La calle Belgrano fue una sala de espera sobre asfalto. Aunque cerca de las 13.15 cuando el vocero presidencial, Alfredo Scoccimarro, comunicó el resultado de la operación de Cristina Kirchner, la avenida se pareció más a los festejos de carnaval.
Mensajes de fuerza y optimismo para CFK en la clínica
-La operación salió bien y la Presidenta está de muy buen ánimo-, dijo el vocero presidencial, Alfredo Scoccimarro, casi sin poder terminar de decir. Amontonados y humedecidos por el calor, la multitud estalló en un solo grito de emoción.
“Cristina, Cristina, Cristina corazón, acá tenés los pibes para la liberación”, comenzaron a vociferar desde el centro de la multitud.
-Eh, no sólo los pibes, los grandes también- se quejó un cuarentón apoyado sobre la baya.
Al igual que sucede en los suburbios de las salas de operaciones de cualquier hospital, las muestras de fe se convirtieron en parte del panorama callejero. Mónica, presidenta de la comunidad boliviana 6 de Agosto, vestida como chola y con una sonrisa casi tan grande como sus caderas, llevó la virgen de Urkupiña para que acompañe a la presidenta.
La imagen que Mónica tenía entre manos, se trata de una figura sagrada que adquirió el don de lo sacro tras aparecer en los cerros de Cochabamba y dar de comer a una familia que pasaba hambre. La leyenda cuenta que cuando los lugareños la vieron, Urkupiña se quedó paralizada y se hizo estatua.
“El pueblo está con Cristina y Cristina con todo el pueblo, con Latinoamérica”, sintetizó Mónica, que como digna miembro del Movimiento Patria Grande estaba acompañada por dos mujeres paraguayas que llevaban un póster de Evo y otro de Chávez.
Además de Mónica y sus compañeras de Paraguay, entre quienes se acercaron a la calle Belgrano para dar fuerza a la presidenta había jóvenes –muchos- y mujeres. Sobre todo mujeres. Como Ivana, platense, 44 años y yegua oficialista.
Ivana vino desde la capital bonaerense directo a la puerta de la Clínica Favaloro. Cuando se enteró en su trabajo que operaban a la presidenta sintió que tenía que estar en el lugar de la intervención; cualquier otro lugar era desacertado para pasar las horas. “Yo hoy tenía que estar trabajando, pero no podía estar en el laburo sin estar cerca de Cristina”.
Lo mismo sintió Luis, jubilado, 73 años, vecino de Lomas de Zamora y creyente. Del bolsillo izquierdo de un pantalón de jean gastado sacó una caja celeste que contenía una medalla de la Virgen de Fátima. El objeto fue enviado desde España por Carolina, su ahijada, y aunque es uno de los regalos más preciados que Luis tiene en su haber, quiere entregárselo a la presidenta como señal de protección.
Luis nació Tucumán donde durante años trabajó como cosechero. Ya en Buenos Aires fue obrero en la industria del cuero, textil y trabajador metalúrgico. “La verdad por mi puente pasó mucha agua y veo cuál es el agua más clara. Entonces me zambullí y estoy nadando ahí”. Ese río es el de la “justicia social” agrega Luis, aunque no hay necesidad de aclarar nada, porque de su cuello y casi hasta el piso lleva colgada una bandera argentina con el símbolo del justicialismo.
Cerca de la parrilla que se instaló antes del mediodía para calmar los crujidos estomacales de quienes acompañaban a la presidenta, un hombre de camisa azul lanzó al aire: “Chávez vive, la lucha sigue”. Y enseguida un grupo de mujeres sonrió. A pesar de la preocupación por el desarrollo de la operación, la gente se mostró tranquila, alegre y conversadora.
-Salió todo bien. Cristina está bien-.
-¿Y cómo sabés?-.
- Porque le pregunté al periodista de Telesur. A otro no le pregunto ni en pedo- bromeó mitad en chiste, mitad en serio una mujer rubia, que informaba sobre el estado de la presidenta a un grupo de señoras que había conocido horas antes. El boca en boca sirvió para calmar ansiedades y compartir nerviosismo. Ese mismo que estalló en un solo grito de emoción cuando Scoccimarro salió con la buena nueva del día.
Fuente: infonews.com