Tiene hambre. Se le nota en la cara, en los gestos, en la ansiedad. Gonzalo Higuaín se alimenta de goles y lo afecta no haber convertido en los tres partidos de la etapa de grupos de la Copa América Centenario. Su impaciencia se desnuda dentro de la cancha, cuando gesticula por una asistencia mal dada de un compañero, y se disfraza afuera, cuando se entrena sereno en el Campus de la Universidad de Harvard, el campo que la selección utiliza para ejercitarse en esta ciudad. Que el Pipita no figure entre los ocho futbolistas del plantel que marcaron en los encuentros con Chile, Panamá y Bolivia también intranquiliza a Gerardo Martino, que igual respalda al N°9 que batió todos los récords en la última temporada del calcio. Del balance con saldo positivo de la selección en los primeros tres partidos, esta es la principal deuda que el seleccionador buscará resolver con miras a lo que se viene, la serie de mata-mata, donde las imperfecciones se pagan a un alto precio.
El goleador que hace temblar el calcio pero arrastra una condena con la selección
Higuaín está acostumbrado a las adversidades. Su primera batalla la dio a los 10 meses, cuando estuvo al borde de la muerte por una meningitis. Su padre, Jorge, ex futbolista que se destacó en River y Boca, pero que tuvo un recorrido que incluyó también a Nueva Chicago, Gimnasia, San Lorenzo, Brest y Banfield, recuerda que en el Hospital de Niños, donde el menor de sus tres hijos estuvo 20 días en terapia intensiva, le salvaron la vida. "Le pueden quedar secuelas para caminar, para mirar y para coordinar", le dijeron los médicos. Nada de eso sucedió. Desde que se hizo profesional, cada vez que estuvo en desventaja, como en Real Madrid, donde llegó desde muy chico y siempre debió esforzarse para tener su espacio en un club donde compartió ataque con Raúl y Ruud van Nistelrooy, también se sobrepuso a base de esfuerzo y goles. Sin embargo, la herida abierta con la selección sigue sin poder cicatrizarse.
El estigma empezó en el Mundial de Brasil, donde quedó marcado por el mano a mano desperdiciado ante Neuer, en la final ante Alemania. El delantero no había llegado en su plenitud física a la competencia y lo evidenció en los partidos. Al año siguiente, en 2015, en la Copa América, su penal a las nubes en la definición ante Chile dejó a la selección en la puerta de conseguir su primer título desde 1993. Y este año, en el que deslumbró en Europa por sus 36 goles en el calcio, todavía no pudo marcar (sólo anotó en el amistoso con Honduras, en San Juan, el 27 de mayo pasado). Su último grito en partidos oficiales fue el 30 de junio del año pasado, en el 6 a 1 ante Paraguay, en las semifinales de la Copa América de Chile; en las eliminatorias jugó ante Brasil, Colombia, Chile, Bolivia y la sequía se prolongó ahora en los Estados Unidos.
"Este es el cuarto partido que me toca jugar sin Leo, por desgracia. Sabemos lo que representa para la selección, y cuando no está tenemos que esforzarnos mucho más", dijo Higuaín luego del debut con Chile. Los desencuentros con Messi siguieron en los dos siguientes juegos, ya que contra Panamá estuvieron a la par apenas 14 minutos -el rosarino ingresó a los 16 minutos del segundo tiempo y Pipita fue reemplazado por Agüero a los 30-, y frente a Bolivia el ingreso de Leo significó el reemplazo de Higuaín.
"Con Gonzalo pensamos igual: cuanto más desesperado estás es peor, porque elegís mal. Ya se le va a dar, tuvo una muy buena temporada, estuvo a full, marcó de todos lados "
Sergio Agüero
Pero de las debilidades se puede sacar fortaleza. La variedad de goleadores que la selección tiene en el certamen es una de ellas. Que los diez tantos hayan sido convertidos por ocho futbolistas -Di María, Banega, Otamendi, Messi, Agüero, Lamela, Lavezzi y Cuesta- es un punto positivo para el equipo. La fortaleza defensiva, con un solo gol recibido, en el debut ante Chile, y sobre la hora, es otra. Así como la confianza afecta al N°9 cuando no hace goles, que Sergio Romero sea una de las vallas menos vencidas brinda seguridad.
La recuperación de Messi, la puesta a punto de Lavezzi y Biglia, que viajaron a pesar de estar lesionados, son signos alentadores para Martino, que encuentra alternativas para un equipo que siente las ausencias de Di María y Pastore, y que entre un destino y otro tiene poco tiempo para descansar. La Argentina es la selección que más kilómetros recorrió en los Estados Unidos, y si luego del partido de mañana se clasifica para las semifinales, tendrá sólo el domingo y el lunes libres, ya que el martes deberá jugar por un lugar en la final.
"Viene lo más difícil, ahora hay que olvidarse de todo lo que hicimos y pensar que empieza otra Copa", fue el mensaje que bajó Messi al grupo, como para que nadie se relaje. Higuaín, en deuda, también tomará esa frase como una nueva oportunidad para demostrar que éste es su año. En el fútbol y en la vida, el Pipita sabe aprovechar las oportunidades.