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viernes 15 de mayo de 2026

LA PELOTA SE MANCHA

Tráfico, presiones y fracasos del fútbol sub-18

La investigación de un periodista por el mundo de las promesas reveló que, para los padres, todos los chicos tienen un precio. El célebre Barcelona como trituradora de niños y el argentino fichado a los 7 años por el Real Madrid.
Por Redacción Tiempo de San Juan

 

Los niños futbolistas no joden con la pelota. Ellos desconocen el día en el que el fútbol dejó de ser un juego. Son niños con pinta de crack. Diamantes para sus padres. Y promesas indelebles para los cazatalentos que deambulan y recorren los clubes de baby fútbol de todo el mundo, buscando joyas de 6 a 13 años de edad. Una ecuación financiera que, en un futuro improbable y esquivo para la mayoría de las promesas, puede resultar en miles de euros donde ganan todos: el club vendedor, el intermediario, el futbolista y sus seres queridos.

El periodista chileno Juan Pablo Meneses, autor de La vida de una vaca, Sexo y poder y Crónicas argentinas, acaba de sacudir a los medios de comunicación españoles con su último trabajo, Niños futbolistas. Una crónica extrema sobre el negocio del fútbol. Su propuesta es el sueño de muchos: “Un niño prometedor que luego pueda vender a algún equipo de fútbol europeo”, cuenta en el prólogo. “Lo curioso con la muy buena recepción que tuvo el libro es que algunos lo han tomado como una investigación de denuncia y otros como un manual de cómo se hace el negocio para comprar a un niño”, dice Meneses a Veintitrés. “Me ha escrito un entrenador de España diciéndome que había que hacer una ONG para contrarrestar el tráfico. Y me han llamados muchos otros para proponerme negocios vinculados al fútbol y a las jóvenes promesas. Para muchos es una lucha; para otros, un valor. Porque yo fui siguiendo todas las partes del proceso”, explica.

La aventura, entonces, es real. El autor recorrió casi toda Latinoamérica mirando jugadores. Entrevistando a representantes, directores técnicos, abogados, familiares de los futbolistas, presidentes de clubes. Ha indagado en historias familiares. Serán los chicos los protagonistas que mueven la escena. Y serán también los que más trabajan para que la pelota siga haciendo girar la rueda de la fortuna.

La historia terminará sin saber cómo le fue al autor con la compra de su niño futbolista. Meneses sólo dirá que ha comprado “un niño chileno de once años, llamado Milo, que tiene estampa de crack”. Pero lo fundamental es que tanto el chico como su familia viven a la espera de que algún tutor se lo lleve y así tener su chance –tal vez sólo una– de triunfar en Europa y ganar mucho dinero. “A partir del caso de Milo, quise mostrar la realidad de muchos otros. Si nos dejamos llevar por las estadísticas, lo más probable es que le vaya mal. Los casos como Lionel Messi o Neymar, que parten de muy chicos y triunfan, son los menos”, explica el autor.

No hay cifras sobre el número estimado de chicos menores de 15 años que intentan suerte en el viejo continente. “En España me decían que los que llegan y terminan triunfando representan sólo el 1 por ciento. Pero no se puede tener el control de los chicos argentinos que están jugando ahora. ¿Cuántos fueron los padres que se fueron con la crisis del 2001 y tuvieron hijos en Europa? ¿Cuántos vinieron a comprarlos? ¿Cuántas negociaciones hubo? Hay una nebulosa que hace que el tema de la venta y traspaso de chicos no tenga una solución. No hay registros”, explica el periodista.

Encontrar un diamante en un desierto es tan imposible como encontrar en Argentina, Brasil y Uruguay un niño de diez años con todos los atributos para convertirse en un genio del fútbol que no haya sido marcado o fichado por algún club. “Con ese chico, que tiene diez años y te cuesta 200 dólares –explica Meneses–, en el fondo estás comprando sus derechos. A partir de ahí hay que ponerlo en algún club y negociar con la institución, cediéndole parte de esos derechos. A medida que escribía el libro y sumaba experiencias y asesorías, me han hecho saber que el negocio es muy riesgoso. Porque si el chico triunfa, es muy probable que te lo vengan a quitar. Entonces lo que conviene es ir pasando partes del chico aunque uno termine siendo dueño sólo de un 2 por ciento. El tipo que descubrió a Messi no quiso soltar nunca nada y hoy no tiene nada. Con que hoy tuviera ese 2 por ciento estaría salvado”.

