Fue un ícono. Por 23 años, la sucursal de Falabella fue la frutilla del postre de la Peatona. Un local que, por su muy buena calidad en distintos rubros -indumentaria, calzado, electrodomésticos, tecnología y bazar-, marcó un antes y un después en la vida de los sanjuaninos y de sus empleados.
A tres años del cierre de Falabella, el recuerdo de ex empleados del local que marcó un antes y después en el comercio de San Juan
Por más de dos décadas, la sucursal de origen chileno fue la figura de la Peatonal sanjuanina. En la nota, las palabras de dos empleados históricos de la firma, quienes contaron experiencias y sensaciones de sus pasos por el negocio.
A principios de 2021, llegó una noticia que cayó como un baldazo de agua fría -en invierno-. El 7 de febrero, la firma chilena comunicó oficialmente la decisión de retirarse del mercado argentino y poner a la venta todos sus activos. De manera que se deshizo de las tiendas establecidas en Mendoza, Córdoba, Rosario y San Juan.
La agonía duró aproximadamente 50 días en la sucursal sanjuanina, ubicada a mitad de cuadra por calle Tucumán entre Laprida y Rivadavia. En medio de una larga angustia, el local bajó definitivamente sus persianas el 27 de marzo.
La salida del negocio cambió la vida de un centenar de empleados, entre ellos el personal efectivo de la empresa trasandina e integrantes de firmas tercerizadas -seguridad, limpieza y una consultora-. Por siempre recordarán con mucha nostalgia su paso por la tienda y la “familia Falabella” que formaron.
En el marco del tercer aniversario del cierre de la tienda, Tiempo de San Juan habló con Hugo González y Melina Páez, dos ex empleados de la firma.
González fue uno de los históricos de la tienda. Comenzó en febrero de 1998. Prácticamente, pasó por todos los sectores de la sucursal. Empaque fue la primera área donde se desempeñó, luego estuvo en sastrería, servicios técnicos de productos electrónicos, despacho, caja y también fue vendedor. También fue delegado de los trabajadores.
En el caso de Páez, ingresó en 2004 a través de la consultora encargada de seleccionar el personal para la tienda. Fue cajera durante los primeros ocho años, siendo auxiliar de caja, integrante de tesorería y el centro de cambios. Posteriormente, decidió postularse para ser vendedora. Tras ser seleccionada, estuvo cuatro años en indumentaria para damas y los próximos cuatro años en calzado para damas.
La “familia Falabella”
“Siempre hacíamos referencia a la ‘familia Falabella’”, contó Melina. La experiencia laboral y la fraternidad con sus compañeros son los mejores recuerdos para ella, en las más de dos décadas que llegaron a formarse amistades, parejas y familias.
Hugo no lo duda. Durante 23 años de su vida, la joyita de la Peatonal fue su segunda casa y sus compañeros su segunda familia.
A pesar de no verse en el día a día, Hugo y Melina continúan comunicándose con sus compañeros. Es inevitable. Aunque el destino fue distinto para los asalariados, confirmaron que la “familia Falabella” seguirá en contacto.
La estrecha relación con los clientes
Páez mencionó una conclusión de los ocho años que permaneció en la venta de ropa y calzado para damas: las clientas iban a comprar y hacer terapia.
Recordó a una señora en especial. “Asistía a la tienda solamente para conversar”, dijo Melina. La mujer estaba muy sola y en varias oportunidades ingresaba al local durante la mañana y se iba minutos antes de cerrar las persianas.
Todavía mantienen el contacto y siempre rememoran las infinidades de anécdotas que ocurrieron en el edificio de calle Tucumán.
En otras palabras, González manifestó que, hasta la fecha, muchos clientes los recuerdan. “Charlamos y siempre tienen un grato recuerdo del local y de nosotros”, afirmó.
Los últimos días y la nostalgia
Los días finales los vivieron como si fuera el último. Nunca pensaron que la tienda cerraría definitivamente sus puertas. Durante ese periodo, Melina dijo que salían a desayunar y merendar todos juntos.
Previo al cierre, recordó una reunión sucedida en febrero. Un gran número de empleados lloró por el complicado panorama que se aproximaba y por perder su trabajo, ese que fue gran parte de sus vidas.
Cuando cerró la tienda, muchos clientes les dejaron sus números de teléfono para no perder el contacto y otros los abrazaron y lloraron con ellos. “Con algunas compradoras todavía nos mandamos mensajes”, contó.
En el caso de Hugo, la nostalgia aparece cuando pasa por el inmueble, que hace un año está ocupado por Sporting y Adidas. Lamentó el cierre por las fuentes laborales que se perdieron y personalmente porque parte de su vida pasó por ese trabajo.
Qué fue de la vida de Melina y Hugo
Melina está desempleada. Tuvo dos trabajos en el comercio después de su paso por la firma de origen chileno. Reconoció que siempre se inclinará por atención al cliente al momento de la llegada y la búsqueda de propuestas laborales. También hizo cursos de pastelería, con el propósito de realizar un emprendimiento.
En cambio, Hugo es empleado del Sindicato Empleados de Comercio -SEC- y forma parte de la comisión directiva del gremio.