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domingo 5 de abril de 2026

Se cumplen cien años del genocidio armenio

La frase del Papa le pone una rúbrica a la historia que tiene un hito: el 24 de abril de 1915, considerado por los armenios como el inicio del genocidio.
Por Redacción Tiempo de San Juan
La reacción de Turquía cuando el Papa Francisco recordó el "atroz y descabellado exterminio" del pueblo armenio al que calificó como "el primer genocidio del siglo XX", dejó en claro la existencia de una herida que permanece abierta desde hace 100 años. Los funcionarios turcos reaccionaron con indignación ante las palabras del Pontífice argentino. Desde el presidente, Recep Tayyip Erdogan, que las calificó de "estupideces", hasta el ministro para los Asuntos Europeos, Volkan Bozki, quien consideró necesario recordar que "Argentina es un país que recibió con brazos abiertos a los principales ejecutores del Holocausto judío, los torturadores nazis". Pasando por el canciller y primer ministro, Ahmet Davutoglu, quien ubicó a Francisco en "el eje del mal", informó Tiempo Argentino.

Días después, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que exige a las autoridades turcas reconocer el genocidio armenio. Turquía, señala el texto, debe "aprovechar la conmemoración del centenario del genocidio armenio como una oportunidad importante para proseguir sus esfuerzos -incluida la desclasificación de los archivos- por asumir su pasado, reconocer el genocidio armenio y, de esta manera, allanar el camino para una verdadera reconciliación entre los pueblos turco y armenio". La resolución fue aprobada a mano alzada por la mayoría de los parlamentarios. Lo curioso es que de los 28 países que integran la Unión Europea, sólo 10 reconocen oficialmente el genocidio: Bélgica, Chipre, Francia, Grecia, Italia, Lituania, Holanda, Polonia, Eslovaquia y Suecia. Mientras que en Austria el reconocimiento se encuentra en trámite parlamentario.

En la actualidad, el gobierno turco admite oficialmente que cientos de miles de armenios murieron como consecuencia de las luchas en Anatolia oriental y de la política de deportaciones de las autoridades otomanas, pero niega rotundamente que esas masacres constituyan un genocidio.

El genocidio armenio, la matanza de cerca de un millón y medio de personas a partir de 1915 a manos del Imperio Otomano, abrió una colosal cicatriz en la región entre el Río Bósforo y el Cáucaso. Pero si se recorre la historia, queda claro que las matanzas y desplazamientos de armenios comenzaron mucho antes que en ese trágico 1915.

La estratégica posición de la meseta de Armenia, alrededor de los lagos Seván y Van, en el Cáucaso, cruce de las rutas de las caravanas comerciales entre Oriente y Occidente, centró desde siempre el interés de los pueblos que la rodeaban, y fue conquistada sucesivamente por persas, macedonios, romanos, más tarde fue la dominación bizantina y luego la árabe.

EL 24 DE ABRIL DE 1915

Entre fines del siglo XVI y comienzos del XVII, la región este de Armenia se convirtió en área de conflicto entre turcos otomanos, persas y rusos, quienes a partir de entonces empezaron a tener presencia en la geopolítica de la región. El Imperio Otomano estaba integrado por poblaciones cristianas –armenios y griegos– y musulmanas –turcos, kurdos y árabes– y su sustento ideológico, basado en el otomanismo, reconocía la diversidad de minorías.

La bibliografía armenia sobre el tema argumenta que esta ideología fue remplazada desde 1913 por el panturquismo o panturanismo, que sostenía la superioridad de la raza turca y proponía la unión de todos los pueblos turcos desde el Bósforo hasta China. En julio de 1908, una revolución de apariencia liberal, encabezada por el partido laico Comité de Unión y Progreso, más conocido como el partido de los Jóvenes Turcos, desplazó al sultán Abdul Hamid, que había ordenado entre 1894 y 1896 la matanza de miles de armenios en diferentes puntos del imperio. Estas matanzas, producidas poco después de que el sultán debiera aceptar en el Tratado de San Stefano la independencia de Rumania, Serbia y Montenegro, y la semi independencia de Bulgaria, buscaban sembrar el terror y evitar a toda costa la creación de un Estado armenio, previsiblemente favorable a Rusia, al este de su territorio, en la frontera turco-rusa.

La llegada de los Jóvenes Turcos produjo algo de esperanza entre los armenios, pero esta duró hasta que en abril de 1909 estalló una segunda matanza organizada, primero en la ciudad de Adaná y luego en el resto de la provincia, donde murieron alrededor de 30 mil personas. El punto de inflexión fue la derrota del Ejército otomano ante las tropas rusas en el Cáucaso en diciembre de 1914, cuando las autoridades otomanas acusaron directamente a los armenios de combatir en el bando enemigo.

