La producción y consumo de vino a nivel mundial atraviesa un mal momento: en el 2023 hubo una caída estrepitosa en la producción, la más baja de los últimos 60 años según datos preliminares de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), lo que pone sobre el tapete una serie de desafíos y cambios de paradigma tanto para productores como para consumidores.
Argentina no está solo: en todo el mundo cae el consumo de vino
En varios países se ha derrumbado la producción y el consumo. La gente tiende a tomar menos vino tinto, y más blancos y rosados.
Según publicó el medio mendocino Memo, la producción de vino se estimó que fue de entre 241,7 y 246,6 millones de hectólitros en el 2023, representando un descenso del 7% con respecto al año anterior y situándose por debajo de la media.
En Europa, países como Italia y España han visto mermadas sus cosechas debido a condiciones climáticas adversas y sequías prolongadas. A pesar de estos contratiempos, Francia se erige como el mayor productor mundial para el año 2023, manteniéndose ligeramente por encima de su media quinquenal.
La situación no es más alentadora en el hemisferio sur, donde países como Australia, Argentina, Chile, Sudáfrica y Brasil también reportan bajas significativas en sus volúmenes de producción. La excepción a esta tendencia la constituye Nueva Zelanda, único país que ha logrado superar su media quinquenal de producción.
Las causas
- Este escenario desfavorable se debe, en gran medida, a las extremas condiciones climáticas que han azotado a los principales países productores. Heladas tempranas, lluvias torrenciales y sequías han tenido un impacto directo en la producción vinícola.
- A esto se suma un contexto global de disminución en el consumo de vino y un excedente de stock en muchas regiones. Se observa un desplazamiento en las preferencias de los consumidores, quienes gradualmente se inclinan más hacia los vinos blancos, rosados y espumosos, en detrimento de los tintos. Esta transición refleja no solo una diversificación en el gusto y preferencias sino también un cambio hacia estilos de vida percibidos como más saludables. En este contexto, los productores de vinos tintos se ven obligados a replantear sus estrategias para adaptarse a las nuevas demandas del mercado.