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Opinión

Una pena: los dos municipios más turísticos de San Juan, golpeados por la politiquería

Iglesia y Zonda regalan belleza y posibilidades, en la misma medida que espantan sus intendentes. Caucete y Ullum, en la misma lista.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Sebastián Saharrea

Están tocados por la varita mágica de las postales regaladas por la naturaleza, de la misma forma que están golpeados por las deficientes gestiones que les depararon las urnas. No de hoy, sino desde los últimos años.

Sólo alcanza con imaginarse lo que podría ocurrir con dos departamentos sanjuaninos iluminados no sólo por la creación sino ahora también por el crecimiento y la visión estratégica. Por Iglesia y Zonda no sólo transitan las imágenes más bellas que le pueda regalar estas tierras a la lente (apreciación subjetiva, lógicamente, porque compiten en el mismo plano otros parajes igualmente bellos en Calingasta, Jáchal y siguen las firmas), sino también la nueva bendición de las oportunidades por los lugares por donde tiene previsto pasar el progreso.

Lástima que esas proyecciones de cajón, al alcance de cualquier planificación elemental para un líder de su propia comunidad, aparezcan tan lejanas al radar de los funcionarios que ocasionalmente ocupan esos municipios. Más entretenidos éstos en las preocupaciones sobre cómo proteger a cuatro o cinco borrachos bebiendo abajo de un árbol, que en proyectar a su gente apalancándose en las fenomenales ventajas comparativas sobre el resto con las que los beneficia el destino.

Racionalmente, si aterrizara alguien en San Juan con una valija de dinero dispuesto a invertir en el capital turístico local que lo ha deslumbrado en fotos, no debería dudar en poner rumbo a uno de estos dos departamentos: Iglesia o Zonda. La primera sorpresa que se llevará será cuando golpee la puerta de alguna pretendida oficina de asuntos turísticos departamentales.

Si tiene suerte que lo atiendan, le demandará unos minutos comprender que si están allí es para pasar las horas de compromiso, y punto: sin personal capacitado, sin información estratégica del departamento, mucho menos alguien forjado en la lógica pretensión de atraer a algún inversor turístico, o mínimamente en aprovechar las líneas y las posibilidades que le bajan de la promoción provincial.

Y no será por falta de personal. Iglesia, por ejemplo, dispone de un generosísmo plantel de contratados con fondos municipales solventados con el dinero que le ingresan por las regalías mineras. Una locura, en números: Son unos mil, para una comunidad de 10 personas en todo el departamento. Que ahora comenzarán a generar dolor de cabeza por el acuerdo alcanzado de ir reduciendo la dotación, como requisito para obtener un salvavidas financiero a su desastrosa situación económica.

Tampoco será por falta de recursos. De acuerdo con cálculos extraoficiales, porque los funcionarios iglesianos se encargan con dedicación a esconder las cifras, en el 2017 el municipio recibió unos 10 millones de pesos en concepto de regalías, un privilegio del departamento respecto de sus colegas que no tienen nada, excepto Jáchal y Calingasta que disponen de un cuentagotas del mismo origen pero mucho menor.

Cómo es posible que ese dinero se haya desvanecido entre los dedos de la inoperancia, siendo generoso y optando por la hipótesis más benigna, es un misterio que nadie puede aún explicar. Menos aún, como puede aparecer tan abandonada y desinteresada en lo que sería una gran apuesta a futuro: la minería pasará, la inversión turística no.

Iglesia dispone de un valle impactante, de un dique extraordinario, de al menos tres o cuatro villas turísticas de potencialidad similar a las sierras puntanas, de la semilla del turismo internacional con los deportes acuáticos y la infraestructura al pie del espejo de agua.

Nada de eso aparece potenciado en la imagen del departamento, sólo el despilfarro y el secretismo de la politiquería de turno. Menos aún el inminente despliegue de oportunidades que podrá generar la construcción del túnel por Agua Negra que, si quisiera, podría mínimamente convertirlo en algo parecido a Uspallata. Pero en Iglesia patean la pelota a la tribuna: en cualquier charla informal, los funcionarios culpan de todos los males a la Barrick, y se demoran unos minutos en comprender –si es que lo hacen- que el intendente es Marcelo Marinero y no el CEO de la minera.

Cómo será el desprecio al turismo en Iglesia que acaba de renunciar el secretario de los últimos años y el intendente coqueteó hasta último momento con ubicar allí al desplazado secretario de Hacienda, a quien todos conocen como el Chato Cortés, a quien debieron tener el decoro de correr de los primeros planos luego del escándalo que protagonizó a la salida de un boliche.

Para calibrar mejor esas chances desaprovechadas, alcanza con preguntar a los varios intendentes sanjuaninos de los buenos que tenemos, qué harían con semejante dibujo. Ninguno lo dirá en on para no afectar a un colega, pero harían cola para disponer de esos recursos y esa posición privilegiada.

Por Zonda pasa literalmente la línea del progreso, tres diques encadenados y hasta cuatro cuando esté listo el siguiente (Tambolar) de una belleza sin igual. Los dos caminos que conectan parecen no ser tenidos en cuenta por el municipio: el de calle las Moras se salva porque es muy reciente una obra de Vialidad Provincial, pero a ambos lados lo único que destaca son los eucaliptos descabezados bajo promesa de esculpirlos (textual) alguna vez. El de la ex ruta 12 que va hasta el Cerro Blanco es de un abandono que entristece.

Ni siquiera mínimamente una pinturita en los postes o los árboles, como para indicar que allí dentro de muy poco habrá terrenos que deberían multiplicar su valor por la cercanía a los espejos de agua. Ni qué hablar de algún acceso sencillo, carteles indicadores, algo. El intendente Atampiz aparece en las fotos cada vez que hay una noticia triste: su denuncia por coimero (ahora desestimada), o el nombramiento de sus hijos en áreas claves del municipio. Nunca por alguna promoción de su departamento, que se tenga memoria.

Así es todo por allí: abandono y desinterés. Sentados ambos intendentes en virtuales tesoros por lo que ya tienen y por la ubicación estratégica de que disponen de cara al futuro. ¿Seguirán mirando para otro lado, dedicándose a hacer la plancha mientras pasan las oportunidades? Conducta que no les cabe a ellos solos sino también a sus antecesores: en el caso de Marinero, su hermano y hacedor, el Mauro; en el caso del zondino Atampiz, César Monla o el peronista Quico Porras.

Y que también tiene a otros colegas en la misma ruta. Es el caso de Ullum, por motivos muy similares al desperdicio de Zonda. Y el del caucetero Julián Gil, líder de otro municipio turístico por naturaleza que se niega a aprovechar todo el potencial de la Difunta y San Expedito, además de hacer desde hace años casting en el tren fantasma para elegir a su jefe comunal.

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