Desde su infancia le puso el pecho a las balas del prejuicio y la discriminación. Aceptó a regañadientes entrar al mundo de la danza a través del folklore y entre cuecas y chacareras se abrazó para siempre al baile. Lean Bustos es su nombre, el mismo con el que se ha paseado por escenarios locales, nacionales e internacionales.
Lean Bustos y una coreografía de vida derribando prejuicios
Tras una infancia no del todo feliz, este talento sanjuanino encontró en la danza su mejor compañera de viaje para canalizar sentimientos y proyectos. En el medio, entre muchas cosas, experiencias, amistades y la devoción por la Difunta Correa
En una entretenida entrevista en la apertura de la segunda temporada de ‘Media Hora Entre Preguntas’, se permitió repasar la coreografía de su vida. Sacó a la luz otros talentos y hasta se permitió pegar un ‘mangazo’ a un gran amigo.
-Indagando en tu carrera, se te nombra como bailarín, coreógrafo y otros títulos más. ¿Vos cómo te considerás por sobre todo?
-Sí, me gusta que me definan como bailarín.
-¿Desde cuándo te atrapó el bichito de la danza?
-Desde que nací.
-El folklore suele ser el puntapié para muchos, ¿en tu caso también fue así?
-También. Bueno, en realidad empecé bailando cualquier cosa que veía en la tele o que sonaba en mi casa y un día mi vieja me dijo que me iba a mandar a folklore con mi hermano. Fui y no me gustó. Volví, insistí un poco más, y ahí sí me atrapó. Me enamoró, me fascina la danza folklórica argentina.
-¿Ahora también sos profe de danza?
-Guío clases de danza, pero no de folklore, sí de contemporáneo.
-¿Y cuándo entra el contemporáneo en tu camino?
-Empecé bailando folklore y dentro del folklore empezamos a hacer unas danzas más estilizadas, que tienen lenguajes más contemporáneos y de otras danzas. Y los profes que tenía en ese momento me aconsejaron hacer danza clásica y contemporánea. Arranqué primero en Pocito, con Raúl Cúneo, Luis Salinas y Eli Castro, y después en Chimbas estuve con Riveros Luna. Ahí se dio esa transición.
-En la posición de coreógrafo, ¿cómo se hace para que tantas voluntades confluyan en lo que uno quiere?
-Creo que trato de no querer que sea lo que yo quiero. Primero porque no siento que tenga buenas ideas y también creo que todo el mundo puede armar una coreografía. En mi caso lo que me gusta de la coreografía o del armado es poder leer y ver el lenguaje de las personas que están ahí. Por eso me gusta mucho la improvisación. Me gusta tejer por esos lugares.
-¿Te nutrís viendo las coreografías de otros, viendo otros escenarios?
-Sí, además me encanta. Me fascina ir a ver obras y no solo de danza, también de teatro, música. Y la vida misma, también me encanta. Me gusta ir a ver ‘obras’ en la calle, ver situaciones. Sentarme en la calle y ver las cosas que pasan, que también son coreográficas, que son obras. Siento que la vida misma tiene mucho de danza y de teatralidad.
-Te saco un poco de lo artístico para conocer algo de tu infancia, de tu vida personal. Por ejemplo, ¿dónde hiciste la primaria?
-Jardín lo hice en Capital porque vivía en casa de mi abuela y toda la primaria la hice en Pocito. Yo vivía en el Abanico, con mis padres y mi hermano, al pie del cerro. A veces la infancia puede ser muy hermosa y a veces no tanto. Siempre me sentí un poco diferente, muchas veces no encajaba en los estereotipos. Eso me ha costado un poco, pero me refugié bastante en el juego y en la danza. Sin saber que me iba a dedicar a la danza, siempre me escondía y me refugiaba en el baile. Ponía música y bailaba. Siempre fui bastante diferente, estaba esta cuestión de que me decían ‘maricón’ y esas cosas, así que yo opté por refugiarme bailando.
-Vos te mirás al espejo y decís ‘es por acá por dónde quería ir’ o aún faltan algunas cosas.
-Trato de no mirarme mucho al espejo (Risas). Soy más de mirarme por dentro. Trato de aceptarme. Muchos lugares míos aún están en conflicto.
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