Se trata siempre de princesitas adolescentes que el mundo Disney quiere mantener congeladas –Walt es un ¿vivo? ejemplo– en la inocencia, con una imagen angelical de sonrisas inmaculadas. Pero las chicas pop de Disney quieren rock. Lindsay Lohan, Christina Aguilera, Britney Spears, Demi Lovato (hasta se podría incluir el controversial caso del video porno de la argentina Chachi Telesco), todas en algún momento dieron su salto a la industria adulta con actos catalogados como “rebeldes”, “vergonzosos” o “desafiantes”. Alcoholismo, besos lésbicos, drogas, rehabilitación y videoclips con desnudos se repiten en las estrellas del mundo mágico. La última fue Miley Cyrus, de 20 años, que el 25 de agosto causó revuelo en su participación en los premios de MTV y ahora rompe récords con su nuevo videoclip “Wrecking Ball”, donde se la ve casi desnuda.
La princesa que quería rockear
Miley nació en Nashville en 1992, hija del cantante de country Billy Ray Cyrus. Se hizo famosa en el 2006 con la serie de Disney Channel Hanna Montana. Nominado cuatro veces a los Emmy, el programa derivó en conciertos y películas. Miley lo protagonizó junto a su padre, que hacía también de su progenitor en la ficción. Hasta ahí, todo era un cuento de hadas. Aunque Miley daba entrevistas en las que sostenía que una de sus mayores influencias musicales era Britney Spears, en 2009 aseguraba: “Britney ha estado en el ojo de la tormenta. Trataré de que no me pase lo mismo”. No lo logró. En diciembre de 2010, luego de grabar La última canción –película que algunos marcan como exitosa inflexión hacia la industria adulta–, apareció un video de su cumpleaños 18. Miley estaba fumando en pipa salvia divinorum, droga legal en California. No sólo ella fue criticada sino también su padre: “Tendría que haber dicho, antes de que todo eso destrozara mi vida, que hasta aquí habíamos llegado y cortar todo aquello”, declaraba Billy Ray sobre la serie Hanna Montana, su éxito y su rol como padre de Miley.
En pocos años, la carrera de la cantante fue cambiando como sus referencias: su cercanía a Jesús la olvidó en un tweet que llamaba a olvidarse de él. Sus influencias, según manifestó, pasaron a ser bandas como Nirvana o Beth Hart. Pero todo llegó a su máxima expresión durante el último mes. En los premios MTV Music Awards 2013, junto a Robin Thicke, la actriz y cantante bailó en ropa interior y realizó gestos considerados por muchos como obscenos. La Parents Television Council acusó a MTV y a Cyrus de fomentar en los jóvenes que “la única forma de rebelarse es siendo activos sexualmente” y la revista Vogue le negó una prometida portada. “Madonna lo ha hecho, Britney lo ha hecho… Eso es lo que estás buscando, hacer historia”, declaró Miley mientras sumaba 220 mil nuevos seguidores en Facebook y 213 mil en Twitter.
Esta semana, rompiendo un molde caduco de “chica bien”, estrenó el videoclip “Wrecking Ball”, el segundo sencillo del disco que lanzará el 8 de octubre, Bangerz. Básicamente es Miley desnuda y modulando arriba de una enorme bola de demolición. Con 50 millones de visitas, ya se está reproduciendo de manera viral, así como sus comentarios. Una nueva princesa que, emulando a sus antecesoras, protagoniza la historia que Disney nunca quiso escribir.
Revista XXIII