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jueves 23 de abril de 2026

Personaje

El “Turco” Julio, el último gran ídolo del ciclismo

Con 41 años, es el corazón del equipo de Pocito. No le hizo falta triunfar en una Vuelta a San Juan para ganarse el cariño del público y la máximo ovación de los domingos. Llegó al deporte desobedeciendo a su padre y con el pico y pala para armar su bici.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Carla Acosta
cacosta@tiempodesanjuan.com

En San Juan no llegó a ganar una carrera "grande”, pero el domingo 28 de febrero se llenó de laureles en la última etapa del Giro del Sol y todo Pocito se rindió a sus pies. Al grito de "Vamos Turco”, los fanáticos se volvieron locos al verlo cruzar la línea de llegada en lo que fue su primera victoria en su querido departamento.
 
Ricardo Julio, aquel que nació de una familia humilde de la Rinconada y a puro sacrificio llegó a la elite del ciclismo sanjuanino, desde hace años emociona carrera tras carrera por su vigencia a los 41 años. Y aquel domingo no fue la excepción, porque en pleno corazón pocitano volvió a dar una muestra clara de que para ser ídolo no hay podio ni vuelta que alcance. 

Tiempo de San Juan busca la casa de Ricardo en el Barrio Bella Vista y consultando a un grupo de niños que juegan en una plaza, éstos responden "¿el "Turco”? Vení, yo te llevo a su casa”. En el barrio todos lo conocen, de hecho el mismo ciclista cuenta que los domingos la vereda de su casa es un enjambre de pequeños que aguardan su salida a las carreras. En los entrenamientos y circuitos ni hablar, para todos es "el Turco de la gente”.
 
"No me di cuenta cuándo fue el momento en el que empecé recibir mucho cariño. Sólo sé que hice muchas amistades en el deporte y que me sacrifiqué mucho arriba de la bici, portándome bien y aprovechando las oportunidades. Me siento bendecido por el apoyo en todos los lugares”, expresa el pedalero.

Desde que vestía la camiseta de Jugos Monasterio, su primer y único equipo después de la Municipalidad de Pocito, ya era un tipo de recibir afecto dentro y fuera del pelotón por su  simpleza, solidaridad y sacrificio en el deporte. Sin embargo, en los últimos años el capitán del equipo pocitano se convirtió en un verdadero referente del pueblo del ciclismo, así como lo fue en su momento el Payo Matesevach y Oscar Villalobo, entre otros.
 
Además, otra de las características que lo hacen grande es la calidez para con la gente, prestándose a una foto o autógrafo. "Nunca le negué el saludo o una foto a alguien. Lo más lindo es el cariño de la gente y es algo que me gusta y me anima mucho”, cuenta. 

Rebelde con causa

Desde chico le gustaba la bicicleta, era algo que, según dice, le llamaba la atención. De hecho los fines de semana los pasaba pegado a la radio escuchando las carreras y a corta edad ya soñaba con subirse a un podio, con ser un grande como Chancay o Pitufo Castro. "De niño quería ser un genio como ellos”, confiesa. Sin embargo, para cumplir su anhelo tuvo que desobedecer a su padre Roberto –fallecido en el ´98- quien no estaba de acuerdo con que sus hijos fueran ciclistas. "Mi hermano mayor, Rafael, quería ser ciclista pero no lo dejaron. Se complicaba, no se podía correr, había que rebuscársela solo. Y mi viejo no quería, decía que había que trabajar porque éramos una familia humilde y numerosa, y en la casa hacía falta el dinero”, señala. 

Pero no le hizo caso, lo desobedeció y lo bien que hizo. Ricardo con 11 años empezó a pedalear con la bici de su hermano –una de baja calidad, según dice- y con lo que ganaba con el pico y la pala en el campo lo repartía entre su casa y los repuestos para poder armar su primera bicicleta. "Mi mamá me ayudaba a escondidas y yo con lo que ganaba iba invirtiendo en tubos y cubiertas. Mi papá no estuvo de acuerdo al principio pero en los últimos años que él vivió se hizo fan, nunca más se bajó de la camioneta de auxilio. Lo lindo es que al ciclismo lo disfrutamos juntos en los últimos años”.  

