Historia de la lencería o ropa interior

La ropa interior o lencería es una prenda de vestir de hombre y mujer que comenzó utilizándose por razones de higiene y abrigo.
miércoles, 30 de diciembre de 2015 · 11:38
La evolución de la lencería ha propiciado también que prendas de interior se luzcan en el exterior, como sucedió en su día las camisetas o, más recientemente, los corpiños y corsés. Además de sus funciones básicas a lo largo de los años ha adquirido valores sociales importantes.

La historia de la ropa interior se remota a unos orígenes tan ancestrales que es complicado realizar una datación fidedigna. Así, se estima que las camisas de lino interiores ya existían en 1360 a. C. después de que el faraón egipcio Tutankamón portase una en su tumba. Al parecer los primeros tejidos en los que se elaboraba la primitiva ropa interior eran el atrapapelo, el lino y el algodón.

Entre las diferentes culturas precursoras del uso de ropa interior destaca la grecolatina. Desde el punto de vista mitológico, Homero ya narraba en sus escritos cómo Afrodita cedió el ceñidor con el cual esculpía su bella figura a Hera para la reconquista de Zeus.

En la antigüedad más terrenal, las mujeres portaban prendas como el zóster, una larga banda de paño bordada y confeccionada en lino, que las jóvenes solteras se colocaban en la cintura; o el apodesmo, el cual les cubría los pechos. Las mujeres romanas utilizaban indutus o indumenta (ropa interior) fabricada en lino o en cuero. El subligar o subligaculum, una especie de braguitas, y la subucula, una túnica interior similar a una camiseta de algodón o lana utilizada también como camisón, han llegado hasta nuestros días a través de mosaicos, frescos y estatuas de la antigüedad. Por su parte, la mujer griega solía hacer uso de la fascia pectoralis, una banda de tela o de piel para sujetar los pechos; y el strophium, una banda estrecha que sujetaba el pecho, aunque ésta última se colocaba sobre la vestimenta a modo de cinturón.

En el período napoleónico el corsé se convirtió en una prenda privilegiada en la corte, realzando las virtudes de mujeres que anhelaban verse estilizadas y reducir la talla del abdomen para remarcar una reducida cintura, símbolo de juventud y belleza.

Según el periodista y escritor Gilles Néret, los primeros sujetadores podrían datarse en el año 300 a. de C. Sea cuando fuere, lo que sí se puede asegurar es que los primitivos corsés representaban un verdadero suplicio para la anatomía femenina, provocando frecuentes mareos entre sus portadoras. Además, la aparatosa crinolina era otro de los complementos más habituales en el siglo XIX.

De 1830 a 1914 las mujeres solían portar camisa, pololos, corsé, cubrecorsé y enaguas bajo la indumentaria, con los que, además de abrigarse e ir ataviadas de forma estética y decente, pretendían evitar violaciones exprés, ataques físicos u ocultar embarazos no deseados.

Entre 1910 y 1919 el mundo de la danza ejerció su impronta sobre la ropa interior, donde se requería mayor libertad de movimiento. Así lo demostró el abandono del corsé por parte de Isadora Duncan o la bailarina Irene Castle.

A principios del siglo XX la creatividad le gana el pulso al pudor femenino y comienzan a aparecer las primeras prendas decoradas con el objetivo de diseñar una incipiente "lencería sensual", más femenina, sugerente y atractiva. Pese a la inicial decadencia de la Lencería sexy en las décadas de los 30, 40 y 50, debido un fuerte conservadurismo, este siglo supondrá la eclosión de la moda lencera.

Durante la época jipi, a principios de los 60, las feminista quemaban sus sujetadores en señal de protesta y como manifestación de poder. Las flores y los estampados primaverales marcarán tendencia de la época. Poco a poco se fueron rompiendo tabúes hasta que, ya en la década ochenta, la lencería comience sus años dorados y arranque la verdadera liberación femenina. Además, iconos sexuales* como Madonna potenciaron el uso de lencería sofisticada, encajes, etc.

En la década de los noventa y ya hasta nuestros días, la lencería "inteligente" se ha incorporado a la vida de la mujer como una prenda más de su guardarropa. El "Wonderbra" marcó un hito al aumentar el pecho sin una intervención médica. La lencería esculpe la figura sin la dictadura de los antiguos corsés. Poco a poco evoluciona el estilo de vida, propiciando una alimentación sana y la práctica de deporte, lo que a su vez propicia un desarrollo de una lencería cada vez más cómoda.

De los tonos blanco, beige y negro se evoluciona hacia toda la paleta de colores, los cuales adquieren una simbología (rojo provoca pasión; rosa o celeste representan una imagen romántica e inocente; el blanco implica pureza, los colores intensos son sinónimo de juventud y desenfado...). Conviven diferentes estilos: sensual, romántico, moderno, trasgresor... en directa relación con la moda que se impone sobre la pasarela en cada momento.

En la actualidad, la sensualidad y la sofisticación son las líneas maestras sobre las que gira la ropa interior tanto femenina como masculina.

La autoconfianza y seguridad de la mujer, que ha evolucionado y asume un rol mucho más activo en las relaciones de pareja se plasma en los diseños de grandes firmas, que cada vez prestan más atención a estas prendas, con diseños arriesgados y estudiados. Los corsés se lucen como parte de la moda exterior sobre camisas o solos; las mujeres oscilan entre el culotte, tradicionalmente masculino, y el tanga, en todas sus variantes. En ocasiones llega a dejarse entrever la ropa interior bajo el vestuario como seña de coquetería y provocación.

 

(Fuente: Wikipedia) 

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