En la Argentina el fútbol es, además de una pasión de multitudes, una suerte de exportador de grandes mercancías. Meneses pasó por Rosario y Buenos Aires, pasó por México y también por Chile. “Cuando me presentaba ante algún padre diciéndole que era periodista, que estaba haciendo un libro y quería comprar a su hijo, que cuánto valía… la mayoría me daba un precio. No hubo ninguno que me dijera que su hijo no estuviera a la venta”, refiere para dar cuenta de cómo empieza el periplo de este negocio.

Walter Tamer, agente de FIFA y representante de Javier Mascherano, jugador del Barcelona, es tajante: “No me manejo con chicos. El tema tiene muchas variantes. Apostás por un jugador durante seis años. Le das todo lo que podés: botines, ropa, viáticos para ir a ver a la familia al interior y después, tal vez no llega a lograr nada importante. Sólo llegó a cuarta división. Le pagaste cuando se enfermó el hermanito, la mamá. El chico aparentaba ser un fenómeno pero en cuarta división, cuando tiene 20 años, queda libre”, ejemplifica este ex futbolista formado en las divisiones inferiores de Boca Juniors. “Otras veces pasa que el pibe realmente es un crack y empiezan a tallar la mamá y el papá. Que se van dando cuenta de que el hijo se destaca y empiezan con las demandas, que cada vez son mayores. Si les das cinco mil no les alcanza. Les da diez mil pesos y tampoco les alcanza, porque ellos mismos van cambiando el estilo de vida. Se mudan de Ramos Mejía a Belgrano, se compran un auto. Mientras tanto, el hijo aún no jugó en primera, tiene 16 años y mantiene a toda la familia. Entonces, en vez de hacerle un bien, le provocás un daño”.

Los padres son parte de este castillo de ilusiones. Meneses ofrece historias de todo el continente latinoamericano. “Me los encontraba en un campo deportivo en pleno día de semana. Están abocados completamente a la carrera de sus hijos. No es fácil hacer a un lado a un tipo que ya dejó todo para estar ahí. En el fondo, el padre es la figura de este negocio. Estos chicos son trabajadores. Hay padres que dejan de trabajar porque el manager le paga el sueldo bajo que percibía en la construcción para que se dedique exclusivamente a cuidar a su hijo, a llevarlo a los entrenamientos. Ese niño, a los 12, no le va a poder decir a su padre ‘me aburrí, quiero ser astronauta’ y dejar el fútbol”.

Aimar Centeno, ganador del concurso Camino a la gloria, obtuvo como premio realizar pruebas en el Real Madrid: hoy juega en el torneo regional de la Argentina. “Es el caso más emblemático de lo descartables que son los chicos. Llegó al Real Madrid, fue recibido por los Galácticos, lo conocían en toda España y en la Argentina. Es la muestra de los que no llegan. Tuvo su oportunidad frente a las cámaras de TV que lo habían hecho famoso y se terminó lesionando en su primera prueba de entrenamiento. Ahora juega en el club de su pueblo, el lugar de donde salió, con la salvedad de que dio una vuelta por el mundo y fue paseado con la autobomba del pueblo como una estrella. Como terminó él, termina la mayoría”.

