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domingo 12 de abril de 2026

ANIVERSARIO

Prohibido olvidar: 20 años sin René Favaloro

Un sábado 29 de julio uno de los máximos exponentes de la medicina se suicidó con un tiro al corazón. En su carta de despedida fue contundente: “A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla”
Por Redacción Tiempo de San Juan

Este miércoles 29 de julio se cumple 20 años de la muerte de René Favaloro, que decidió quitarse la vida de un disparo al corazón. En aquel entonces tenía 77 años y estaba planificando casarse con su pareja, Diana de 31 años. Su carta fue contundente, ahí expresó por todo lo que luchó, en una de sus frases expresó: “A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla”.

INFOBAE realizó una crónica de este momento:

Como era su costumbre, aquel 29 de julio de 2000, pese a ser sábado, René se levantó temprano a la madrugada. Cerca de las nueve y media, cuando se despertó Diana (NdR: Truden, su pareja, 31 años), desayunaron juntos. La situación crítica de la Fundación Favaloro impregnaba todo. Él le mostró apesadumbrado la lista del personal que iba a recibir telegramas de despido en pocas horas más. Ella buscó distraerlo hablándole del casamiento: le dijo que se había probado el vestido de novia y le recordó que, por la tarde, tenían que terminar de definir la lista de invitados. Le cocinó algo liviano porque el doctor quería bajar de peso: no había surtido efecto el intento de convencerlo de que sumara a su rutina una dosis de actividad física.

René le había pedido que aprovechara ese fin de semana para mudar algunas de sus cosas de su departamento, y hablaron de eso durante el almuerzo. Ella le contó que ya tenía todo arreglado con su hermano Pedro Andrés, cinco años mayor que ella, quien la iba a pasar a buscar para ayudarle.

–Yo me voy a La Plata –le recordó el médico.

Supuestamente iba a ver a su sobrino Coco para ultimar detalles de los preparativos del casamiento. Se despidieron. Diana fue hasta su casa, llenó dos valijas con ropa y desconectó la computadora. Su hermano la fue a buscar a las cuatro de la tarde, cargaron las cosas y se dirigieron al edificio de Dardo Rocha 2965. Favaloro esperó a quedarse a solas para cerrar la puerta de servicio. Dejó la llave puesta. Era el único acceso a la casa por donde podían ingresar las únicas personas que tenían copias de la llave: Diana y su empleada doméstica, Ramona Jiménez, que estaba de franco.

Entonces preparó el escenario. Se afeitó, se bañó; se puso el pijama y escribió la última carta y dos notas con indicaciones precisas. Después, se paró delante del espejo del baño. Observó por un instante el abismo de su alma y, apoyando el revólver sobre el corazón, disparó. El impacto impulsó el cuerpo hacia atrás y, al desplomarse, la cabeza golpeó contra la puerta. Todo había terminado. Nadie lo advirtió. Solo una adolescente que vivía en el piso de arriba dijo haber escuchado un “fuerte ruido a lata”.

Diana y su hermano llegaron al departamento a las 16.45. El Peugeot 505 azul de René estaba en la cochera. Si bien tenían una copia de la llave de la puerta de servicio, primero tocaron el timbre. Nadie respondió. Cuando quisieron abrir notaron que había otra llave puesta desde adentro. Llamaron al celular pero no hubo caso: solo pudieron dejar un mensaje de voz en el contestador. En ese momento, la mujer pensó que René se había quedado dormido y que les iba a costar despertarlo. Bajó a preguntarle al encargado del edificio, Miguel Ángel Rossetti, si había visto al doctor. La atendió su hijo Adrián y le dijo que no.

Después de un rato de probar distintas maniobras lograron quitar la llave e ingresar en el departamento. Fueron directamente al dormitorio pero no encontraron a René. Vieron que en uno de los baños, que tenía la puerta apenas abierta, la luz estaba encendida. Cuando quisieron entrar notaron que algo obstruía el paso. Pedro empujo la puerta y alcanzó a ver a Favaloro tendido en el suelo en medio de un charco de sangre. Diana comenzó a gritar. Su hermano buscó tranquilizarla. Se comunicaron con la fundación y pidieron que enviaran la ambulancia de la guardia. El teléfono de Roberto estaba fuera del área de cobertura. Después se supo que René también había intentado llamarlo sin suerte durante aquella tarde fatídica.

Los gritos de Diana alertaron al portero, que dio aviso a la policía. El alboroto también llamó la atención de Alberto Víctor Lapicki, un empresario que vivía en el mismo edificio, quien bajó por la escalera de servicio y encontró la puerta abierta. Al ver lo que estaba sucediendo, subió a su casa y regresó con un cortafrío con el que logró desarmar la puerta del baño. Había pasado poco menos de media hora del hallazgo cuando llegó Luis María de la Mata, el médico de guardia de la Fundación Favaloro, quien antes de ingresar en el baño se detuvo unos segundos para mirar la escena con atención. Vio el arma dentro del lavatorio y la sangre cubriéndolo todo. El cuerpo estaba con la cabeza bajo el umbral de la puerta y las piernas flexionadas.

