POR GUILLERMO POSADA
El hijo de la Mona: “Van a venir cambios”
Una multitud policlasista unificada bajo el repudio al ya famoso Código de Faltas, herramienta que los comisarios utilizan discresionalmente para llevar a cabo decenas de miles de detenciones al año, bajo único influyo de su propio criterio.
Ya son siete años de caminar los 20 de noviembre. Pero en este 2013 se rompieron todos los récords, duplicando la cantidad de gente que participó el año pasado. La Marcha de la Gorra se convirtió en la segunda movilización de Córdoba con más convocatoria después de la que se realiza el 24 de marzo.
Y no es poco. Carli Jiménez se sumó en esta última edición, convencido que los motivos son lo suficientemente válidos para arriesgar, por su propia cuenta, el apellido más noble del mundo cuartetero. El hijo de La Mona, o directamente Jiménez como le dicen sus miles de seguidores, no duda: “me quedó la impresión de haber estado presente en un hecho importante. Pensé: ‘van a venir cambios, sin dudas’, por más que los medios hayan apuntado sólo a remarcar las pintadas en la Catedral, intentando tapar la envergadura de la movilización y queriendo ensuciar lo que pasó en Córdoba. Pero yo creo que la gente ya no come vidrio y sabe cuáles son los medios afines a ciertas direcciones políticas y eso despierta un poco las cabezas”.
Durante la charla relajada que mantuvo con Veintitrés, al día siguiente de la marcha en el estudio de grabación que la Mona levantó al lado de su casa, en el Cerro de las Rosas, Carli describió con tono pausado su propia visión sobre la realidad del público cuartetero, el compromiso de los artistas con una causa digna y la manipulación que realiza el poder político en Córdoba con la musica popular. Carli tocó con su banda de cuarteto al final de la movilización, que los más mesquinos calcularon en 15 mil personas.
-¿Cuáles fueron tus sensaciones a nivel interno cuando termino la marcha y el recital?
- Me sentí descargado, después de ver los ojos de los chicos organizadores, que llegaron a este momento con un año de trabajo para lograr el objetivo. Y se consiguió un aval impresionante en la pelea por sus derechos. Con sus amigos y sus artistas acompañándolos. Los pibes estaban felices y yo me sentí contagiado de esos sentimientos, de ese éxtasis, esa adrenalina y me sumé a su triunfo. Es difícil no sensibilizarse por el momento.
-¿Cuál es el aporte de un artista a una causa de esta dimensión?
- El hecho de estar presente, ya fija una posición, después subís otro nivel cuando en tu recital hacés mención a lo que pasa y llamas la atención a la gente. En otro escalón están tus canciones, donde hablas sobre el tema y te comprometés artísticamente. En mi caso veo que mucha gente no está enterada que es el Código de Faltas porque no consume medios de información que se lo expliquen. De refilón ven que los meten presos a sus amigos del barrio o a ellos mismos, pero en el guetto esta eso de ‘de cabía’, no hay un cuestionamiento.
-¿A qué le adjudicás esa conducta?
- A que no se llega a entender la estructura de lo que sucede. Desde mi lugar veo que muchos pibes empiezan a cerrar la idea cuando escuchan las canciones. Me pasa con los pibes que me siguen, que empiezan a ver otras cosas con las publicaciones que hacemos en el facebook. Hay grupos que se querían sumar a la marcha, pero no sabían porque nunca habían ido a una y les surgían dudas. Me decían ‘son todos hipis. ¿Cómo nos van a ver a nosotros? Yo soy cuartetero, soy de barrio’ (risas). Cuando terminó la marcha estaban muy entusiasmados. Lo charlamos y yo les decía que tienen que estar porque es por ellos, por sus amigos, por la familia, por todos. El público del cuarteto no está informado de qué sucede realmente con el Código de Faltas.
-¿Cómo fue tu propia aproximación a la problemática?