Los armenios establecieron la fecha del comienzo del exterminio el 24 de abril de 1915, cuando las autoridades otomanas detuvieron a 235 miembros de esta comunidad en Estambul (entonces Constantinopla), cifra que en los días siguientes ascendió a 600. Los detenidos, que después fueron asesinados, eran en su mayoría intelectuales, políticos y religiosos que denunciaban las matanzas. Luego, una orden del gobierno determinó la deportación de toda la población armenia, sin posibilidad de cargar los medios para la subsistencia.

La marcha forzada por cientos de kilómetros, atravesando zonas desérticas, provocó la muerte de la mayor parte de los deportados, víctimas del hambre, la sed y las privaciones, mientras los pocos sobrevivientes eran robados y violados por bandas de asesinos y bandoleros.

Más tarde, con la ayuda del Ejército y formaciones irregulares integradas por kurdos y otras minorías, cientos de miles de armenios fueron asesinados y deportados por suponer "una amenaza para la seguridad nacional". Los que no fueron fusilados o quemados vivos en establos en los disturbios escenificados por las propias autoridades, murieron en las largas travesías en caravana hacia los desiertos de Irak y Siria.

Las autoridades otomanas crearon una red de 25 campos de concentración, donde los armenios murieron de inanición, según la historiografía armenia, que también denuncia la muerte de decenas de miles de personas al ser tiradas por la borda en el mar Negro y tras ser inoculadas con diferentes virus. Quedó así establecido el más claro antecedente del Holocausto judío a manos de los nazis.

MURO DE SILENCIO

Si bien los historiadores armenios y occidentales coinciden al calificar de ingeniería étnica la política otomana en relación con los armenios, discrepan en cuanto al número de víctimas de la masacre. El saldo mortal oscila entre el medio millón y el millón y medio de armenios masacrados entre 1915 y 1923. El fundador de la actual Turquía, Kemal Ataturk, reconoció la matanza de millones de cristianos otomanos, pero la palabra genocidio es tabú desde entonces entre los historiadores turcos, que acusan a los armenios de aliarse con Rusia y rebelarse contra el imperio que los acogía. Como resultado del genocidio, nació la diáspora armenia. Algunos de los sobrevivientes de las deportaciones en los desiertos de Siria se establecieron en Medio Oriente, con la esperanza de un cambio favorable en la región, en tanto que otros decidieron emigrar definitivamente. Muchos se instalaron en Europa, mientras que otros lo hicieron en América (una gran mayoría, en los Estados Unidos y la Argentina, y el resto en Brasil, Venezuela, Uruguay, México, Chile, entre otros países). Cuando Armenia pasó a ser una de las repúblicas de la Unión Soviética, los reclamos por el genocidio quedaron tras un muro de silencio y fueron llevados adelante por los armenios de la diáspora. Uno de los motivos fue que durante las décadas del stalinismo, Moscú pretendía seducir a Turquía para que formara parte de sus naciones satélite debido a su estratégica posición geográfica a las puertas de Europa.

Pese a ser ampliamente reconocido en el momento en que se produjo, por las noticias de los diarios, los libros, artículos, investigaciones, relatos de testigos, así como el juicio a los responsables en Constantinopla en 1919, el genocidio fue olvidado fuera del ámbito armenio, hasta que una serie de atentados terroristas sobre diplomáticos turcos en una veintena de países entre 1975 y 1985 a manos de grupos nacionalistas armenios puso el hecho en los primeros planos.

A 100 años del inicio, los armenios siguen padeciendo un "luto incompleto", debido a que Turquía insiste en no reconocer oficialmente el genocidio, al igual que una gran parte de la sociedad turca, en su mayoría por haber recibido una educación a la que se le extrajo ese oscuro episodio de su historia. Decenas de países en el mundo tampoco admiten que haya sido un genocidio, con EE UU a la cabeza, que prefiere calificarlo de "matanzas". La Casa Blanca, antes y ahora, ve en Turquía a un gran aliado en su política hacia Oriente Medio.

La negación de Ankara es lo que le impide, hoy por hoy, pertenecer a la Unión Europea, pese a que sólo diez países de los 28 miembros del bloque reconocen oficialmente el genocidio, como se dijo más arriba. Sin embargo, existe en la actualidad un movimiento creciente de jóvenes e intelectuales turcos que promueven el reconocimiento del hecho por arte de su país, los que son muchas veces perseguidos y encarcelados por las autoridades. 
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