Su mamá María Teresa tiene 71 años y vive en la Rinconada junto a su nieta Fátima, quien se quedó sin su mamá apenas nació –falleció durante el parto- y fue criada prácticamente por el "Turco”. Su "vieja” fue su principal cómplice en su pasión por la bici. "Para mí era sacrificado y lindo porque era el único hijo que hacía ciclismo y a escondidas (risas). Recuerdo que el día sábado, previo a las carreras, él andaba pidiéndoles botellitas a los vecinos para llenarlas con agua. Yo las forraba con medias viejas. En lo que yo podía lo iba ayudando. Hoy me siento contenta por lo que logró, porque es un referente. El otro día la gente me saludaba a mí como si yo hubiese ganado. Es emocionante”, cuenta su mamá. 

La primera bici de calidad llegó gracias a las ventas de empanadas y sorteos que hizo la familia y vecinos. Su hermano recuerda el esfuerzo que se hizo para comprar la bici, aunque por la ignorancia sobre el tema, la bici llegó con una falla. "Llegó una del talle 50 y para él era 52 (risas). No sabíamos del tema y la pedimos así. Después le dolía la espalda, parecía que lo habían agarrado a palos”, refleja Rafael.

Cuando casi se bajó de la bici

Ricardo Julio sabe en carne y hueso lo difícil que es escalar alto en el deporte. Cuenta que en el 2002, tras la crisis económica que golpeó al país, estuvo a punto de bajarse del pelotón. "Era una situación dura, con lo justo se comía. Yo ya había pasado por esa situación en mis comienzos, cuando tenía 11 o 12 años, y no quería pasar lo mismo. Pero es difícil dejar algo que te gusta cual sea la situación. El ciclismo es como una adicción”, dice el pedalero. 

Su mamá trae a su memoria cuando el "Turco” tenía 14 años y en Carpintería sufrió una caída que lo tuvo por varias horas inconcientes. "Me lo trajeron muy mal. Fui al hospital porque me decían que no se sabía si se salvaba. Le dije que no corriera más y me lo prometió, pero a las dos semanas empezó nuevamente”. 

Aquella caída el ciclista la recuerda como si hubiese sido ayer: "Choqué con el que iba en moto y llevaba la bandera. Pero el que no se cae no es ciclista. No hay que tener miedo, todo queda ahí”. 

Pocito, su gran amor

Después de vestir la camiseta de Jugos Monasterio, Ricardo Julio se fue al equipo de la Municipalidad de Pocito en 1996, cuando el intendente era Joaquín Uñac –papá del gobernador- y el director de Deportes era Fabián Aballay, hoy actual intendente. Ya son casi veinte años defendiendo los colores de su casa. "Yo salía de entrenar cuando Fabián me propuso estar en su equipo. La verdad es que correr para tu departamento es diferente, porque corrés para tu gente. El otro día cuando gané la última etapa del Giro, en Pocito, me sentí muy feliz. Era la primera vez que ganaba en mi tierra. Fue una emoción terrible”, expresa el deportista, quien se muestra agradecido con la familia Uñac, Aballay, Chica y hasta con sus compañeros de equipo. 

Ricardo dice que esta temporada es la última, una decisión ya concertada en un 90%. Sin embargo, lo entusiasma la idea de que la Municipalidad de Pocito sea un equipo continental en un futuro y pueda participar en la Vuelta a San Juan cuando esta sea fecha UCI (Unión Ciclista Internacional). "Hace dos años dije que era mi último año sin saber que iba a pasar tan rápido. Me siento bien físicamente pro pero cada ciclo tiene su fin, aunque no me veo debajo de la bici. Me dicen algunos ´vos no tenés fin viejo, te quedan 100 años más´. El otro día el Intendente decía ´que el Turco no se vaya, que se quede un año más´. Veremos qué pasa”.  

Un amor entre ruedas

A su esposa Roxana Font la conoció cuando era chico, ya que el padre de ella (Juan) era uno de los que le dio una mano para ser crack del ciclismo. Ambos viven juntos y son papás de Jesús, según él, el próximo "Turco”. "Es lindo acompañarlo, hasta lo hice embarazada en una carrera de Calingasta. Es increíble lo que lo siguen”, cuenta su esposa. 

¿Qué dicen de él?

"Siempre va a ser un ídolo por cómo es, por lo humilde que es y por todo lo que ha ganado. Es el que siempre está ahí a pesar de todo, es el que quiere que todos estén bien”, Nicolás Tivani, compañero en el equipo de la Municipalidad de Pocito. 
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