Según el Ministerio de Turismo concurrieron alrededor de 1300 espectadores a la cuarta edición del Concierto de las Américas, que se celebró este último sábado por la noche. Según el intendente de Calingasta, Robert Garcés, el predio de frente al cerro Alcázar, donde se realiza el espectáculo, hoy tiene capacidad para albergar aproximadamente a 1600 personas, aunque ya no con todas las comodidades que se pudiera esperar sino más bien "chic to chic", por decirlo de una manera elegante.
El Alcázar ya le quedó chico a las Américas
En pocas palabras, no sólo por los tremendos artistas que convoca la fecha, sino por la excelente respuesta de la gente, el Alcázar ya le quedó chico a las Américas. Al respecto, el mismo intendente lo reconoció en la previa de la actuación de Jaime Torres y Gustavo Santaolalla, y adelantó que harán lo imposible desde ahorita mismo para que la próxima fecha los encuentre organizados y cómodos. Garcés se apresuró a descartar de plano cierta idea peregrina que confió le sugirieron varios calingastinos, que es "correr un par de cerritos hacia los costados" para agrandar el espacio destinado a las gradas.
Cómo se las ingeniará Calingasta para meter más sillas al pie del mítico cerro sin alterar su natural disposición, eso será digno de ver. Habrá que seguir la evolución del desafío. El intendente dijo que está evaluando disponer del Alcázar para llevar a cabo más espectáculos, aunque no tuvo más detalles al respecto. Sólo que para el funcionario, de esta manera se pone en valor más alto el protagonismo del monumento, y por tanto suma al departamento y a la provincia en las cuentas de la actividad turística. Y todos ganan.
En otro orden de cosas, hay que decir que para fortuna de quienes estuvieron el viernes en la noche en el Alcázar en la prueba de sonido y el sábado por la tarde en la posada Paso de los Patos, hubo dos conciertos de Santaolalla y tres de Jaime Torres (sí, han leído bien). Rolando García Gómez, director artístico del proyecto Concierto de las Américas, le contó a Tiempo de San Juan que efectivamente el viernes por la noche, con un cielo que se caía de estrellas y un clima inmejorable, los dos gigantes de la música se conmovieron tanto por la acústica y la magia del lugar que se pasaron de la raya con el ensayo.
Luego en la posada, donde se albergaron los dos artistas y sus respectivas troupes, mientras Santaolalla hizo mutis por el foro, un afable Jaime Torres acomodó la agenda para responder los requerimientos de los huéspedes, las fotografías de la prensa y un par de regalos del municipio que tenían que ser entregados antes del concierto. Y allí fue que dio su segundo recital, ya que arrancó ensayando con los músicos y terminó interpretando para su hermosísima hija Manuela y acompañante una zamba de aquellas, bailada en medio de la estancia con pañuelos al aire y aplausos al por mayor.
Hay que decir que el virtuoso del charango declinó dar entrevistas en el hospedaje, pero para que no haya resentimientos con la prensa no tuvo ningún problema en charlar como viejos conocidos con los periodistas en el lobby. De hecho los más cholulos no resistieron la oportunidad de pasarse al otro lado del lente y tomarse una foto para el recuerdo.
Lo que sucedió en la cuarta edición del Concierto de las Américas ya es, palabras más, palabras menos, por todos conocidos. Arrancó Torres alrededor de las 21 con su conjunto de músicos, entre quienes además de su hija en percusión y danza lo integran artistas de diferentes naciones, como Perú y Bolivia. Es decir, más apropiado imposible. Jaime Torres interpretó, alabó la belleza del Alcázar y la calidez de los sanjuaninos y relató algunas peripecias sucedidas durante su estadía en la provincia. Luego de terminar su actuación, mientras reponía fuerzas entre pizza y champán, aguardando el convite de Santaolalla para volver a las tablas, le contó a Tiempo de San Juan que hacía muy poco le habían hecho una punción en la columna vertebral, y que al descompensarse nomás llegar a San Juan se había asustado un poco. Damos fe, brindis invitado por el Maestro mediante, de que se estaba recuperando rápidamente. Su dueto con Gustavo y su roncoco fue, llegado el momento, intimista y conmovedor.
Y ya de vuelta solo en el escenario, Santaolalla compartió más de sus composiciones (había arrancado con una baguala), siguió su periplo por diferentes etapas de su carrera pero siempre manteniendo la selección en la huella de la celebración de las Américas. Tocó "De Ushuaia a la Quiaca" y emocionó trayendo a la memoria a Mercedes Sosa como el icono de la mujer latinoamericanista en Argentina, en la palabra y luego en la canción, al interpretar "Río de las penas". En el tramo final, el dos veces ganador del Oscar la rockeó y remató su trabajo con una de sus composiciones más famosas: "Mañana campestre", muy a propósito de la química que reinaba a esa altura de la noche en show, y la naturaleza que daba el marco perfecto a semejante comunión.
Al igual que lo había hecho antes Jaime Torres, el artista calificó de espectacular el Alcázar e invitó a los sanjuaninos a que no dejen de valorar y de preservar este patrimonio, y agradeció a la organización del Concierto de las Américas el hecho de haberlo escogido para interpretar en tan magnifico escenario. Recordó las aún resonantes palabras del maestro del charango sobre dejar de lado los colores políticos sobre este tipo de eventos, y agradeció él también al gobierno local y provincial por la puesta en valor no sólo de la obra natural, sino del apoyo al latinoamericanismo y a la integración de la región.