–No hay nada que hacer. Se pegó un tiro certero –dijo De la Mata después de constatar la ausencia de signos vitales en el cuello, la ingle y la muñeca.

Minutos después llegó una ambulancia del Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME) con un equipo estaba a cargo del galeno Ignacio Goyenechea, que acreditó el deceso al igual que antes lo había hecho su colega. A esa altura, el departamento se había llenado de gente. A los tres policías de la comisaría 53, con jurisdicción en el lugar, se les habían sumado el juez de turno, Roberto Antonio Grispo, titular del Juzgado de Instrucción N° 11, y el instructor Claudio Soca, de la Fiscalía N° 46, además de varios efectivos de la División Homicidios de la Policía Federal con especialistas en identificaciones papiloscópicas, planimetría, fotografía, balística y laboratorio químico.

En un primer momento el caso fue caratulado como “muerte dudosa”. Según el acta policial labrada aquel día, el médico llevaba un pijama blanco, medias oscuras y una ojota en el pie izquierdo. La sangre que le cubría el rostro y parte del pecho había alcanzado también la mampara de la bañera y el espejo, donde había dos notas pegadas con cinta adhesiva. En una de ellas, bajo el manchón rojo se alcanzaba a leer: “Avisar a Roberto y a Liliana”, y sus números de teléfono; luego el texto humedecido se había vuelto borroso y solo al final de la hoja podía leerse “hasta siempre”. La otra esquela tenía una serie de indicaciones para seguir después del hallazgo.

Al retirar el cadáver, los bomberos le quitaron el reloj pulsera y un par de anteojos que dejaron sobre la cama del dormitorio, cerca de la mesa de luz donde había un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, del uruguayo Eduardo Galeano. Dentro de uno de los cajones se encontraron dos alianzas de oro en un estuche rojo.

En la inspección ocular del departamento no se detectaron signos de violencia. El expediente judicial da cuenta de que encima de la mesa del comedor había siete sobres blancos tipo carta y uno más grande de papel madera con la inscripción “Mi testamento”, que contenía el legado elaborado por el médico en 1998, tras la muerte de su esposa. Cada uno de los sobres tenía su propio encabezamiento: “A las autoridades competentes”, “Cosas de Diana, deben ser devueltas en sobre cerrado a Diana Truden”, “René Presente”, “A mis familiares y amigos”, “A Diana, solamente será abierto por Diana Truden”, “A Ramona Jiménez” y “A mis sobrinos, hijos de Juan José”. Se procedió a la apertura de las cartas que, en su mayoría, estaban escritas a mano con letra cursiva en tinta azul y llevaban la firma de Favaloro con la fecha. A su vez, en un antiguo secretaire había otro sobre dirigido “a Roberto Favaloro”, además de efectos personales y dinero. Esparcidas alrededor de la mesa habían quedado varias hojas en blanco y algunos borradores en el canasto. Todos los sobres estaban lacrados y acompañados de la leyenda “Reservado”.

De acuerdo con las instrucciones escritas dejadas por Favaloro, el juez dispuso la apertura de la caja fuerte que había en el dormitorio, para lo cual se convocó al cerrajero Nicolás Alfredo Olivera. Si bien nunca se confirmó lo hallado en ese lugar, trascendió que del cofre se habría extraído información, documentos bancarios y dinero. En el lugar también se secuestró una copia de la carta remitida al presidente De la Rúa. Se constató que la numeración RK-681062 del revólver hallado dentro del lavatorio se correspondía con la que figuraba como propiedad del creador del bypass. Una pericia posterior certificó que se trataba del arma usada en el hecho. Tenía siete celdillas con seis cartuchos de bala y una vaina servida, y los pesquisas lograron hallar detrás del inodoro del proyectil utilizado al disparar.

Pasadas las 18 el canal Crónica TV dio la primicia de la muerte de René Gerónimo Favaloro. Dos horas más tardes la Fundación Favaloro difundió un escueto comunicado confirmando el deceso: “No vamos a hacer ningún tipo de declaraciones y el lunes seguiremos adelante con su obra, como siempre”, se indicó. El acceso principal del edificio de la avenida Entre Ríos se convirtió en una suerte de santuario en el que se agolpaban pacientes, admiradores y ciudadanos comunes que, en muchos casos, ante las cámaras de televisión responsabilizaban a las autoridades por la muerte.

El mundo entero se conmovió con la noticia. El presidente De la Rúa decretó duelo nacional y ordenó mantener la bandera a media asta. La familia rechazó el ofrecimiento del gobierno para llevar a cabo un velatorio con todas las honras. Desde la Cleveland Clinic Foundation, el CEO, Floyd D. Loop, lo recordó como un “verdadero pionero de la cirugía, un maestro cirujano y un ser humano compasivo que cambió el curso de la medicina moderna al realizar la primera operación de derivación aortocoronaria documentada”. Hubo mensajes provenientes de todo el mundo que no se limitaron, en absoluto, al ambiente médico.

