“Sé que no juega más conmigo, pero está mirándome desde la tribuna alta”. Pasó un año de la tragedia que enlutó al fútbol sanjuanino y Blas Díaz no olvida ni un minuto la fatídica madrugada en la que su amigo y compañero de división perdió la vida en un accidente de tránsito. Nicolás Medina tenía 18 años y era su compañero en la Primera del Club Atlético de la Juventud Alianza. Eran inseparables, tanto que aquella noche del siniestro volvían juntos de una fiesta.
El dolor de vivir sin un amigo y compinche de la redonda
“Nos conocíamos desde los 11 años e hicimos juntos todas las inferiores en Alianza. El fútbol nos hizo hermanos. Después de aquel fin de semana íbamos a ir a realizar una prueba a Boca, a Buenos Aires. Pero el destino no quiso que llegáramos juntos”, expresó Blas a Tiempo de San Juan.
El 28 de mayo de 2017, Medina perdió la vida tras chocar contra un eucaliptus en Avenida Sarmiento y Belgrano, en San Martín. El chico Díaz, quien estaba ubicado en el asiento del acompañante, se salvó milagrosamente y sufrió apenas unos raspones. “Hoy justo cumple año. Se lo extraña mucho en la cancha y en el camarín. Es muy difícil no verlo, era una persona muy querida por todos. Fue un golpe duro, pero por suerte hay compañeros de fierro que te bancan y sacan adelante”, apuntó el jugador.
Lo de Blas y Nico era algo más que un pase y un abrazo de gol adentro de la cancha. Vivían a pocos kilómetros de distancia, viajaban juntos en colectivo a los entrenamientos y hasta se cortaban el pelo en la misma peluquería, el mismo día y a la misma hora. Era una dupla inseparable, dentro y fuera del campo. “Me costó volver al fútbol. No quería saber nada con jugar. Estaba muy loco. Mis compañeros me mandaban mensajes y me insistían en que tenía que jugar a la pelota. A los días comencé a entrenar, pero no era lo mismo. Llegar al club y no verlo era difícil”.
El joven contó que fue asistido por psicólogos y que su familia y novia fueron sus pilares para poder salir de la angustia en la que había caído tras la muerte de su amigo. “Fueron muy duros los primeros meses, de hecho tuve que ir al psicólogo. Pero sigue siendo difícil, llegan los 28 de cada mes y se me parte el alma tener que ir a llevarle flores”, afirmó.
Su mensaje en Facebook, a un año de la tragedia.