análisis

19A, el día de la bisagra

El episodio de Caucete modificó por completo el horizonte. Rodeados en el vencindario e inconducta, combo fatal. Una ventaja que se mantiene: haber planificado. Por Sebastián Saharrea
sábado, 22 de agosto de 2020 · 10:31

Quedarán para otro momento los motivos, parece hora de bajar a tierra y reparar en la realidad: esa aureola que pareció rodearnos a los sanjuaninos durante la mayor parte del tránsito de la pandemia por el planeta, ya es cosa del pasado.

Baño de realismo, aterrizaje de la nube, descenso a la corteza terrestre, el 19 de agosto fue el día que nos cupieron las generales de la ley. El mundo alborotado, ingresando incluso a una segunda oleada de peligro (como se denota en Europa), con buena parte de la geografía nacional en creciente rojo sobre blanco, estaba cantado que no podía durar demasiado tiempo más esa mampara de vidrio que protegió a San Juan hasta acá.

Lo insinuaban con claridad los datos duros, en sentido opuesto a la candidez vernácula de respirar otro aire y suponerse ajeno a los padecimientos que se ven por TV por designio divino o por algún efecto asociado al destino. Sin reparar que las conductas humanas suelen llevar a pegarse un tiro en el pie: uno sólo con su irresponsabilidad a cuestas hizo retroceder y poner a contar pérdidas a 800.000 personas, lo señaló con contundencia el gobernador Uñac.

Así las cosas, no parece haber ocupación responsable que valga ante un vendaval impiadoso a nivel global que no deja títere con cabeza. Pasó en la mayoría de las provincas que venían bien y de un minuto a otro fueron un infierno: el delirio de uno o dos, la irresponsabilidad de un entorno de pocos en no denunciar y apañar, y el virus desatado. ¿Por qué no iba a ocurrir con nosotros?

El campo fértil estaba inscripto en la realidad. Esa que mostró en filminas el presidente Fernández hace algo más de una semana, en las que San Juan apareció como una isla, y hasta aún podría seguir siéndolo si se relojea el vecindario. En aquellos datos del viernes pasado, San Juan apareció con el menor índice de incidencia acumulada del país (porcentaje de casos cada 100.000 habitantes), es posible que siga peleando el podio aún después del episodio de Caucete pero sin ese mar de diferencia sobre el resto.

También en el ranking de muertos y, lo más asombroso, en el de espiral de casos: Mendoza pasando los 4.000 y La Rioja arañando los 1.000, frente a los veintipico sanjuaninos. Rodeados, atrapados. Irreal que no se desbordara en algún momento por algún descontrolado (como el ya célebre don Avila en Santiago del Estero), como pretender que el agua no busque el cauce. Hasta que ocurrió.

Hizo pensar que alcanzaría con empujar juntos en el punto de contacto, que es el límite interprovincial, como en un maul de rugby. Que tomando conciencia de esa potencia en clausurar la puerta de entrada podía seguir sosteniendo una tremenda fuerza a la inversa, el virus queriendo entrar. Como postuló este periodista el día antes al de la bisagra, el martes, impulsando desde Paren las Rotativas (todos los martes a las 22 por Canal 13) con el hashtag quenopase, con un viral en las redes del quenopase, una consigna de wasap en wasap, podría funcionar como medicina para alimentar el compromiso de la sociedad entera. Pero parece que pasó.

No contaba el aspiracional con las características geográficas de una frontera porosa, que tiene puestos policiales y retenes bien definidos pero también agujeros por todos lados. Y que estamos atravesados por inconductas flagrantes, groseras faltas de compromiso en la corteza social, despreocupados peatones de la vida liviana y ajena al conjunto.

Y así es muy difícil. No sólo hace falta que los operativos fueran eficientes, como los fueron y siguen siendo, sino que todo el mundo interpretara la misma sinfonía entre la población. Cosa que no ocurrió. Patente en el tipo que pasa la frontera a campo traviesa creyéndose un piloto del Dakar, en el transportista que trae entre las alforjas a pasajeros escondidos o salta por la ventanilla para no romper la faja, en irresponsables que pasaron de todas las maneras posibles (cualquiera, menos nadando) por los límites y luego se incorporaron a la sociedad. Donde luego los recibieron con naturalidad y sin recriminarles nada.

