La crisis de la industria textil en San Juan se viene profundizando en 2026. Según relató Sergio Olivares, secretario general del gremio local, el sector viene de transitar un 2025 que consideran como uno de los peores años de las últimas décadas. La situación actual no muestra signos de mejoría, transformándose en un panorama "muy preocupante" donde la falta de producción y ventas son la norma de todas las fábricas del país.
Alerta roja en la industria textil de San Juan: enfrenta su peor crisis en décadas
Sergio Olivares, titular de la Asociación Obrera Textil, describió un panorama desolador marcado por la apertura de importaciones y un mercado interno que se vuelca hacia lo más barato a pesar de la pérdida de calidad.
Según los datos gremiales, en San Juan, el universo textil está integrado por aproximadamente 700 a 800 familias que dependen directamente de esta actividad. Sin embargo, durante el año pasado, el sector sufrió una sangría constante: a mitad de año se perdieron entre 70 y 80 puestos de trabajo, mientras que hacia el cierre del periodo se sumaron otras 30 bajas, completando una pérdida directa de cerca del 10 % de la fuerza laboral. A esto se suma un impacto indirecto "muchísimo" mayor, afectando a servicios de seguridad, limpieza y empresas contratadas que fueron desvinculadas para que el personal propio asuma esas tareas como medida de supervivencia.
Olivares aseguró este viernes, en diálogo con radio Estación Claridad, que el principal motor de esta caída es la combinación de una baja en el consumo interno y una política nacional que permitió que la importación "invada" la industria. Al respecto, el dirigente señaló que "no hay un cambio de timón a nivel nacional en el tema de las importaciones" y que se enfrenta un "futuro muy incierto". La competencia se vuelve desigual debido a los bajos precios de los productos extranjeros, a menudo de menor calidad, que seducen al bolsillo golpeado del consumidor: "al ver esa opción tan barata, la gente se inclina por lo más barato, por la economía que hay".
Según el gremialista, el caso de Vicunha, una de las firmas más emblemáticas y grandes de la provincia, sirve para ilustrar el desplome productivo. Mientras que hace tres años la planta alcanzaba una producción de 2 millones de metros de tela por mes, hoy la cifra no llega ni al millón. Esta parálisis forzó la implementación de un cronograma de suspensiones para evitar despidos masivos. Se acordaron semanas de inactividad en Semana Santa, a partir del 20 de abril y nuevamente a mediados de mayo, buscando que el impacto salarial sea el menor posible mediante convenios entre las empresas, el gremio y la Subsecretaría de Trabajo.
En este contexto, la realidad dentro de las plantas cambió drásticamente. Olivares describió cómo operarios calificados hoy realizan tareas de mantenimiento, pintura o limpieza para paliar la situación y mantener su puesto: "nos tenemos que poner el overol y ponernos a trabajar".
Las empresas, por su parte, intentan conservar el personal mínimo indispensable porque, según explica el dirigente, formar a un maquinista especializado lleva al menos un año, y perder ese capital humano haría imposible una eventual reactivación. Sin embargo, la incertidumbre persiste mientras no se vean medidas que equilibren la balanza comercial, ya que para el gremio, el sector empresario ya hizo todos los ajustes posibles: "más ajustes no veo cuáles serían".