-Por amigos de la música, del colegio, por mí mismo que sin llegar a estar detenido siempre lo tuve cerca. Hay cosas que te impactan porque te pegan directamente como le paso a un pibe que se llama ‘Pini’, el presidente del club de fan de Carli Jimenez, un chico que siempre viene a mis bailes.
Una noche, cuando había terminado un recital, lo veo desde el auto que estaba en la vereda con un grupo de policías que lo cachaban y lo llevaban detenido. Le pregunté al oficial que estaba a cargo y me dijo que no pasaba nada y que en dos horas lo largaban. Pero al día siguiente, a la noche, me llaman para decirme que no había salido. Nos pusimos a averigüar y ni siquiera había registro de ingreso en la UCA. Por eso le pedí a mi cuñada abogada que se viera donde estaba y a los cuatro días finalmente salió por algunos contactos que tenemos. Cuando lo vi, el pibe lo tenía asumido de forma natural y ahí me cayó la ficha de que esto es jodido.
-¿Tu canción ‘El Merodeador’ nace por una situación particular?
-Fue a partir de otro caso cercano. Un viernes detuvieron a una pareja en una moto que, después de sacarse una foto conmigo en el frente de la casa de mi viejo, se había parado a un par de cuadras de acá. Estaban en una esquina y se los llevaron por la llamada de un vecino. Cuando me entero, los pibes me dicen ‘… y bueno, no somos del barrio’. Aparece esto de las fronteras barriales de donde no se puede salir y si lo hacen pareciera que está bien que los detengan por no estar en su zona. Los pibes no se quejan porque hay mucha sumisión y es muy grande la bajada de línea a nivel social que genera el sometimiento psicológico para convencerlos de que son culpables de no estar en su sector y que está bien que sean detenidos.
A partir de eso escribí ‘El Merodeador’, empezando un camino que empezó a fines del año pasado. Me contacté con gente que conoce del tema, que lo sufre y me fue informando, me trajeron libros… y una vez que entraste no podes salir. Mi próximo disco tiene mucho que ver con todo esto.
El hijo del prócer. Ser hijo de la Mona Jiménez en Córdoba no es fácil y sus posiciones no pasan desapercibidas. Pero Carli decidió hace rato buscar su propio camino, tomando la herencia pero dándole el sentido que se dispara a partir de sus propios instintos.
-¿Cómo ven tu papá y el círculo de gente que siempre estuvo a su alrededor tu posición respecto al Código de Faltas?
- Y… como mi viejo siempre tiró buena onda en sus canciones, cuando uno empieza a bajar línea con las letras algunos se ven amenazados. Pero yo no quiero sentirme parte de un placebo que se le vende a la gente sin contarle a la gente que, en realidad, se la puede pasar ‘mortal’ pero que también debe saberse que pasan cosas que no están bien.
-La Mona ya venía tratando en algunas canciones estos problemas.
- Sí, y esa es la parte de su carrera artística que yo más rescato. ‘El marginal’, ‘El federal’, ‘Mate cocido’ son temas que tienen contenido. El cuarteto de Jimenez viene de la época de la dictadura cuando estaba perseguido. Incluso con canciones de doble mensaje, como ‘cortate el pelo cabezón’, donde trataba de eludir la persecución como le pasó a muchos otros músicos de aquellos tiempos. Y yo creo que no estoy lejos de eso.
-¿Él te banca en esta postura que tenés?
- Y… hasta ahí. Porque como padre se preocupa por los riesgos que implica. Pasa que después de empezar a hablar de este tema tuve alguna amenaza implícita de algún policía.
-¿Cómo pasó?
- En la salida de un baile en Sargento Cabral una banda mató a un pibe por una bronca previa que se venía arrastrando. Cuando me enteré hice un llamado de atención en otro baile, para que paremos con esta cuestión violenta, de quién es más guapo, de patoterismo. Se empezaron a armar marchas para pedir justicia por el pibe muerto y la policía en vez de prevenir esas situaciones empezó a hacer correr la versión que mis bailes son violentos. Claro, con mi viejo no se pueden meter y por eso me apuntaron a mí.
