Hay películas que buscan respuestas y otras que encuentran sentido en sostener preguntas. “Mi querida señorita”, la película española dirigida por Fernando González Molina que estrenó Netflix, se ubica claramente en el segundo grupo. La nueva adaptación del clásico español de 1972 (que en su momento fue reconocida internacionalmente por abrir una conversación incómoda para la época) decide volver sobre ese universo desde otra perspectiva: menos centrada en el desconcierto social y más enfocada en el proceso íntimo de reconocerse. Un modo más cercano a los tiempos que corren o que, al menos, deberían correr.
"Mi querida señorita", de Netflix: una historia íntima sobre identidad que emociona más de lo que incomoda
La nueva versión de un clásico español retoma el debate sobre la intersexualidad con sensibilidad y una mirada conciliadora.
La adaptación libre actualiza la historia que hace más de cinco décadas fue pionera al poner en escena preguntas sobre identidad y pertenencia y que incluso obtuvo una nominación al Óscar como Mejor película de habla no inglesa. Ahora, desde una sensibilidad contemporánea y con una protagonista intersexual al frente del proyecto, la película apuesta por el autodescubrimiento y la emoción antes que por el conflicto abierto. El resultado es una obra cuidada, honesta y necesaria, aunque demasiado prudente, lo que la hace perder un poco su potencial.
En la historia, Adela Castro tiene 26 años y vive en Pamplona dentro de una rutina marcada por la quietud. Trabaja en la tienda de antigüedades familiar, da clases de catequesis y permanece protegida y limitada por una estructura familiar que parece haber decidido por ella desde siempre. Sabe que no podrá tener hijos, toma hormonas desde hace años y aprendió a convivir con explicaciones incompletas. Pero nunca recibió de sus conservadores padres una respuesta que terminara de ordenar su propia historia.
La película construye con paciencia ese estado de suspensión. Una amistad inesperada con un sacerdote recién llegado, el regreso de alguien importante de su infancia y el encuentro con una joven fisioterapeuta empiezan a mover aquello que parecía inmóvil. Cuando finalmente decide consultar a un médico y descubre que es intersexual, el relato toma otro ritmo: el viaje físico hacia Madrid se convierte también en un desplazamiento emocional y simbólico hacia una nueva forma de habitarse.
Uno de los mayores aciertos del film es que evita convertir la experiencia intersexual en una explicación clínica o en un discurso cerrado. La condición aparece como parte de una historia humana, atravesada por silencios familiares, negaciones, decisiones tomadas por otros y el impacto que eso tiene sobre la construcción de la identidad de una persona.
En ese sentido, hay una dimensión dolorosa en la que hace foco el conflicto: la revelación de que, durante su infancia, la madre de Adela tomó decisiones médicas para encajarla dentro de una categoría determinada y luego ocultó esa verdad durante años.
La película no busca juzgar desde el presente ni construir villanos evidentes; prefiere explorar las consecuencias emocionales de aquello que durante mucho tiempo fue entendido como una forma de protección.
Visualmente, la propuesta acompaña con inteligencia ese recorrido interior, con reflejos en espejos y encuadres cerrados que llevan a la instrospección. Pero ahí aparece también el principal límite de la película. Todo parece demasiado medido.
Cada conflicto encuentra rápidamente una zona de contención y cada escena parece buscar no incomodar demasiado. La película observa con empatía, pero rara vez se anima a ir más allá de aquello que ya resulta aceptable para el espectador contemporáneo.
Por su parte, la interpretación de Elisabeth Martínez sostiene buena parte del proyecto. Su trabajo es contenido, incluso irregular en algunos momentos cotidianos, pero gana una potencia notable cuando el personaje entra en zonas más complejas emocionalmente. En esas escenas aparece algo más difícil de construir: la sensación de que entiende desde un lugar íntimo aquello que está interpretando.
Quizás ahí esté el verdadero valor de “Mi querida señorita”. Esta nueva versión entiende que volver sobre ciertas historias también puede ser una forma de seguir generando preguntas y ofreciendo enseñanzas. A veces, eso ya es bastante.
El trailer de "Mi pequeña Señorita"
Ficha técnica
- Título: Mi querida señorita
- Género: Drama / Romance
- Año: 2026
- Origen: España
- Duración: 1:52
- Reparto: Elisabeth Martínez, Anna Castillo, Paco León, Nagore Aranburu, Manu Ríos, Eneko Sagardoy
- Dónde verla: Netflix
- Dirección: Fernando González Molina