Romina Oropel es el mismísimo tango en persona. Lo descubrió casi sin querer y desde hace unos cuantos años se ha convertido "en un estilo de vida". Lo baila a la perfección y asuma con mucho gusto y responsabilidad de transmitir este mundialmente reconocido género argentino.
Romina Oropel: un paseo por la cara más artística y sensual del tango
Su pasión por el 2x4 le ha permitido conocer mundo y también extender su talento al mundo del teatro con propuestas que, sustentados en duende milonguero, se tutean con la exquisitez desde lo visual, lo sensual y lo performático. En una arrabalera entrevista en el programa 'Media Hora entre Preguntas', Romina desnudó el universo tanguero que existe en San Juan y expuso en el escaparate parte de su vida personal y profesional.
-¿Por dónde se está moviendo tu vida artística en estos días?
-En los últimos años me he permitido hacerme cargo de todas las cosas que hago en función del tango. Por un lado, están las clases para aprender a bailar tango, que es un espacio que por motivos obvios tuvimos que dejar de lado en la pandemia. Tardas cierto tiempo en volver a las clases grupales y el año pasado lo hicimos bajo un formato auspiciado, se podría decir, y que era gratuito para la gente, que siempre ha sido nuestro ideal con Elías. La gente no tendría que pagar por clases de tango porque es su cultura, pero bueno este año de momento no se ha podido concretar un proyecto así.
-Pero sí hay otro en el que dan clases, ¿no?
-Sí, el lunes que viene empezamos en El Avispero con un taller que se llama ‘Todos los colores son tango’, clases para todes. No es algo de ahora, no es un discurso que pretende ser atractivo y estar de moda, es la historia del tango de siempre. El tango siempre ha sido de todos los colores y siempre ha sido para todes.
-Explicame eso.
-Lo que pasa es que algunos discursos se han encargado de defenestrarlo, pero necesitarías como un programa entero para explicar porque es así. Lo cierto es que el tango reúne gente y en el tango todos somos iguales.
-¿Cómo llega el tango a vos? Da la sensación que estás poseída por el tango siendo sincero.
-El tango es un estilo de vida. No se puede caretear, o tenés tango o no tenés. No creo que sea una pose. Hay gente que piensa que tomando unas clases ya puede animarse a dar un espectáculo y así no es. Yo estudiaba danza y afortunadamente la persona que dirigía ese estudio consideraba que les bailarines debíamos aprender distintos estilos y entre ellas populares también. En una de esas llevó a un profesor de tango y esa clase, que estaba tomando obligadamente, me hizo ver que había encontrado un lugar en el que podía nadar libremente. Sentí eso me ayudaba a definirme. Tomé esas clases y después empecé a viajar a Buenos Aires para aprender con maestros y maestras de allá.
-Eso fue puertas a dentro del país, pero el tango también te permitió ‘tanguear’ puertas a fuera de Argentina.
-Tuve diferentes compañeros de tango hasta que conocí a Elías, que es mi gran compañero de tango. Es mi equipo, mi familia porque con el tango hacemos familia, sino se hace muy difícil trabajar. Y después seguimos aprendiendo juntos con Javier Rodríguez, que es el mejor maestro que hay. Eso nos abrió puertas y hemos podido trabajar en diferentes partes del mundo y compartir el tango en muchas compartir el tango en muchas comunidades fuera de Argentina. Nos ha permitido exhibir lo que hacemos, nuestro baile. Y en el caso de Elías también le permitió ejercer de disc-jockey.
-¿Qué representa transmitir el tango?
-Bailar y enseñar el tango es una responsabilidad enorme. No es seguir pasitos y además está lleno de prejuicios. Esto de dar clases es una cosa que viene después. No se puede planificar dar clases de tango de la nada, eso viene natural. Nuestros maestros y maestras de Buenos Aires, que son discípulos de milongueros y milongueras, testigos de la historia viva y real, nos dieron la posibilidad de formarnos. Eso va más allá de que te enseñen un paso. Tal vez una clase ha consistido en dos horas de charla.
-¿En el baile propiamente dicho qué se pone en juego?
-El tango es un baile en pareja y hay que considerar todo lo que eso implica a muchos niveles. Concepción de la pareja, concepción del hombre, concepción de la mujer, concepción de los roles, concepción del mundo, concepción del amor, concepción de la amistad. Está todo ahí. Todo está manifiesto a la hora que yo me paro delante de alguien y abrazo a esa persona. Mis prejuicios. Mi mentalidad cerrada o mi mentalidad abierta. Mi escucha o no mi escucha. Es un mundo.
-¿Y qué tal la vida de los milongas en San Juan?
-Las comunidades de tango siempre se han mantenido un poco cerradas, pero lo importante es que están. Cuando digo cerradas no sé si termino de expresarlo bien, a veces las personas hacedoras no terminamos de comunicar, de expandir o de invitar. También hay prejuicios de muchas personas que nacen a partir de que, como pasa siempre, las noticias que han sobresalido son las malas. Y también hay mucha desinformación con el tango, todavía hay gente que cree que el tango es machista. El tango es feminista, aviso. Vengan de a uno, justifico cada una de las cosas que digo. Lo bueno, volviendo a la pregunta, es que la comunidad se mantiene, tal vez lo malo es de manera privada. Eso hace que no todo el mundo pueda acceder. Tengo que decir que nosotros también hemos pagado por clases de tango, pero hay otros conocimientos que se adquieren y que no tienen precio, que es generosidad, que tuviste la fortuna de que te lo dieran. De alguna manera nos han dado la misión de compartir la palabra del Dios Tango. Sentimos la responsabilidad de compartirlo y hacerlo llegar.
-El tema del dinero, en el caso de ser una clase paga, es el único ‘pero’ que alguien que quiera aprender tendría. El resto lo tiene a mano.
-Voy a hablar de lo que conozco, que son las clases que impartimos con Elías. En nuestras clases no importa ni de qué tamaño sos, ni cuánto pesás, no cuál es tu tendencia. Lo único que importa es que tengas ganas de aprender tu cultura, tu bandera donde quiera que vas. Es una bandera que tenés en cualquier parte del mundo, te guste o no.
-Hablame ahora de ‘Suite de amor en tango’, una propuesta con muy buena crítica.
-‘Suite de amor en tango’ es una obra de teatro-danza, en la que trabajamos Elías y yo, y también nuestro amigue Raúl Páez, artista drag, bailarín y coreógrafo maravilloso. Si bien la obra parece ser una cosa que rompe con formas, en realidad pone de manifiesto lo que nosotros sabemos que es el tango. El tema del género no tiene importancia. Esta teoría en la que el hombre manda y la mujer sigue no es así. Sí sé que, en muchos lugares, está planteado así y por eso la gente sale corriendo. Pero tengo una buena noticia: el hombre no manda en el tango y la mujer no sigue a nadie. Es un baile colaborativo de dos voluntades que quieren estar ir porque quieren disfrutar. La obra es una creación estética y tiene una selección musical, coreográfica y perfomática en la que eso se pone de manifiesto. Sí es una provocación, pero tiene que ver con todo lo que el tango despierta. No es solo sexo como la gente cree. También es amistad, también es amor, puede ser pasión, puede ser nostalgia, puede ser alegría y puede ser nada.
-Y de una ‘criatura’ a la otra, ¿cómo les está yendo con ‘Diamante Tango’?
-Estamos encantados. Es el otro proyecto que tenemos con Elías junto a Franco Amarillento, que es un rockero, compositor, poeta y que tiene el tango metido en la médula. ‘Diamante Tango’ es un trío en el que Elías toca la guitarra, Franco canta, Elías y yo bailamos, Elías canta, yo canto. Pero el cantor titular es Franco.
-Un cantor muy interpretador.
-Es que son muy talentosos. Franco, además de todo lo que dije, es actor. Y Elías hace teatro danza además de tocar la guitarra. Él dice ‘me han hecho tocar acostado, arrodillado, qué más quieren de mí’. Y yo le digo que lo hace porque puede. Considero que Elías y yo tuvimos la fortuna de conocer a Franco y nosotros tuvimos la fortuna de conocerlo a él. Nos complementamos inmediatamente. Se creó algo muy interesante que lo tienen que ver. No es un formato tradicional de un show de tango. Tiene una estética diferente y por suerte es muy solicitado en los eventos privados. Búsquenlo en las redes y se van a dar cuenta de lo que digo.
-Frente a sus propuestas artísticas, ¿se han encontrado personas que les digan que van por veredas distintas de lo que ellos consideran el tango?
-Sabés que no, porque tiene tango. Cuando hay tango, hay tango. No importa nada más. Hay una canción que dice ‘El tango es tango si tiene milonga, no importa si es ayer o de hoy.
-¿En sus familias son tan tangueras como ustedes, ya los contagiaron?
-Nuestras familias son nuestros principales fans. Ellos aman todo lo que hacemos.
-Y a la hora de escuchar tango, ¿sos de las que solo se queda con la época dorada, allá por el ’40 y ‘50 o te permitís escuchar propuestas más modernas?
-Lo mejor que se hizo, ya se hizo. En la década dorada (que duró más de diez años) se definieron los estilos. Me gusta mucho todo eso, pero también me gustan cosas nuevas. Si me permito escuchar otras cosas, pero reconozco que me cuesta un poquito las cosas muy nuevas. Creo que muchas orquestas nuevas evocan o copian lo que hicieron las orquestas de aquellos años. Entonces a veces entre escuchar las de hoy y escuchar a Troilo, me quedo con Troilo o Pugliese. Pero también puedo decir que de ahora me gusta mucho Cucuza Castiello.
-Volviendo el mundo de la milonga, ¿qué es lo mágico, lo que atrapa de ese espacio?
-No voy a puntualizar de la milonga en San Juan o en Mendoza, voy a hablar de la milonga en general. Vos vas y si no sabés bailar tango te podés sentar a tomar algo y disfrutar. No hace falta ir acompañado ni tampoco estás obligado a bailar. Si sabés y querés bailar lo podés hacer con una persona que no conocés. Lo que se produce ahí es un viaje. Yo he tenido viajes milongueando en el mejor de los casos. Para ponerlo más gráfico, la milonga es el boliche de los tangueros. Las que más he disfrutado están en Buenos Aires, en donde hay mucha gente y entran en juego muchas cosas, en otros el código de la mirada.
-¿De qué se trata el código de la mirada?
-Algunos piensan que es un tema machista, pero es feminista. Aunque en realidad del código de la mirada es humanista más que nada. Vos te mirás con una persona con la que quieras bailar, pero no vas hasta donde está ella para decírselo, eso sería ponerla en un gran compromiso.
Una persona que quiera bailar con otra se tiene que poner a una distancia prudencial, para conectar con la mirada
-Pero si nunca has ido a una milonga, ¿cómo hacés para entender ese código?
-Eso se entrena mirando. Es un tema que al principio lleva su tiempo, pero básicamente una persona que quiera bailar con otra se tiene que poner a una distancia prudencial, para conectar con la mirada. Y se las dos miradas se entienden, es decir se mantienen las personas la mirada, se hace un ‘gesto de sí’ y se va a la pista a bailar. En las clases que impartimos con Elías también damos ese tipo de información por si alguno de los alumnos está interesado en ir a una milonga.
-Y la última, si no vivieras por y para el tango, ¿qué serías?
-Sería una persona muy triste.