La realidad es que no es algo nuevo. En 2005, un emprendedor argentino desarrolló la marca Iron Wine y desafió las las costumbres de esta industria al presentar un producto tan innovador como desafiante: el primer vino en lata de producción nacional.
Vino en lata: el antecedente de un emprendedor argentino
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"La idea se me ocurrió como consumidor. Yo no vengo de la industria del vino, pero siempre me preguntaba por qué no había vino en lata, me parecía un formato realmente cómodo", explicaba allá por el año 2008 a este medio Jaime Travers, socio gerente de la empresa Iron Wine.
"Para comenzar y ver si mi idea era viable o era una locura teníamos que comprobar si técnicamente se podía comercializar vino en este formato. Hace 30 años en la Argentina había habido un primer intento, pero como la industria del packaging no estaba tan desarrollada y habían usado envases de hojalata, de menor calidad, la vida útil del vino era muy corta y esa prueba no funcionó", comentó.
Pero una vez que las pruebas con nuevos materiales fueron exitosas, "junté un grupo de inversores para hacer posible el proyecto y en 2005 sacamos las primera latas para vender al exterior", detallaba el emprendedor.
Con un capital inicial de u$s400.000 y luego de tres años de experiencia, Iron Wine llegó a alcanzar una producción de 360.000 latas anuales y llegó a destinar más del 90% a los mercados externos.
Sus dos variedades y formatos eran un Malbec Cabernet y un Chennin Blanc en latas de 250 cm3 y 350 cm3, envasados por la bodega mendocina Jean Rivier, de San Rafael.
Los tres destinos más importantes de los 20 a los que llegó a exportar fueron España, Holanda y Colombia.
Desde Iron Wine explicaban hace más de una década que si bien "para el consumidor suena rarísimo que el vino esté en contacto con el metal, hoy es algo común, casi todas las bodegas fermentan vino en tanques de acero inoxidable. Lo que hicimos simplemente fue llevar una técnica usual en la industria a la palma de la mano de los clientes. No es algo que esté reñido con las prácticas de producción".
A nivel técnico, las latas estaban recubiertas por un barniz especial que evitaba que el aluminio transmita sabores extraños al vino.
No fue un camino fácil
Que en su momento este vino de producción nacional haya sido más fácil de conseguir en Aruba o en Guatemala que en la Argentina respondía a las características del mercado local, en el que costó imponer el formato.
Además, el proyecto debió enfrentar la crisis internacional de 2008 y el comienzo de un proceso inflacionario en el plano local, que llevó a que cayeran fuertemente las órdenes de compra del exterior.
Ante las dificultades para mantener el nivel de exportaciones y los problemas para lograr aceptación en el mercado local, el emprendimiento debió replantearse los próximos pasos.
En un momento, Iron Wine intentó conseguir el apoyo de nuevos inversores, pero la idea no prosperó. Hoy su página web es un dominio que está a la venta.
Fuente, Iprofesional