ver más

domingo 22 de marzo de 2026

Personajes sanjuaninos

Jorge, el autodidacta que traspasa las montañas para unir personas

Conocedor de los cerros, le vasta con mirar las rocas para saber por dónde encarar y abrir un camino. Aprendió solo a manejar enormes máquinas, ahora trabaja en Vialidad y cuenta su historia de superación.

Por Daiana Kaziura

Hay quienes dicen que elegir el camino indicado en la vida, no siempre es fácil. Pero eso no es un escollo para Jorge Martínez. Nacido en Jáchal, sólo tiene que mirar el color de las rocas para saber en qué zona de las montañas abrir senderos. A esa habilidad le sumó su paciencia y esfuerzo para practicar solo, en la altura de la Cordillera sanjuanina, hasta dominar enormes máquinas. Después, fue su tenacidad la que lo transformó en un profesional del rubro hasta ser convocado para trabajar en la Dirección Provincial de Vialidad, desde donde hoy traspasa cerros para ayudar a la gente.

A los 49 años, Jorge cuenta que es feliz con lo que hace. Todo empezó cuando era niño, y arriaba animales en las montañas de su tierra natal. “Yo sabía vivir en el campo, en unos puestos y ahí hemos andado mucho a caballo, cuidábamos cabras, vacas y fui conociendo el cerro. Después, ya cuando era joven, entré a trabajar como ayudante de minería y ahí vi las máquinas”, relata el maquinista que se desempeñó Gualcamayo, Veladero y Lama.

Fue cuando estaba en la altura que se le encendió la lamparita. “Empecé a usar de a poquito las máquinas. Les pedía autorización a los supervisores y directores, para aprender. Hablaba con los maquinistas o ingenieros que eran buenos conmigo y, cuando teníamos el break, ellos almorzaban y yo, mientras tanto, me subía a las máquinas y empezaba a moverlas. Eso duraba una hora, así que me llevó bastante tiempo aprender”, confía Jorge, quien vive en la localidad Villa Mercedes y tiene tres hijos.

image.png

Y agrega con orgullo: “Esas son máquinas muy peligrosas, entonces había algunos maquinistas que estaban atentos y, a veces, me ayudaban un poco. Así, después de años, un día me dieron una máquina para que trabaje y me ofrecieron un curso para sacar el carnet profesional. Fue una alegría muy grande porque, además, me ascendieron de categoría a maquinitas”. Entonces, suma: “Con voluntad y ganas, siempre se aprende”.

Sin embargo, a su tarea en las altas cumbres le seguirían nuevos destinos. “En un momento, empezaron a bajar a mucha gente de la montaña y ahí recibí una mano grande. Desde la empresa Minera Zlato me mandaron a trabajar a la Ruta Nacional 150, que estaba en obra. Después trabajé en diques de contingencia, canales, zanjeos”, enumera el hombre.

image.png

Hasta que, en 2017 recibió el nuevo llamado, esta vez, desde la Dirección Provincia de Vialidad. Jorge reconoce que así inició un trabajo diferente. “En la minería todo se hace a gran volumen, el resto de los trabajos es más específico”, explica antes de contar que, “ahí empecé a abrir caminos”.

Su última gran victoria fue la apertura del camino de cornisa que lleva a las Sierras de Riveros, en Valle Fértil, pueblo en el que la gente vivía prácticamente aislada. Antes, también trabajó en el delineado del sendero hacia las otras dos sierras de la zona y asegura que, esas tareas fueron las que más ha disfrutado a lo largo de su vida.

image.png

“Trabajar en las Sierras fue mi máximo logro porque se hizo algo que se había planeado muchas veces pero no llegaba nunca. Por ejemplo, en Sierras de Elizondo, un vecino me dijo que él creía que se iba a morir de viejo y nunca iba a ver un camión en el patio en su casa. Él estaba muy emocionado cuando llegué con la máquina. Eso y llegar a las escuelas de la zona me llegaron el alma, se siente bien hacer cosas por otra gente”.

Los secretos del maquinista

Quienes lo vieron trabajar en suelo vallisto, entre el cerro y el precipicio, aseguran que durante meses, Jorge llegaba a la zona, caminaba un poco y miraba las rocas. Después, se subía a la retroexcavadora y empezaba a avanzar por la montaña. Así, solo y sin más.

“Uno analiza el terreno. Lo recorre y ve por dónde es más difícil entrar para evitar esas zonas. Yo le pegaba una caminada al lugar y decidía. Sabía que no iban a haber voladuras ni nada, así que era cuestión de darse maña y hacerlo por donde era más fácil. El cerro es duro y hay muchas piedras grandes, entonces hay que tener en cuenta eso”.

En ese contexto, cuál es, según él, la clave para realizar un trabajo tan complejo y peligroso sin perderse en el intento. “Nunca hay que ser confiado. Siempre hay que tener un poco de miedo. Cuando se empieza a abrir el terreno sede o se desmorona, y ahí hay que tener mucha precaución, porque es muy riesgoso. O sea, hay que ser corajudo, pero también hay que tener miedo para asegurarse de tener cuidado”, reconoce.

image.png

En cuanto a las tareas que le gustaría desempeñar en futuro, dice que siempre prefiere abrir caminos, pero que el trabajo que le toque está bien. “Como empleado de Vialidad también hago muchas defensas con topadoras, arreglo calles, banquinas, trabajo con la cargadora. Algunas veces son obras grandes, otras más chicas, pero siempre hay algo para hacer. Así que, yo vivo contento con lo que hago”, reflexiona para terminar.

Temas
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar