Comisaría en Salta: Epicentro de una guerra entre policías y menores
La violencia recrudeció en Abraham Balut luego de la inauguración del destacamento. Los adolescentes, algunos con antecedentes, agredieron a pedradas la sede policial. Los agentes salieron a la calle a vengarse de los chicos.
El flamante destacamento debía imponer el orden en este barrio conflictivo de Orán. Desde hacía algunos años, al menos dos grupos de jóvenes, en su mayoría menores, se disputaban el territorio de manera violenta. Las fuentes consultadas explicaron que, por el momento, el refuerzo de la seguridad sólo logró que los pibes dejaran de lado sus diferencias y se unieran contra la policía, que reprime a todos los chicos sin distinciones, sean delincuentes, o no.
Elizabeth Núñez tiene 38 años y es de origen guaraní, como tantas familias del lugar. Su hijo fue una de las dos víctimas que en la madrugada del viernes 3 de mayo fueron salvajemente reprimidas.
Según contó a Tiempo Argentino, todo comenzó por la noche, "cuando a eso de las 22 un carro de asalto de Infantería frenó de golpe en la esquina donde estaba mi hijo. Se bajaron varios efectivos y les dispararon balas de goma. Entonces, al escapar, los chicos agarraron piedras y se las tiraron a la policía."
La situación no era diferente a la de otras noches. Mientras los agentes se replegaban, los pibes recuperaban la esquina. "Eso pasó como cinco veces", explicó la madre de A.P., de 15 años, "hasta que alrededor de las 3:30, José, otro de mis hijos que volvía de bagallear –pasar mercadería de un lado a otro de la frontera– le dijo que se dejara de joder y que se metiera adentro", agregó.
"A. entró a mi casa. Botó la coca que mascaba, se lavó los dientes y se acostó", continuó Núñez, para quien su hijo es diferente a la mayoría de los adolescentes de su barrio porque "por suerte, no es adicto al paco".
A las 8 de la mañana la batalla continuaba. Uno de los amigos y vecino de A.P., también de 15 años, intentó escapar de la policía y se escabulló por los fondos de la casa de Núñez, en 9 de Julio y Los Cedros.
Cansados de recibir piedras y decididos a dar un escarmiento, los efectivos se metieron en el terreno y lograron detener al chico. Además, fueron a la habitación donde dormía A.P., lo levantaron bruscamente de los pelos, lo sujetaron del cuello y comenzaron a golpearlo. La familia no sabe en realidad cuántos policías entraron. "Quizá eran siete, pero seguramente eran más", dijo Elizabeth.
Núñez vio cómo arrojaron a los jóvenes al furgón de la Infantería y los seguían golpeando. Ella, su marido y su nuera también sufrieron una paliza. La mujer recién volvió a saber de su hijo a la tarde, cuando dos trabajadores de una ladrillera llamaron al 911 al encontrarlos deambulando sin orientación en un basural, a varios kilómetros de sus casas. Estaban semidesnudos y casi inconscientes.
"No era la primera vez que le daban una paliza –continuó la mamá–. Generalmente, me lo devolvían a las dos o tres horas. Nunca hicimos denuncias por miedo. Pero ese día me la pasé yendo y viniendo a la Comisaría 20ª, al destacamento, al hospital y a los Tribunales. Nadie sabía nada. Estaba desesperada."
Ya en el hospital local, Núñez se encontró con su hijo "hecho un desastre. Lo habían molido a golpes. No tengo dudas de que lo querían matar", señaló.
"Cuando pedí explicaciones en el destacamento, los policías me dijeron que lo tendrían que haber tirado al río", añadió.
"Se ve que los policías estaban 'machados' (borrachos) porque, además de pegarles palazos por todos lados, los bañaron en vino. Mientras los golpeaban, los efectivos les exigían que los trataran de señor y que se los dijeran en voz alta", señaló la madre del chico.
LAS DETENCIONES. La jueza de Instrucción 2, Norma Vera, detuvo ese mismo día al sargento Ignacio Romano, a los cabos Miguel García, Darío Villafañe y Américo Arce; y a los agentes Aníbal Tapia, Juan Huertas y Nelson Farfán. Si bien en un principio fueron acusados de privación ilegítima de la libertad y apremios ilegales, hace pocos días la causa fue recaratulada como torturas, delito por el que se prevén –en caso de una condena– penas mayores.
PUEBLO DIVIDIDO. La reacción a los arrestos no se hizo esperar. Una decena de vecinos del barrio y familiares de los policías se movilizaron por las calles de Orán para exigir que los imputados fueran excarcelados.
Según reflejaron los medios de prensa locales, los manifestantes pidieron que la justicia "le suelte las manos a la policía para poder actuar ante los menores delincuentes que entran por una puerta y salen por la otra".
Con vehemencia y furia controlada, los allegados de los detenidos escracharon la casa y el estudio del abogado querellante, Hernán Mascietti, y de la jueza Vera, a quien le pintaron el frente de su domicilio particular y en una oportunidad también le rompieron los vidrios de una ventana.
En medio de una de las protestas en su contra, la jueza justificó las detenciones al explicar que "la gente debe entender que la justicia es imparcial, y puntualmente en este caso hay elementos probados para que el proceso continúe con la presunción de culpabilidad de los efectivos".
Con respecto a la situación de los menores que presuntamente delinquen en el barrio y agreden a la policía, Vera opinó que "no pueden ser exclusivamente objeto del derecho penal ya que el Estado debe velar por el contexto social de los chicos como la educación".
(Fuente: Tiempo Argentino)
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