La maquinaria de consumo acelera la edad de contrato para las posibles estrellas. Lucas Rodríguez Pagano, de extensa trayectoria en el exterior y en clubes locales, tiene un hijo de 7 años codiciado por buscadores de talentos. “Juega en un club de baby de Caballito. Durante los dos tiempos de veinte minutos que dura el partido, los padres son los protagonistas. He visto cosas que no me animo a contar. Hay padres que tienen a sus hijos como mercancías. Y los nenes ni siquiera perciben esta realidad. Tal vez ni siquiera quieran jugar al fútbol. Pero sus padres son capaces de llevarlos al fin del mundo con tal de que se conviertan en futbolistas. En el fútbol infantil podés ver de todo: discriminación, violencia, frivolidad. Todo gira en torno a los chicos que juegan muy bien. Cuando mi hijo tenía 6 años, una persona desconocida se me acercó y me preguntó si no quería llevarlo a jugar a River Plate. Por suerte, puedo decidir que mi hijo juegue para ser feliz, pero en la mayoría de los casos es a la inversa. Los que buscan la felicidad a costa de sus hijos son los padres”, cierra el actual jugador de Tristán Suárez.

Rodrigo Carballo, representante de la agencia de futbolistas Squadra, que funciona en el país desde hace catorce años y tiene una veintena de futbolistas en su cartera, cuenta otras realidades del fútbol argentino. “Antes, cuando yo jugaba al fútbol en inferiores, en los ’80, no existía la presión que hoy ejercen los padres. Hay muchos nenes de doce o trece años que viven con la presión de tener que llevar la plata a la casa porque los padres no tienen recursos económicos. Y a veces los chicos no pueden cumplir con ellos porque no tienen condiciones. O porque el técnico no los pone. En Squadra no agarramos chicos de poca edad, porque si le das un viático de quinientos pesos, se va con el que le da mil. Y si le ofrezco cien pesos más, vuelve conmigo. Es al mejor postor. Yo puedo ver a un chico y en diez minutos me doy cuenta si tiene condiciones o no. Aun así, analizamos el contexto que rodea a ese pibe. Que juegue bien, sí, pero cómo es la familia: el padre trabaja o lo lleva todo el día a entrenar porque lo mantiene el pibe. Ahí ya hay un error: el que labura es el que tiene 13 años”, argumenta Carballo. “Un montón de gente me llama diciéndome que hay un pibe que es una maravilla. Después lo vas a ver y está lejos de serlo. Puede mejorar, pero si tiene demasiada presión, llega a la casa y le preguntan cuánto le pagaron, es muy difícil”, explica.

El programa Potreros, de TyC Sports, a cargo de los periodistas Martín Souto y Cecilio Flematti, muestra cómo se vive el fútbol en los potreros de la Argentina, las historias de vida que lo rodean y los códigos con los que se juega. Consultado acerca de los niños futbolistas, Souto da su perspectiva: “No hay intención de encontrar la joya perdida. De hecho, les bajamos línea a los pibes de que lo que estamos haciendo es un juego, que queremos armar un equipo con los mejores pero con la esencia del potrero. En cuanto al negocio, en la maquinaria del fútbol está todo tan aceitado que no creo que haya rendijas por las cuales se les escape un crack. De haber uno, no hay equipo menor o grande que no lo haya cooptado. Ir a un potrero y descubrir un jugador distinto es casi imposible. Hay clubes de baby donde les pagan a los chicos para que vayan a jugar”, esgrime.

Los grandes clubes de Europa alimentan esta aplanadora de ilusiones. Y Meneses le apunta con el filo de su experiencia al Barcelona Fútbol Club. “El Barça es la trituradora de nuevos talentos futbolísticos, la máquina perfecta que busca a estos chicos. Ahora han bajado a 10 o 9 años. En España, cuando un chico aparece, ellos se admiran cuando se enteran del pasado de esa estrella que están viendo jugar y se asombran de que el fútbol en Latinoamérica se viva con tanta pasión: que muchos niños quieran jugar al fútbol para salir de la pobreza. Ellos no tenían idea. Y en Latinoamérica, muchos no saben los negocios que hay detrás. Hay chicos que trabajan y con los cuales se hace tráfico. Ni la FIFA ni nadie han hecho una reglamentación completa. Hace dos años, dio sanción al TAS. Una semana después, un chico argentino, Leonel Coira, de 7 años, era fichado por el Real Madrid. En el libro cuento el caso de un club holandés que compró a un niño de 18 meses. Es una apuesta real: este niño hizo unas piruetas con la pelota y el video fue visto en YouTube por más de dos millones de personas. Y el club dijo: ‘En una de esas, me sale más barato’. Un chico lleva cinco años viviendo en Italia en un internado del club Brescia. Lo llevó de Chile un representante de niños que lo vio en un semáforo haciendo malabares. Ha jugado sólo en reserva y dice que lo más duro que le ha tocado pasar es haber estado en ese internado. Convive con chicos de Europa del Este, africanos, italianos y latinoamericanos que se están matando por llegar. Todos tienen que volver cada cuatro meses a sus países para renovar su visa. La mayoría de esos chicos no va a explotar, no va a llegar”.