Todo indica que esta vez el virus ingresó por algún camino alternativo, ilegal, y como tal se trata de un mecanismo incontrolable. De esos que se vinieron viendo a montones, sólo a los que desbarataban pero no a los que consiguieron atravesar sin ser sorprendidos. Y que lejos estuvieron de generar condena social: no eran chistes ni picardía para celebrar, era el huevo de la serpiente.

Y good show, diría Tato. Parecía inevitable que el tamaño de la ola no tuviera piedad con nada ni con nadie. Y fue inevitable. Queda flotando un lamento tardío, como quien pierde a la novia (o al novio) o cualquier persona u objeto de valor: no le dimos la suficiente importancia cuando lo teníamos cerca, ahora que no lo tenemos lo lamentamos. En referencia a ese microclima de bienestar en medio de la tempestad global, que aún estamos a tiempo de recuperar en parte.

Y si fuera irrefrenable la vocación de apuntar con el dedo, la mejor dirección sería la de uno mismo. A la pregunta de cuánto hice yo para contribuir a mantener la mejor situación, la respuesta no sería la mejor a fuerza de ser sincera. Hace falta no sólo un equipo de bomberos luchando en la frontera (seguridad, hisopadores, enfermeros, gente que se sigue jugando la vida pese a que ya no se escuchan tanto los aplausos para ellos) como lo hubo, sino que todos nos pongamos la 10: ¿lo hicimos?

En ese clima, hay un valioso capital que queda a los sanjuaninos: es la capacidad de anticipación para planificar qué hacer en una ocasión como ésta. La primera respuesta oficial de parte del gobierno provincial fue en esa dirección. Después de trazar un panorama sobre las acciones desde el 19 de marzo (el día que se desató la pandemia global), Sergio Uñac acertó con la síntesis: “es el momento menos deseado, pero el más planificado”.

Así fue. Desde que se conoció el peligro –inicialmente en China, luego en Europa, ahora en América con toda la furia- San Juan tuvo tiempo para actuar no sólo en el reglón sanitario sino en el la creación de un protocolo de acción rápida y coordinada por si ocurría lo que ahora ocurre. En ese tiempo, duplicó la cantidad de camas disponibles, incluidas las de terapia. Pero también se concentró en el diseño de un plan de seguridad ante la eventual circulación viral.

Ahora la taba está en el aire sobre si hay o no circulación viral. Lo concreto es que se trata de la primera vez que los casos positivos que aparecen no tienen relación con las dos fuentes preferenciales en que se presentaron los casos en la provincia: los repatriados y los transportistas que ingresan por la puerta de entrada. Los habrá luego los que usan la de servicio, poniendo a toda una sociedad en peligro.

Podrían en la provincia haber dejado pasar ese valioso tiempo sin aprovecharlo, tuvo la suficiente visión para anticiparse y emplear esos meses de calma en buscar la mejor manera de no tener que apelar a una respuesta desesperada. Ese momento llegó, y la primera expresión del gobierno fue en esa línea, llevar tranquilidad de estar actuando ajustados a un protocolo pensado con anticipación.

También apeló Uñac a la vena épica con una elíptica referencia a los momentos trágicos atravesados por los sanjuaninos e inscriptos a fuego en su memoria, como el terremoto: “Hemos atravesado momentos más difíciles que éstos, pero no hay que minimizarlo”. Y es cierto, el riesgo de incurrir en una especie de desprecio sobre lo dañino del virus y sus consecuencias económicas puede verse con facilidad. En el mundo, también en el país.

Y un párrafo final, no menos valioso. Acecha otro enemigo peligroso y letal, que es la infodemia. Pandemia de fakes, elucubraciones falsas con poder letal e intenciones de doblegar opiniones que abundan en las redes. No son fantasmas menores, han cambiado presidentes en las principales potencias mundiales. Monopolizan conciencias, tergiversan los hechos, infectan la opinión pública, tuercen hasta las mejores intenciones. Imperativo es informarse por medios responsables, aunque cueste encontrarlos.

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