Varias veces vino un policía a decirme que tuviera cuidado porque la familia del pibe muerto me quería hacer algo, pero cuando fui y hablé con esa gente confirmé que no tenían problema conmigo y que eso era algo armado por la propia policía para meterme miedo y para que deje de hablar de esas cosas.
Porque en todo caso, como policías tendrían que investigar quien me quiere hacer algo en vez de venirme a decir ‘anda con cuidado y no salgas de tu casa’.
-Empezaste a tener una mirada sobre la cuestión policial.
-Igual digo que no está bueno generalizar. Tengo amigos policías que son buena gente, laburantes, que vienen de familia de policías y se quieren morir por este tema del narcoescándalo.
-Se han producido muchas denuncias de policías, apuntando a los comisarios porque los obligan a detener gente para ‘hacer número’ o llevar planillas.
- Esto viene desde la dictadura. Nunca cambió. En esa época los que te venían a decir que tengas cuidado después te secuestraban, es un modus operandi.
-¿Y para dónde tendrían que ir los cambios?
-No hablo de política porque me interesa más el cambio social. Es fácil criticar pero después seguimos votando a los mismos y esos políticos son el reflejo de lo que somos. El problema no es el Código de Faltas en sí, porque no es un monstruo sino una hoja de papel. El problema es que tiene mucho aval y se alimenta de los corazones vacíos de mucha gente que se siente segura a costa de denigrar, humillar y limitar la vida de otros, basándose en los prejuicios. La revolución viene por la sociedad, preguntándose qué Córdoba queremos. Una donde pocos se sientan seguros a costa de eliminar una cultura. Porque hay que preguntarse a dónde vamos con esta situación. ¿A que todos nos vistamos igual, con el mismo corte de pelo, con la ilusión que eso nos hará vivir tranquilos? Eso ya pasó en la historia y no salió bien.
Monólogo de un cuartetero del Cerro
Cuando mis viejos se mudaron acá, el Cerro no era lo que es hoy. El Parque de las Naciones era una gran villa, donde yo jugaba, íbamos a la feria con mi vieja y tenía amigos, siempre iba a jugar al fútbol. Yo iba a la escuela al Zorrilla y mis compañeritos no me invitaban a sus fiestas de cumpleaños porque yo era el hijo de la Mona, porque me juntaba con gente que escuchaba cuarteto. Era como un infiltrado en el barrio. Además jugaba en las inferiores de Belgrano, entonces me juntaba mucho con mis compañeros de fútbol. Pero cuando empecé a ir a los bailes, era un infiltrado ahí por ser del Cerro. No pertenecía ni a un lugar ni al otro…y esto de no invitarme a las fiestitas fue creciendo, ya más grande no me dejaban entrar a los boliches de la avenida Núñez, me tenían esperando una hora mientras mis amigos pasaban. Deje de ir porque me cansé...
...Con la música fue raro, porque mi viejo me compró una guitarra eléctrica cuando tenía 12 años. Como a él le gustan Los Beatles y fue un sueño frustrado no poder tocar la viola, entonces yo empecé tocando eso y él se prendía cantando en inglés, con mi hermana. Después armé una bandita que tocábamos temas de Pappo… Estaba metido con mi viejo pero no desde la música. Toda la familia laburaba alrededor de los que es mi viejo, mi hermana con la ropa, mi vieja representándolo, yo estando en el estudio de grabaciones. Me encargué de armar el estudio. Cuando se fue de Warner Music armamos Mona Records y yo me encargaba de armar la lógistica de venta...
