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¿Para qué lado saltará la liebre? – Por Sebastián Saharrea

Elección extraña como ninguna, sin antecedentes para comparar, con caídas, subidas, golpes y desgracias en el medio. Nuevas herramientas para el análisis, ninguna para juicios terminantes. Cambio de clima rotundo, con saltos seguros.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Hubo una inquietante incertidumbre en el medio del fragor de las PASO que hoy causaría gracia: si éstas son así de intensas, imaginen lo que será la elección general. Nada más lejos: desgracia por medio, es éste último el tramo más chato de campaña que se recuerde siempre.
Hasta allí el paisaje del último recorrido hasta este domingo, plagado de cambios y alteraciones bruscas, lleno de alternativas y el epílogo más extraño que se recuerde en la historia democrática local. En lenguaje futbolero, partido de ida y vuelta con resultado dramático al final.

Sólo pensar lo que ocurría en las PASO a esta misma altura produce escalofríos. Ansiedades, incertidumbres y extrema movilización -más en el casillero opositor que en el oficialista-, jugadas y estrategias surtidas para sacar la mejor tajada aunque sea sobre el campanazo final, siempre al ritmo del interés y la expectativa por lo que ocurriría. Nada más diferente al paisaje de las últimas horas: hay, sí, elecciones parlamentarias según lo pautado por el calendario bianual nacional, pero el interés de la gente seguirá estando por otro lado.

Se notará seguramente en varios segmentos el día de la elección. Lo más natural: poca movida en las calles, en contraste con las postales que suelen dejar estos días. Nada de choripanes ni camisetas haciendo el aguante en los locales partidarios, movilizaciones más restringidas, menos movimientos desesperados, es lo que se puede anticipar casi por decantación. En el campamento oficialista lo cuentan con añoranza: “ya no tendremos al principal movilizador en estos días”, que es el rol que suele jugar el propio José Luis Gioja en sus habituales recorridas por las escuelas en horario de votación. Del lado opositor también cuentan penas: a esta altura de la campaña ya les sobraban fiscales para las más de 1.300 mesas y había una ONG entusiasmada en colaborar, hoy tuvieron poco más que mandarlos a buscar a la casa.

Natural es entonces que ese cambio de clima entre una elección y otra encerradas en apenas algo más de dos meses entregue variaciones en el resultado. Más grandes o más moderados, se verá. Variaciones al fin que tampoco queda claro para qué lado decantarán.

El primero es hijo directo de la dosis de entusiasmo. Las últimas PASO fueron récord provincial en participación electoral desde el retorno de la democracia, arañando el 80% de presentismo para un trámite que no es invitación sino obligación, pero que siempre arroja un margen del 70% como mucho. La caída de la fiebre electoral es lo que marca el termómetro de estos días, y eso terminará dejando secuelas, probablemente con mayor impacto en los sectores opositores que se valieron de ese envión.

Y luego está el análisis fino sobre qué poder transformador sobre la opinión pública tendrá el tremendo episodio de hace apenas dos semanas, con una candidata fallecida (Margarita), otro herido (Tomas), y nada menos que el líder (Gioja) luchando por su vida. Sólo la enumeración de los daños es capaz de transmitir la dimensión del episodio y, como correlato, de sus consecuencias. Que las habrá y muchas, aunque resta conocer la dimensión y la dirección.
No es posible disimular el estado de conmoción social que ha causado en toda la provincia la noticia del viernes 11 de octubre en Valle Fértil. Sus efectos fueron automáticos: solidaridad desde el más alineado hasta el más enfrentado, incertidumbre generalizada y pendiente del estado de salud de un funcionario omnipresente, y un obvio e inevitable proceso de reflexión sobre un hipotético futuro sin él. Sólo la aparición de esa última posibilidad hizo posible un recálculo inmediato entre propios y extraños, un reporte de situación impiadoso con su correlato electoral que se podrá mensurar el domingo.

Pero atención que la lectura no debe ser lineal y despojada de otras interpretaciones. Es cierto el efecto místico de confrontar contra las más crudas adversidades, como le ha quedado al alcance al oficialismo con esta tremenda tragedia, tiene por destino más que probable no sólo un fortalecimiento en apoyo electoral sino también en simpatías en la calle. Un auténtico cambio de clima, rotundo y posible de ser mensurado a cada paso. Lo cuentan los que fueron al partido sin que nadie los llame en los días siguientes al impacto en plena vigilia por la salud del líder, y lo cuentan los caminantes casa por casa que sienten en afecto en cada puerta que tocan.

