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sábado 4 de abril de 2026

Buenos Aires

El fuego se llevó a una madre y sus gemelos

La explosión de un caloventor en una humilde casa mató a dos hermanitos de siete años. La mamá de los chicos también falleció.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Ezequiel y Benjamín tenían siete años y llevaban una vi­da feliz, en medio de las ca­rencias que la humildad provoca. Vivían con sus tres her­manitos menores, su mamá y su papá en una casa construida de madera y ma­terial en Berazategui.

En las primeras horas de ayer, todo se desvaneció para la familia. Un incendio lo destruyó to­do. La mujer estaba sola con sus hijos e hizo todo lo posi­ble para protegerlos. Tres de los chiquitos fueron sacados, ella y sus hijos mayores no lograron salvarse. Un montículo de cosas que­madas en la puerta de la ca­sa, ubicada en calle 12 a metros de 113 en el barrio Ar­gentina de Berazategui, anunciaban cual había sido el lugar de la tragedia.

En la puerta, los vecinos se acerca­ban a ayudar y a consolar. Aden­tro, el padre, Héctor Pignetto, y el resto de la familia. “Los bom­beros dijeron que explotó un calo­ ventor”, le conta­ron a Crónica los allegados a la familia. El siniestro ocurrió a las 3.00 de ayer en la casa, donde una falla en un caloventor inició el fuego que mató a Ja­neth, de 28 años, y a los gemelos Ezequiel y Ben­jamín, de 7.

“El papá trabaja de noche, por eso no estaba”, agregaron los veci­nos. Desesperada, la mujer hizo todo lo que pudo para cuidar a sus hijos. Primero salvó del fuego a los más pe­queños, de 2, 3 y 5 años, pero cuando volvió por los mayo­res, “no logró abrir la puerta desde adentro” y los tres quedaron atrapados. Rápidamente las llamas consumieron la casa de ma­terial y madera y mató a la madre y a sus dos hijitos.

El padre de los nenes esta­ba desconsolado. En la tarde de ayer seguía cargando una vieja carretilla con todas las cosas que ya no servían. El abuelo de los chicos, con las manos vendadas “por las quemaduras”, ayudaba en lo que podía. Todo el barrio se había uni­do. Cada vecino que llegaba entregaba sus condolencias a Pignetto y al resto de la fami­lia. Nada fue suficiente, el dolor que sentían en lo más profundo del corazón fue imposible de disimular. Sus ojos vidriosos dejaban ver que mucho habían llora­ do por una pérdida tremen­ da e irreparable.

(Fuente: Crónica)

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