Después me fui a Buenos Aires porque me empezó a pesar ser hijo de la Mona, de que me putearan algunos y me elogiaran otros, necesitaba reconocerme. Arme un estudio allá, me enamoré, tuve dos hijos, fui manager de Alfredo Casero un año. Hice cosas de tango, produje … hasta que un día vine para un cumpleaños a Córdoba, coincidió que un músico de mi viejo se fue (yo ya venía componiendo canciones con él) y me pidió que lo cubra. Fui y en el escenario me invitó a cantar un tema y cantamos varios porque pegamos una química que no habíamos tenido nunca antes. En el escenario nos reconocimos y a partir de ese momento tuve la necesidad de acompañarlo, de estar cerca de él, ahí en el escenario. Me dejo de pesar ser hijo del ídolo de Córdoba. Además ya tenía la madurez necesaria para pararme en el escenario y no ser una copia burda de la Mona. Tenía mi manera de cantar de bailar, de expresar, de escribir… El hecho de armar una banda solo fue una consecuencia de todo este proceso. Si bien habíamos armado una banda con el Bam Bam Miranda de afro funk, no salí a tocar. Pero se fue dando todo para que armara mi propia banda, el compromiso, las ganas, la gente, el feedback. Hoy sigo tocando con mi viejo pero también solo, con mi propio público como el que estuvo ayer en la marcha”.
Cuarteto y poder político
El mismo día que se realizó la Marcha de la Gorra, la Legislatura votó el reconocimiento del Estado provincial al cuarteto como género artístico cordobés. No fue casual que ambos hechos hayan sucedido la misma fecha. Más allá del escándalo que generó el discurso del legislador Aurelio García Elorrio, reclamándole a los músicos presentes que no toquen en sitios donde se vende droga, el reconocimiento llega por acumulación de peso específico del propio cuarteto, lo que no quita oportunismo a la iniciativa del bloque oficialista. Pero el homenaje no estuvo exento de contrasentidos: hasta el propio diario oficialista La Voz del Interior se preguntó por qué los legisladores fueron tan rápidos para homenajear al cuarteto mientras no tuvieron tiempo durante todo el año para tratar en una comisión específica la modificación del Código de Faltas, tal como estaba comprometido.
La manipulación de parte del poder político de la cultura popular no escapa de la mirada de Carli Jiménez.
¿No es una paradoja que el mismo Estado, que reconoce al cuarteto como bien cultural aplique, al mismo tiempo, un Código de Faltas que sufren, mayoritariamente, los cuarteteros?
- Totalmente, es una dicotomía tremenda. Lo mismo pasa con el carnaval del cuarteto. Es la misma mano la que reivindica a los cuarteteros y la que aplica un código que humilla y limita la vida de los cuarteteros. Puede ser también que no haya un discurso uniforme de todas las áreas del gobierno. Por un lado, Turismo y Cultura ven que el cuarteto es nuestra raíz y nuestra fuente más rica de identidad, eso está muy bien y ojalá se desligue de cualquier gobierno. Pero por otro, tenemos esto (el Código) que va en contra.
El carnaval en sí no es una mala idea pero entre todos los cuarteteros deberíamos exigir algunas pautas para que sea autónomo, como lo es el festival de Cosquín. El año pasado fuimos sin saber bien como venía la mano. Cuando llegamos nos encontramos con un cartel enorme que decía ‘gobierno de De la Sota’ y no era así como estaba planteado. Pero ya estábamos ahí participamos porque la gente se lo merecía. Encima después salió toda la polémica sobre la plata que se utilizó, fue muy duro porque nos dejó mal parados ante una sociedad que en cierta medida nos sigue mirando mal.
¿Este planteo tiene lugar dentro del mundo de los músicos de cuarteto?
- Yo lo hablo con la gente que me rodea y a veces me tildan de zurdo, de militante. Prefiero hablar con mi viejo y discutirlo, para tratar de convencerlo que me parece mucho más fuerte, sin desmerecer al resto de mis colegas.
¿Escuchas que se habla del tema?
-Y... no hay mucho compromiso…y de los que pueden llegar a comprometer no son personajes que tengan influencias en el cuarteto. Son bandas que tocan cada tanto y mezclan con un poco de rock. No están en el circuito de los bailes y no tienen la llegada a la gente.