Estela Carlotto y el "Chino" Navarro: dos miradas distintas sobre Francisco I
Estela de Carlotto sostuvo que el Papa Francisco “pertenece a la Iglesia que oscureció al país”. Para Navarro, es un compañero en la lucha contra la pobreza. Dos miradas distintas de dirigentes "del mismo palo".
Lógicamente, ahora es Papa y hay una especie de satisfacción porque la Argentina figura ahora como país civilizado, conocido y reconocido. Siempre fuimos los del Tercer Mundo y ahora hay un argentino que va a guiar los pasos de la Iglesia en los próximos años.
Esa satisfacción nacional confunde un poco. Uno razona que Bergoglio nunca habló ni se nos acercó a las Abuelas para ayudarnos. Ha ayudado en otros temas, muy lacerantes, pero no el nuestro.
Hay un desconocimiento de sus cualidades humanas salvo de las que nos enteramos por terceros. Nos sentimos muy desamparadas por la jerarquía de la Iglesia.
Soy propensa a pensar que la Justicia tiene que llegar. Él no está condenado, ha sido llamado como testigo, no está imputado. No somos quienes para aventurar una condena previa. Hay que ser muy cauteloso. Como por naturaleza nos inclinamos a dar un voto de confianza, damos un voto de confianza en esta nueva misión, que ha empezado con mucha humildad.
Un compañero de ruta en la lucha contra la pobreza
Por el "Chino" Navarro
Desde el punto de vista político-institucional, analizando el rol de la Iglesia en el mundo y teniendo en cuenta el dato excluyente de que Jorge Bergoglio es argentino, la elección del Papa Francisco, quien era hasta hace poco tiempo arzobispo de Buenos Aires, es un dato positivo. Su elección intenta acercar a una Iglesia que en los últimos tiempo ha estado lejos del pueblo, de los humildes y de los pobres, para llevarla hacia la opción de Cristo.
Durante el desarrollo de su actividad pastoral en nuestro país, Bergoglio lo hizo en clara opción por los pobres: trabajando junto a los cartoneros para construir dignidad, apoyando la lucha de curitas, laicos y militantes que enfrentaban al paco en barrios muy críticos o acompañando campañas contra el trabajo esclavo. Esa opción por los pobres nos hace tener la esperanza de que puede comenzar una nueva etapa en la Iglesia a la que pertenecemos; para que lo que se diga, se acerque a lo que se realiza efectivamente. En ese sentido, tenemos una esperanza con el Papa Francisco.
Sería deshonesto no mencionar que con el flamante Papa hemos tenido disidencias en lo que respecta al trajinar de la dinámica coyuntural de la política argentina. Sin embargo, en momentos en que nos hemos reunido recuerdo las coincidencias en relación con la Ley de Medios, la Asignación Universal por Hijo o las medidas que el gobierno de Néstor y luego Cristina desarrollaron para bajar los índices de exclusión y pobreza; esas coincidencias nos permiten considerarlo un compañero de ruta en la lucha contra la pobreza.
Hoy Francisco es el Papa de todos nosotros y vamos a rezar para que Dios lo ilumine y pueda cumplir su cometido y para que –como dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner– en el mundo haya paz, justicia, no haya más pobreza y que los poderosos entiendan que el mundo tiene que ser inclusivo, justo y que todos tenemos que participar desde la igualdad y la dignidad. Seguramente vamos a acompañar su lucha en esta dirección.
Increíblemente algunos sectores de la política argentina buscan embanderarse detrás de la designación de Jorge Bergoglio como el nuevo Papa, tratando de tomarlo como un instrumento de la oposición. Pero hay un dato que los aleja definitivamente de él, y es que si bien Bergoglio pudo tener coincidencias y diferencias con el gobierno de Néstor y luego con el de Cristina, hay una gran coincidencia que los une: su lucha contra la pobreza. Contrariamente la mayoría de los dirigentes opositores –salvo algunas excepciones– están aferrados a los poderosos, a los ricos, a los que tienen privilegios. Nunca entendieron a Bergoglio, creyeron que era un instrumento de la política coyuntural y no visualizaron que la opción de la propia Iglesia, de los evangelios y el compromiso cotidiano que desarrollaba el arzobispo en Buenos Aires y en el área metropolitana era a favor de los pobres, y no de los ricos.
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