuenta que estaba yo, salió corriendo la rata”, cuenta.
Guarda todos los diarios que hacen mención a su hija y el accidente. Tal como ella lo define, se convirtieron en abogados, testigos y jueces para que el caso se esclareciera. Aun llora la muerte de su hija, y a más de tres años del accidente, aun sigue yendo a tribunales para que Gustavo Cortez cumpla con la condena.