Cómo la maquinaria represora hizo fugar a dos de los suyos
En el Penal de Chimbas ya se ufanaban ante los internos ordinarios de tener listo los pasaportes. Se terminaron fugando de un hospital militar porteño en medio de un completo hermetismo, donde llegaron haciendo uso de los beneficios legales que les da la democracia.
Por Gustavo Martínez Puga
Además, Olivera y De Marchi volvieron a entrar en la historia negra argentina: se transformaron en los primeros represores del país que se fugaron cuando ya estaban condenados.
En el Penal de Chimbas habían montado un operativo especial el 4 de julio, cuando fueron condenados por el Tribunal Oral Federal en el edificio del Rectorado de la UNSJ: es que entre los internos estaba la versión de que se iban a escapar.
Ya en febrero hubo revuelta de internos en el Penal de Chimbas y los guardias lo atribuyeron a un agite de los ex militares. Ahora creen que estaban midiendo cómo reaccionaban los guardias ante la presión y ver si así se podían fugar cuando fueran trasladados al juzgado, donde la seguridad en el traslado iba a estar reducida.
Entre los internos era vox populi que tenían los pasaportes listos para la evasión. Se los hacían saber con total impunidad a los presos ordinarios, a quienes también siempre les llamó la atención que entre los represores detenidos se seguían manteniendo las jerarquías, según lo notaron en el trato entre ellos, donde Olivera seguía siendo tratado como el máximo jefe, como cuando manejaba el RIM 22 como oficial de Inteligencia.
Para las máximas autoridades de la Justicia Federal de San Juan, del Penal de Chimbas, del ministerio público federal, como también para las víctimas de la dictadura -desde el gobernador José Luis Gioja hasta la jueza de Ejecución Penal Margarita Camus-, la fuga de estos dos represores se produjo gracias a que la maquinaria represora volvió a funcionar.
Esto es: hubo un plan para salir de San Juan, llegar al Penal de Marcos C. Paz y de ahí al hospital militar, donde deben haber contado con apoyo para poder evadirse con una frialdad escalofriante. Por dónde se fueron, quiénes les ayudaron a salir del hospital, qué estaban haciendo los guardiacárceles, cómo se movilizaron una vez que se escaparon… son algunas de las preguntas que aún no encuentran una respuesta.
Pero los investigadores del fuero federal sí tienen claro una cosa: nada de eso se podría haber hecho sin la ayuda civil o militar externa. Más allá de la responsabilidad de los guardias, las cuales están siendo investigados por el juez con jurisdicción en el lugar de la evasión, debieron contar con alguien que les hiciera inteligencia, que los apoyara con la logística, que los asistiera una vez fugados. Y en todo esto los investigadores judiciales locales del fuero federal dejan de lado la cuestión económica, ya que Olivera y De Marchi tienen un muy buen pasar económico.
Además, en la justicia federal local precisaron que nunca se debió subestimar a los dos represores condenados, teniendo en cuenta que en muchos cuadros de las fuerzas armadas “se los sigue considerando como uno de los suyos”.
Por ahora, quienes están en el centro de esta histórica fuga son los guardias del Servicio Penitenciario Federal Móvil, la entidad que depende del Ministerio de Justicia de la Nación que se hace cargo de los traslados de este tipo de criminales.
Desde la forma en que anoticiaron de la fuga de los dos represores al Juzgado Federal N°2 de San Juan, ya despertaron la bronca: mediante un fax de una carilla recibido a las 20.13 horas del día jueves 25 de julio, a sólo tres semanas de que Olivera y De Marchi fueron condenados, informaron a las autoridades judiciales sanjuaninas que los represores se habían evadido del interior del hospital militar porteño. No hay un detalle más: ni hora, ni la forma ni nada.
A las 21 horas, Leopoldo Rago Gallo ya había liberado un pedido de captura nacional e internacional, y había informado hasta la Interpol.
Olivera y De Marchi habían llegado al Servicio Penitenciario de Marcos C. Paz haciendo uso del beneficio que les otorga la ley 24.660. Habían justificado el traslado desde Chimbas a ese penal militar argumentando “acercamiento familiar”, tal como lo prevé la legislación.
En el caso de De Marchi, lo hizo argumentando que había fallecido una hermana repentinamente y que tenía allí a su familia. En el caso de Olivera, quien pidió volver a la Unidad 34 de Campo de Mayo –donde estuvo preso hasta que lo trajeron para el juicio- argumentó tenía en Buenos Aires a su esposa y que a su madre de 87 años, quien vive en Misiones, le resultaba más cómodo poder visitarlo en el penal bonaerense.
Así consta en el expediente, donde está el oficio por el que fueron autorizados por el Juzgado Federal N°2 de San Juan, quien dijo “no tener oposición” que se produjera el traslado durante la feria judicial de invierno, tal como había ocurrido en otras oportunidades, siempre que el Tribunal Oral Federal no se opusiera.
Olivera y De Machi dependen del Juzgado Federal N°2 porque tienen causas abiertas por otras denuncias de delitos de lesa humanidad. Incluso, por ese motivo, en ese juzgado le rechazaron el pedido que ambos represores habían hecho de un “traslado definitivo” a los penales militares de Buenos Aires. Y autorizaron a que fueran trasladados sólo durante la feria judicial, por lo que debían retornar esta semana.
Además del Juzgado Federal N°2, ambos represores también dependen del Tribunal Oral Federal que los condenó, porque esa pena aún no está firme.
Además, en el punto 11 de la sentencia del Tribunal Oral dice que los dos represores tenían que cumplir condena en el lugar más cercano a donde tengan su residencia, esto es, Buenos Aires. Por lo tanto, “nosotros estábamos ejecutando lo que el Tribunal Oral Federal ya había dispuesto”, informaron en el juzgado federal.
Como un motivo secundario al “acercamiento familiar”, Olivera y De Marchi habían argumentado en su pedido de traslado poder ser atendidos en el Hospital Militar Central. El Juzgado Federal N°2 volvió a decir que, como dice la ley, no había ninguna objeción, siempre que el Servicio Penitenciario Federal garantizara el traslado y que el Tribunal Oral Federal no tuviera objeción, según consta en los oficios con los incidentes de los traslados.
Olivera y De Marchi mostraron en sus pedidos tener los turnos médicos, los dos juntos, el día jueves 25 de julio, a las 10 horas. Olivera pidió turno para ser vistos por varios médicos, desde un dermatólogo hasta por un siquiatra. Y De Marchi tenía turnos desde con traumatólogos hasta con un sicólogo.
Pero todo era mentira. Ese turno para las 10 de la mañana en el Hospital Militar Central ubicado en Palermo fue la puerta para la fuga. Recién a las 20 horas informaron en San Juan que se habían evadido. Hoy nadie sabe dónde están. Y pesa sobre ellos una recompensa de 2.000.000 por cada uno.
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