Niños trabajadores simulando que juegan al fútbol. Fantasía. El capitalismo del milagro. Un fútbol sin sol, tapado por sombras.

Acuerdo xeneize y culé

La relación entre Boca y Barcelona no es nueva. Ya en la época de Mauricio Macri como presidente, el club argentino había sellado un acuerdo con los catalanes para la venta de futbolistas. En aquella oportunidad, el Barça tenía la prioridad para quedarse con alguna joya que saliera de la inferiores xeneizes. Sin embargo, al salir el ingeniero de la presidencia y dedicarse a la política (estuvo en el cargo de 1996 a 2007) la relación caducó. Con el triunfo de Daniel Angelici, se reflotó el nexo debido a que Jorge Raffo, a cargo de las inferiores de Boca, mantiene una buena comunicación con La Masía, como se denomina a los juveniles catalanes. En 2012, un enviado del Barcelona llegó a Buenos Aires y otra vez se firmó el acuerdo. El Barça tiene la prioridad de compra de cualquier juvenil que entró en el acuerdo (son unos 30 chicos). Si Boca quiere vender a uno de esos chicos, primero debe avisarles a los españoles. Si ellos quieren llevarse al jugador, tienen la oportunidad de elegir primero.

Opinión

A Mirko se lo llevó puesto
Por Pablo Orsi / Periodista deportivo

Terminó el entrenamiento y nos fuimos al vestuario en Malo, una ciudad perdida en Vicenza, amiga del frío. El silencio de Mirko en la ducha no llamó la atención. El yugoslavo era callado. Desgarbado, de talento tímido y extrovertida pegada, se había ganado la titularidad. En 1998, en un equipo semiprofesional de Italia los sueños estaban claros; no así la chance real de poder cumplirlos. Las liras alcanzaban para comer, el alquiler y algunos gustos. Tener 18 y que te pagaran para jugar al fútbol te animaba a pronunciar “mamá, llegué”. A Mirko lo había detectado en Belgrado un cazatalentos que lo llevó al “calcio”. Lo contrató Villaverla Fútbol Club, más empujado por su entusiasmo que por los contactos de un representante que se lo había olvidado en un hotel. Todos se habían terminado de cambiar y Mirko seguía con la toalla en la cintura. Después de miradas perdidas y lágrimas, vomitó su relato. “Hace 6 meses que no hablaba con mi familia. Lo pude hacer recién hoy. Somos muy humildes y la guerra complicó las cosas. Mis hermanos tienen que hacer kilómetros para usar el teléfono. Yo no sabía que mi abuela estaba enferma. Murió en octubre. Ella me crió. ¿Qué mierda hago corriendo detrás de una pelota por unas monedas si lo único que tenía ya no está?”. No le dije ni chau. No lo volví a ver. Se fue esa misma noche. Cargó en el bolso algunos goles, recortes de diarios locales y el placer de haber “vivido” de la redonda.
Le pasó como a la mayoría: a Mirko no lo tocó la varita de la excepción a la regla. Él se llevó lo puesto. El fútbol se lo llevó puesto.

Números de la tentación

18  meses tiene el jugador más joven del mundo, fichado por un club holandés.

200  Dólares puede pagar un buscador de talentos por una joven promesa.

3000  millones de dólares por ventas de jugadores se registraron en 2012.

1  por ciento de los futbolistas menores alcanza el éxito.

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