A los 15 años, Lautaro Carabajal ya empezó a escribir su propia historia en el fútbol. El arquero sanjuanino nacido y criado en calle Benavidez y Díaz, en Chimbas, dejó su familia y viajó más de mil kilómetros para instalarse en Buenos Aires y perseguir un sueño que hoy empieza a tomar forma. Lo llamaron para entrenarse y ser parte de las inferiores de AFA en San Miguel y apuntar, algún día, a la máxima categoría del fútbol argentino. Perseverancia y disciplina es lo que le sobra.
De Chimbas al fútbol de AFA: quién es el arquero sanjuanino que llamaron para jugar en el Trueno Verde
Lautaro tiene apenas 15 años, se formó en Colón Junior y fue convocado para atajar en las divisiones inferiores de un equipo del ascenso. Heredero de una familia ligada al Merengue y con raíces marcadas por el esfuerzo, busca cumplir el sueño de llegar a Primera y ayudar a sus padres.
Su historia está profundamente ligada a Colón Junior, el club donde hizo toda su escuelita desde los 4 años y donde heredó mucho más que una camiseta. Lautaro creció mamando los colores merengues por tradición familiar. Sus bisabuelos fueron empleados de la histórica Bodega Grafigna y su abuelo, el recordado “Pocho” Carabajal, dedicó gran parte de su vida a la dirigencia del club, llegando incluso a ser presidente de la institución.
"Por mi abuelo y por mi papá me hice hincha de Colón. Ahí empecé y ahí me quedé", le contó el joven arquero, que hoy lleva adelante el legado familiar dentro de una cancha.
Hijo de Daniel Carabajal y Silvana, Lautaro creció en una familia trabajadora junto a sus tres hermanos. Su papá también tuvo un paso por inferiores de Colón Junior, aunque luego dejó el fútbol para seguir la carrera militar. En ese contexto humilde y de esfuerzo diario, el arquero empezó a forjar un sueño que hoy lo encuentra lejos de casa, pero más cerca del profesionalismo.
El arco apareció casi de casualidad en su vida, ya que fue su hermano Lucas quien lo empujó a probar suerte bajo los tres palos y a los 10 años se puso los guantes. Hoy, con casi 1,80 metro de altura y admiración absoluta por el arquero español David Raya, trabaja todos los días para perfeccionarse mirando videos y entrenando técnicas que aprendió desde chico.
La posibilidad de llegar a Buenos Aires apareció primero con Chacarita. Lautaro realizó pruebas y recibió el visto bueno, pero la falta de pensión y las complicaciones para quedarse hicieron que el sueño tuviera que esperar. Sin bajar los brazos, siguió insistiendo hasta que apareció San Miguel.
Desde una pensión en José C. Paz, donde convive con chicos de distintos clubes y provincias, llegó la noticia que tanto esperaba: el club le abrió las puertas para entrenar con AFA y avanzar hacia la firma. Todo se aceleró luego de que enviaran videos suyos a los entrenadores del Trueno Verde. "Es una oportunidad que muchos quieren y a pocos se les da", reconociò Lautaro, que admite extrañar a su familia, pero sabe que este es el momento de apostar fuerte y no bajar los brazos hasta que las lágrimas de haberlo conseguido lleguen.
Detrás del sueño futbolero también hay otro objetivo mucho más profundo. Cuando habla de su futuro, no piensa primero en autos ni lujos. Piensa en su mamá, y en lo que su familia hizo para que pueda ser quien hoy es: "Lo primero que quiero hacer cuando cobre mi primer sueldo es darle la plata a mi mamá para que pague todo lo que haga falta. Y si algún día puedo, comprarles una casa", cerró Lautaro, con una madurez de apenas 15 años. Focalizado, con ganas y un sueño latente de llegar: "Es mi sueño".