Las enfermedades inflamatorias intestinales (EII), como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, están en aumento en América Latina, incluida la Argentina. El cambio en los hábitos de vida, la alimentación industrializada, la contaminación y el estrés aparecen como las principales causas detrás de este crecimiento.
Crecen los casos de enfermedades intestinales: alertan por el impacto del estrés y la mala alimentación
Especialistas advierten que cada vez más argentinos son diagnosticados con colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn. Los nuevos tratamientos permiten mejorar la calidad de vida, pero el diagnóstico temprano sigue siendo clave.
El tema fue eje de debate esta semana en el Congreso Europeo de Gastroenterología, que se realiza en Berlín. Allí, especialistas de distintos países coincidieron en que el fenómeno dejó de ser exclusivo de los países desarrollados y hoy representa un desafío sanitario global.
Qué son y a quiénes afectan
La EII agrupa dos enfermedades autoinmunes crónicas que inflaman el sistema digestivo: la colitis ulcerosa, que afecta el intestino grueso, y la enfermedad de Crohn, que puede comprometer todo el tubo digestivo.
En ambos casos, los síntomas pueden incluir diarreas frecuentes, sangrado, dolor abdominal, pérdida de peso y fatiga. Aunque suelen aparecer entre los 20 y 30 años, los médicos advierten que cada vez hay más diagnósticos en niños y adultos mayores.
Más estrés, peor alimentación y poca consulta médica
El estilo de vida actual juega un rol central. Según los expertos, la urbanización, la dieta rica en ultraprocesados, el tabaquismo y los altos niveles de estrés modifican la microbiota intestinal y aumentan la predisposición a desarrollar estas enfermedades.
A eso se suma que en América Latina todavía hay pocos especialistas y falta información en la población general.
Una enfermedad que también afecta la salud mental
Además del impacto físico, las EII pueden generar ansiedad, depresión y aislamiento. Los especialistas destacan la importancia de acompañar el tratamiento médico con apoyo psicológico y hábitos saludables.
“Muchos pacientes creen que cuando se sienten bien pueden dejar la medicación, pero eso es un error. Estas enfermedades no se curan, se controlan”, aclaró De Paula.
Nuevos tratamientos y esperanza para los pacientes
Aunque no existe una cura definitiva, en los últimos años surgieron terapias que cambiaron el pronóstico de los pacientes. Los tratamientos buscan no solo calmar los síntomas, sino lograr una remisión profunda, es decir, controlar la inflamación intestinal de forma sostenida.
Hoy, además de los antiinflamatorios tradicionales y los inmunosupresores, se utilizan medicamentos biológicos y nuevas moléculas que actúan directamente sobre el sistema inmunológico. En pocos años, algunos de estos tratamientos estarán disponibles en formato oral.
Uno de los avances más prometedores es el uso de anticuerpos monoclonales, como el guselkumab, que bloquean los mecanismos celulares que provocan la inflamación.
En Argentina, un registro para mejorar la atención
Para conocer mejor la magnitud del problema, el Grupo Argentino de Crohn y Colitis Ulcerosa (GADECCU) impulsa el primer registro nacional de estas enfermedades. El objetivo es obtener datos precisos sobre su distribución, severidad y tratamientos más utilizados, para diseñar políticas públicas adecuadas.
Claves para convivir con la enfermedad
Los especialistas insisten en que el diagnóstico temprano y el seguimiento constante son esenciales para evitar complicaciones graves, como úlceras o cáncer colorrectal.
Además, destacan que mantener una alimentación equilibrada, reducir el estrés y cumplir con la medicación son pilares para llevar una vida plena.