Si bien la investigación recayó inicialmente en el juzgado del doctor Grispo, 48 horas después, al iniciarse la feria judicial, pasó a manos del titular del Juzgado de Instrucción N° 41, Daniel Enrique Turano. El expediente, que llevó el número 78 474, fue caratulado “averiguación de causales de muerte” y quedó bajo la órbita de la secretaría N° 112, a cargo de Cristian Claudio Magnone. La autopsia realizada por los peritos forenses José Ángel Patitó y el reconocido Osvaldo Hugo Raffo determinó que la muerte “fue producida por lesión por proyectil de arma de fuego en tórax, con hemorragia interna y desgarro cardíaco”. El informe, que lleva el número 1701, confirmó que el deceso se produjo el sábado cerca de las 16.45 dentro del baño del departamento de Palermo Chico y a causa de una autoagresión.

El tiro ingresó por el pecho y salió cerca del omóplato; el orificio de entrada se encontraba volcado en la pared anterior del hemotórax izquierdo. Por las características de las lesiones que presentaba, Favaloro se había corrido el saco del pijama y apoyó el caño en el plano de la piel. El impacto fracturó el arco anterior de la cuarta costilla, desgarrando los músculos superior e interior en los espacios intercostales. Patitó sostuvo que “únicamente pudo haber aplicado tal efecto un facultativo especialista en cardiología, alguien que a todas luces sabía que la lesión que iba a causar la bala en el lugar donde se la colocó sería, justamente, el estallido de su corazón”.

Quienes investigaron el caso están convencidos de que Favaloro preparó la escena con varios días de anticipación y que solo redactó aquel día una de las cartas, la que junto a la fecha lleva el horario de 14.30. También debió haber escrito ese día las notas con indicaciones sobre cómo proceder después de producido el hallazgo, que estaban en el baño. Asimismo desde las primeras horas empezó a consolidarse la idea de que el principal móvil de lo ocurrido respondía a la desesperante situación financiera que atravesaba la fundación. En Tribunales se explicó a los medios que, lejos de tratarse de un acto repentino o producto de un estado de ánimo momentáneo, Favaloro había preparado su suicidio con suficiente antelación. Según constataron los peritos, se había bañado y afeitado antes de matarse.

En medio del impacto por el trágico desenlace trascendieron algunas versiones que incorporaban otros móviles más allá del económico. En este sentido, se mencionaba la repercusión negativa de noviazgo y el anuncio de casamiento entre sus familiares. A todo ello se sumó un rumor que indicaba de que Diana estaba embarazada, comentario que circuló profusamente en el mundo médico. Uno de los medios que mencionó esa posibilidad fue el diario Página/12, al informar sobre la solicitud familiar al juez para que tomara muestras de ADN del cadáver. A propósito, el matutino aclaró: “Nadie confirmó ese dato, pero los familiares más directos del médico fallecido quisieron asegurarse ante un eventual futuro reclamo (ya que) Favaloro era viudo y no había tenido hijos durante su matrimonio”.

Como sea, los allegados suelen coincidir en señalar la incidencia de un aspecto emocional anudado al quebranto económico. Así lo expresó dos años después el propio sobrino mayor, Roberto Favaloro, en una entrevista concedida al diario La Nación, cuando dijo: “Él no tenía hijos, y siempre decía que esto era como un hijo. Creo que sintió que esto se estaba muriendo, que iba a perder a su hijo. Era una persona muy orgullosa y no pidió ayuda: su proyecto de medicina para todos subsidiada por el Estado se vio en dificultades. Debía hacer una reingeniería y no pudo afrontarlo... Como dijo en su carta: se cansó de luchar y se inmoló”, había dicho el sobrino en una entrevista concedida al mismo matutino y publicada al cumplirse un año de la muerte de su tío”.

En la vida interna de la fundación ya hacía tiempo que todo estaba enrarecido, pero tras la muerte de René las peleas se potenciaron y hoy no son pocos los que reconocen la incidencia de aquel clima en la tragedia final del médico platense. “Yo creo que la mitad del gatillo lo apretó el comité de crisis. Agarraron un hombre cansado de 77 años para tirarle toda la basura arriba”, opinó diez años más tarde con crudeza Raimondi para una investigación especial de la revista Noticias. Nadie le contestó en público.

La expectativa judicial y mediática se centró en el contenido de las cartas, que fueron incorporadas al expediente. La primera en trascender fue la misiva dirigida “A las autoridades competentes”. Allí Favaloro aseguraba haber tomado su “determinación después de haberla meditado largamente”, y explicaba que se trataba de “una decisión personal” derivada de “la desesperante deuda que mantenía con diferentes bancos y organismos”, según informaron fuentes judiciales que, sin embargo, nunca exhibieron los papeles originales.

Después de que el juez Turano liberó todas las cartas, los familiares decidieron hacer pública solo una de ellas: la única que habría escrito ese día, con una sintaxis por momentos inconexa y alborotada.

Haz click aquí: LA CARTA

El presidente, Alberto Fernádez, hizo un posteo en su honor:

 

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