Realizan en Malvinas el plebiscito armado desde Londres
Las expectativas de quienes viven allí y del gobierno isleño del Reino Unido apuntan a lograr un 100% a favor de continuar como colonia Británica.
El plebiscito buscará reflejar el presente de los 3000 habitantes que viven a decenas de miles de kilómetros del reino cuya nacionalidad reclaman, pero a escasa distancia del territorio continental más próximo que, esta vez, rechazarán a través de un detallado operativo electoral que comenzará hoy a las 8 de la mañana, con un centro de campana en el corazón de la ciudad, cuatro puestos móviles y dos aviones que llegarán a los rincones mas inhóspitos de la isla para recibir votos.
"Será mucho más que una puesta en escena, aunque a ustedes los argentinos les duela, pero sólo queremos reafirmar que somos británicos. Yo me siento británica y no pretendo ofender por eso a los vecinos del continente", dijo a este diario, con inesperada amabilidad, una funcionaria del gobierno isleño, dentro de la estrategia elegida por Londres para descontracturar a los kelpers ante el mundo. También para sostener el "principio de autodeterminación", un concepto que las Naciones Unidas no reconocen para las Malvinas, aunque sus habitantes ratificaran, quizas en forma unánime, su condición de "territorio británico de ultramar".
La búsqueda del 100% en el referéndum puede sonar previsible para el visitante extranjero, pero resulta estratégico para los kelpers, su gobierno isleño y el Foreign Office, cuya embajada en Buenos Aires se amparó en el tradicional "wait and see", frase inglesa que en castellano significa "esperar y ver", hasta que llegue el resultado final de la votación y dirigir, desde la Corona Británica, un nuevo mensaje sobre las Islas.
El último intento público de la diplomacia británica sobre Malvinas, antes del referéndum, ocurrió hace 15 días, cuando el canciller inglés William Hague, buscó el apoyo de los Estados Unidos para la nueva ofensiva plebiscitaria, pero el nuevo jefe del Departamento de Estado John Kerry, no convalidó públicamente el referéndum. "No hay novedades, no sabemos por qué tanta sorpresa, si la posición de Washington sigue siendo la misma desde hace años, y tampoco esperábamos que cambiara ahora", justifican desde la representacion porteña del Foreign Office, ante el desplante de la segunda administración de Barack Obama por el plebiscito.
Con esos obstáculos por delante, y sin el visto bueno del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, la votación de los 1650 isleños tendrá el monitoreo de la Misión Internacional de Observación del Referendo (MIOR), para "determinar si el voto es libre, justo y representativo de la voluntad de los isleños".
"Queremos dejar en claro que la misión es totalmente independiente del gobierno de las Falklands", aclaró ayer Christie, bajo los techos a dos aguas del Town Hall, un edificio de dos plantas que desde hoy sera el epicentro de la consulta electoral, bajo la bandera británica y el estandarte colonial de las Malvinas. "No es que sea un voto cantado, pero este es territorio ingles", explicaron desde la oficina del gobernador isleño Nigel Haywood, que será reemplazado a partir de abril por Colin Roberts, según aunció Londres a fines de diciembre.
El referéndum será la última tarea de Haywood antes de su partida, prevista para un mes que, desde el 2 de abril de 1982, encierra un enorme simbolismo para una población muy reactiva frente a la Argentina.
"Sé que Argentina no respetará nuestros deseos, ellos dicen que no existimos pero claro que existimos. El domingo y el lunes vamos a tener ese referéndum para ejercer nuestro derecho a la autodeterminación", repitio Dick Sawle, uno de los cuatro miembros de la Asamblea Legislativa. Ayer, en la previa de la votación, se esperaba la presencia de los representantes del parlamento de "las Falklands", aunque el anuncio y los detalles del proceso que comenzará hoy, quedó en manos del joven Christie, que con una actitud "poolite", y bien "british", atajo todas las preguntas de la prensa.
La respuesta desde Buenos Aires no se demoró, y la Cancillería argentina acusó a Gran Bretaña de tener "una actitud claramente demostrativa de la falta de fundamentos para sus pretensiones, y carente de buena fe, cambiando la definición que el derecho internacional hace de esa controversia. Consciente de su aislamiento internacional en relación con Malvinas, todo indica que el Reino Unido intenta tergiversar la controversia antes que resolverla."
Solo fue el prólogo de la votación, y el cierre de una campaña inusual en el inhóspito Atlántico sur, que iba a ser protagonizada por una caravana de camionetas que recorrerían "Port Stanley" con banderas tapizadas con la palabra "Yes". El anticipo del frío antártico, propio del ocaso del verano malvinero, les empañó la largada del referéndum, pero nada impidió que, a pesar de la tormenta y el frío, la bandera colonial flameara, sin impugnación alguna. El anticipo de una puesta en escena, que arrancará hoy a partir de las ocho y tratará de concluir antes que la convulsiva agenda global los deje, otra vez, en los rincones de la insignificancia. Salvo para la sociedad argentina, como una vieja herida abierta y contradictoria que, desde el martes, reclamará nuevas respuestas.
(Fuente: Tiempo Argentino)
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