Impactado. Abrumado. Esos adjetivos elige Adrián Paenza para explicar su estado de ánimo después de saber que el 21 de este mes recibirá el premio Leelavati que otorga la Unión Matemática Internacional a quienes difunden esta disciplina. Fue elegido por unanimidad y según el comunicado de la UMI “por su decisiva contribución en cambiar la mente de todo un país acerca de cómo la matemática es percibida en la vida diaria. Esto lo ha realizado a través de sus libros, sus programas de televisión y el regalo único de su pasión y entusiasmo por comunicar las bellezas y la alegría de la matemática”.
“Soy un tipo privilegiado”
En ese documento también se mencionan el “legendario programa semanal Científicos Industria Argentina (N. de R.: ganó cuatro premios Martín Fierro), que ya va por la duodécima temporada consecutiva”, y los ocho libros que dedicó a popularizar la matemática, de los que cinco fueron publicados por Ediciones Siglo XXI bajo el título Matemática… ¿estás ahí? “El primero de la serie fue publicado en 2005 y encabezó la lista de best sellers durante 73 semanas consecutivas y hoy se encuentra en su edición número 22. El enorme impacto e influencia de este libro se extendió a través de toda América latina y España. Se publicó en Portugal, Italia, República Checa, Alemania y fue recientemente traducido al idioma chino para una próxima edición”. El paper remarca, además, “su particular generosidad: todos sus libros están disponibles para el público en general en la Universidad de Buenos Aires desde el primer día de su publicación”.
Esa puesta a disposición de la gente a través de Internet fue decisión del propio Paenza, quien no se cansa de destacar que realizó todos sus estudios en la escuela pública y de defenderla como único medio para reducir la brecha entre los que tienen y los que no. Allí radica también su decisión de grabar Alterados por Pi con estudiantes de escuelas públicas de la ciudad de Buenos Aires y del interior, donde suelen recibir al equipo televisivo como si fuera una banda de rock, en palabras del periodista premiado.
–¿Qué representa para usted este premio?
–Esto no se puede hacer solo, una persona puede tener muchas ganas y capacidad de comunicar, pero debe tener un espacio para hacerlo. En este caso hay mucha gente involucrada y el premio es para todos.
En ese “mucha”, incluye y agradece a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, al productor Claudio Martínez, al editor Carlos Díaz y a Diego Golombek, promotor de la colección “Ciencia que ladra” en la que se publicaron sus libros, a Tristán Bauer y el canal Encuentro, al director de ese canal, Martín Bonavetti, al director del diario Página 12, Ernesto Tiffenberg, al Ministerio de Ciencia y Tecnología, a Tecnópolis, y la lista continúa.
“No podemos mirar esto como un episodio aislado, hay un montón de cosas que están pasando. Hace un mes y medio le dieron el premio internacional de matemática Ramanuján a Miguel Walsh, de 26 años, de proporciones muy difíciles de medir para nosotros. Ayer nombraron a Alicia Dickenstein vicepresidenta de la UMI. No es posible mirar e interpretar una foto sin entender todo lo que esta pasando –afirma–. Esto para la matemática argentina es extraordinario. Y sucede porque la matemática en el país siempre fue de excelencia, pero hasta ahora no tuvo visibilidad”.
–¿Qué ocasionó la visibilidad actual?
–Hay un cambio en la sociedad. En el ’88, cuando Carlos Ulanovsky me pidió y publicó el artículo que yo comenzaba “Matemática… ¿estás ahí?”, no me llamó al día siguiente para contarme que los teléfonos de la redacción no paraban de sonar o que la gente estaba preguntando. Todo lo contrario, pasó inadvertido y se fue esfumando. La sociedad no estaba preparada y yo tampoco. Después se dieron las cosas en las que intervinieron todos los que mencioné y llegamos a hoy. Este premio se entrega, en general, a angloparlantes porque así como lo que no pasa en la televisión parece que no sucediera, en ciencia lo que no pasa en inglés es como si no hubiera pasado. Es un reconocimiento, pero no a mí, porque por primera vez se elige a alguien del hemisferio sur, de Sudamérica, de la Argentina. Es un premio para todos. Soy un emergente de un grupo fenomenal de personas que estuvieron antes y siguen estando. Estoy muy impactado.
El premio Leelavati se entrega cada cuatro años en ocasión del congreso de la Unión Matemática Internacional, que también otorga en ese momento la medalla Fields, considerada el Nobel de la matemática. Este año la distinción fue para la iraní Maryam Mirzakhani, de 36 años, lo que la convierte en la primera mujer en recibir este galardón. El nombre del premio que recibirá Paenza remite al tratado matemático escrito en el siglo XII por el indio Bhaskara. La obra propone problemas aritméticos y de álgebra en verso y, según la leyenda, tenía como objetivo distraer a Leelavati, hija del autor, tras la cancelación de su boda. Hoy se considera como la mayor contribución a la enseñanza de la matemática en la India medieval, además de haber sido traducido al persa y utilizarse en Medio Oriente. En 2010 este premio se entregó al británico de origen indio Simon Singh, físico, escritor (autor de El último teorema de Fermat y The code, entre otros), periodista, productor y director de programas científicos para la cadena BBC.
–¿Cómo piensa seguir?
–Viajo a Seúl, Corea del Sur, a recibir el premio y dar una conferencia ante cinco mil personas, todo un acontecimiento para mí. Cuando me lo propusieron me preguntaron si me daba cuenta de que como este congreso se realiza cada cuatro años, en un siglo se producen sólo 25 conferencias. Si pienso en eso no puedo abrir la boca. Dentro de unos meses voy a la Argentina para grabar Alterados por Pi y una nueva temporada de Científicos Industria Argentina, seguiré escribiendo para Página 12, y en octubre presentaré un libro más de matemática para el que todavía no tengo titulo. No tengo demasiado tiempo. En realidad estoy muy ocupado. Estoy muy abrumado, pero muy bien.
–¿Sobre qué hablará en la conferencia?
–De mi experiencia a partir de los 50 años que llevo ligado a la matemática. No voy a hablar de matemática porque no aporté nada, no es un premio a la contribución, lo que hago es difundir lo que hacen otros y obviamente no podría hacerlo solo. Me ocupo de escribir y hablar, hasta que no dé más. En algún momento se me va a acabar la cuerda.
–¿Qué le dieron esos 50 años?
–Placer, felicidad, porque soy un tipo muy privilegiado, puedo hacer lo que me gusta, ¿cuántos pueden hacerlo cotidianamente? Un amigo me preguntó si me iba a jubilar, ¿qué haría entonces? ¿Me levanto y no hago nada? No puedo. Tengo la suerte que la mayoría de las personas quisieran tener. Hago lo que me gusta, con intensidad, trabajo en general con amigos, gente que quiero y se pone contenta cuando nos va bien a todos. Esperando darles lugar a los jóvenes. La Argentina tiene muchas cosas para sentirse orgullosa de todo lo que se produce en ciencia, es maravilloso, sólo que no tiene difusión, los focos no están apuntando allí.