Chile votó por amplia mayoría mantener la Constitución redactada y aprobada -sin discusión política ni participación ciudadana- en plena dictadura de Augusto Pinochet. Desde hacía varias semanas crecía el miedo entre el Gobierno y muchos de los simpatizantes de la campaña del Apruebo de que la pelea se iba a perder en las urnas. Pero el resultado final del referendo terminó siendo una cachetada de las que es difícil prepararse: el Rechazo ganó por 62% contra 38%, con más del 88% escrutado.
Otra derrota de Boric: los chilenos eligieron la Constitución de Pinochet
El rechazo a la nueva Constitución, que redactó una Asamblea Constituyente elegida de manera directa, con paridad de miembros y una primera minoría de independientes que no respondían a los principales partidos políticos que tan golpeados salieron del estallido social que abrió este proceso político en 2019, se impuso en todo el territorio del país vecino, pese al multitudinario acto de cierre de campaña del Apruebo en la capital, Santiago, del jueves pasado que permitió revivir cierta esperanza en el oficialismo y los sectores que se movilizaron en los últimos tres años para poner fin a la gran herencia política del pinochetismo, a más de 30 años de la vuelta de la democracia.
A la tarde, cuando aún faltaban unas horas para el cierre de las urnas, el presidente Gabriel Boric -quien apostó y fuerte a una renovación de la Constitución- había convocado a los jefes de todos los partidos políticos al Palacio de la Moneda este lunes, gane la opción que gane. Con este resultado, no hay dudas que la cita encontrará al mandatario en una posición incómoda, por no decir de debilidad.
Desde la coalición de Gobierno, la presidenta del Frente Regionalista Verde Social, Flavia Torrealba, adelantó que el campo del Apruebo debe "escuchar con humildad" este resultado y adelantó que Boric "va a ser un símbolo de unidad en este país, va a ser quien llame a la unidad nacional". Sin embargo, no aclaró para qué objetivo se llamará a esta unidad nacional.
Varias veces en estas últimas semanas, cuando la posibilidad de una victoria del Rechazo se hacía más fuerte en los análisis de las campañas, Boric comenzó a forjar una estrategia para este escenario en el que se encuentra hoy, aunque es cierto que nadie esperaba el amplio margen de votos: el Gobierno aceptará el resultado, por supuesto, pero seguirá trabajando e impulsando para abrir un nuevo proceso constituyente.
El reperfilamiento de Boric buscó adaptarse a un sector que se volvió protagónico en la última parte de la campaña: los que iban a votar Rechazo porque no les convencía la Constitución que redactó la Asamblea Constituyente, donde primaron muchos de los reclamos que encabezaron las protestas sociales de 2019, pero sí estaban a favor de cambiar la Carta Magna del pinochetismo.
Un ejemplo de este sector -que incluyó desde figuras de la oposición de derechas hasta dirigentes de los partidos más conservadores de la ex Concertación que gobernó ininterrumpidamente el país desde la vuelta de la democracia hasta el primer gobierno de Sebastián Piñera en 2010- fue la senadora de la Democracia Cristiana y ex miembro del Gobierno de Michelle Bachelet, Ximena Rincón, quien celebró el resultado: “Los chilenos quieren una Constitución que nos convoque a todos”. “Esta noche queremos llamar a la elección de una nueva convención”, agregó.
Otro referente de una fuerza de la ex Concertación, el ex presidente del Partido Radical Carlos Maldonado. “Chile quiere una nueva Constitución, pero no quiere esta que lamentablemente tenía graves defectos. Cosas rescatables, sí, que las vamos a tener presentes para incorporarlas en un nuevo texto”, se comprometió el dirigente, según el diario La Tercera.
Todo indica que el desafío que tendrá que enfrentar ahora el presidente Boric es cómo relanzar el proceso constituyente, incluyendo a los sectores que decidieron apoyar al Rechazo aún si estaban de acuerdo con cambiar la Carta Magna vigente. Porque aún si la unión del 38% que votó por el Apruebo y los sectores que asumieron esa presunta posición intermedia pudieran sumar una mayoría suficiente para imponer un cambio en un futuro proceso constituyente, la derecha acaba de ganar un argumento muy fuerte y legítimo para resistirse a una nueva discusión constitucional: fue el pueblo -el mismo que se invocó para abrir la discusión en 2019- el que se expresó en las urnas y rechazó el cambio de la Constitución.