Es cierto también que el efecto incertidumbre hace lo suyo entre quienes, sin ser comulgantes extremos con la gestión G, son de apoyar y se habían dado un permitido en las PASO. Para ellos, el coqueteo con el fin de un ciclo percibido por una absoluta mayoría como virtuoso como el actual, hizo volver a pensarlo.

También es cierto que el estado delicado de la salud del gobernador y el hecho de incluir en la boleta electoral el nombre de una candidata fallecida no sólo que no tiene antecedentes políticos locales ni regionales sino que también puede funcionar como arma de doble filo.
Ante ese inédito panorama del último tramo de campaña, de focos apagados y trabajo político apenas visible, hubo posiciones para analizar. Con la campaña ocurrió lo que se preveía: se terminó. Se terminó en el formato clásico de acto-caravana-bocinazo, y se mantuvo por los canales que menos irritan al momento, el volanteo, las apariciones televisivas medidas, y poco más.

Al oficialismo le quedó la obligación de seguir gestionando, y eso fue exposición y algo más de mística: el pleno dolor, mantener el ritmo de la provincia. Con dos noticias gestionas durante tiempo y que estaban servidas para que Gioja pateara al gol, pero que ocurrieron en la transición de su recuperación y sin su presencia. La radicación de una petrolera en la provincia que cambiará la matriz energética local, y la apertura de los sobres con las empresas interesadas por el túnel de Agua Negra, con nada menos que 22 consorcios interesados entre los que figuran las compañías más reconocidas de la región. Golazo en el que el gobernador en persona dejó desparramados rivales, pero le dejó al ministro José Strada el pase a la red, de nuevo en lenguaje futbolero. Y que movilizó aún más la relevancia de un dirigente obsesivo en una obra de rotundo cambio de perfil para San Juan –la más cara e importante de la historia-, valorado un tranco más cuando no está disponible. Servirá también para empardar otras no tan buenas, de la mano de la minería.

Del lado opositor, la inmovilidad de campaña los dejó sin el canal de expresión por excelencia y con pocas posibilidades alternativas. El apagón de jingles y colectivos privó a Cáceres de su principal aliado en una campaña de instalación al fuerza de repetición, y eso hizo que perdiera algo de gas en el tramo final. No es poco lo que defiende el macrista: un resultado de agosto en que todas las expresiones de Compromiso Federal sumaron algo más que el 43% dos meses atrás, por encima en votos aritméticos de lo obtenido por el propio candidato de Gioja.
Esa fortaleza debe defender hoy Cáceres, al menos con un resultado que decore. El número es lo más relevante: será lo que indique si hay futuro en ese grupo opositor, más allá de cuántos diputados conquista. El trámite de aproximaciones entre los dirigentes del espacio no había sido fácil aún antes de la caída del helicóptero, una cifra estrecha sería entonces una mecha encendida sobre esa pólvora. Igual, siempre quedará la atenuante de lo imprevisto –la desgracia- para atenuar las furias.

Los restantes partidos de oposición –Nancy, Domínguez y Sánchez- no se declaran tan comprometidos en sus caudales respecto de lo que obtuvieron en agosto. Parecen escuchar a los consultores: esta semana, tanto Maximiliano Aguiar como Antonio De Tommasso interpretaron la nueva realidad política post-tragedia señalando que lo que está en juego es el voto más blando, el que había volado y ahora considera volver. ¿Quién lo tenía?

Nadie recuerda haber presenciado una elección tan extraña en todos sus tramos: un tablero oficialista con tan buena imagen del líder y poca capacidad de trasladar votos a su candidato en la PASO, un resultado sorprendente en el casillero opositor que terminó decantándose por quien venía corriendo desde atrás, una campaña conjunta prolija entre éstos últimos, y una vuelta de campana violenta el día de la desgracia.

Todos advierten un corrimiento, improbable anticipar para lado será y cuál será su magnitud. Aunque al final, siempre habrá profetas que sabían todo desde antes, y con el diario del lunes dirán: yo te lo dije.


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