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martes 7 de abril de 2026

Historias

Un golpe a la resignación

Hace diez años Andrés tuvo un grave accidente que lo dejó en coma. Cuando los médicos no le daban esperanza de vida, se despertó y empezó a lucharla. Su gran motor en la recuperación fue el chaiu do kwan, disciplina que lo ayudó física y mentalmente.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Carla Acosta
Tiempo de San Juan

Un accidente de tránsito le cambió la vida cuando tenía 7 años. Pasó dos meses en coma y para los médicos iba a quedar en estado vegetativo. Pero frente a los pronósticos médicos, Andrés Castro (17) pudo salir adelante aforrándose de su familia y también al deporte, con el que logró más que un podio y una medalla. 

No fue nada fácil aquel 2004. Cuando volvía en auto junto a su papá, desde Jáchal, un accidente automovilístico lo marcó para siempre. Su papá sufrió fracturas y él se llevó la peor parte: un golpe en la cabeza que lo tuvo por más de 60 días postrado en una cama, en coma. Pero aquello no fue todo. En la desesperación por buscarle una salida al drama familiar, lo llevaron a Buenos Aires y allí los médicos fueron tan drásticos como duros: "Me dijeron, ´cómprese una maceta porque su hijo va a ser un vegetal por el resto de su vida´”, cuenta Wilson, papá de Andrés, con lágrimas en los ojos. 

Visitaron cuanto hospital hubiese en el país buscando un bendito milagro. Ni la familia ni el propio Andrés se resignó, se dejó vencer. Fue entonces cuando después de dos meses del trágico accidente, el hoy adolescente empezó a dar señas de una recuperación: al año empezó a balbucear y poco tiempo después a caminar. "Nosotros dijimos ´o dejamos todo así o la peleamos´. Decidimos ir a todo o nada. La verdad que lo que nos pasó fue una lección de vida que uno nunca espera pero que enseña tanto”, comentó el papá.  

Su recuperación tuvo como principal pilar al deporte. Se aficionó del chaiu do kwan, una de las tantas disciplinas de las artes marciales, y empezó a perfeccionarse buscando en un futuro cumplir uno de sus tantos sueños: subirse a un tatami para competir. 

Como chico batallador que es, lo logró. De la mano de su profe Sergio Lescano, Andrés empezó a combatir a la par del resto a pesar de las secuelas motoras que quedaron producto del accidente. "Este deporte me dio firmeza. Es muy duro y siempre me exigí como todos. Me ayudó mucho en lo disciplinario ya que en un principio no me importaba que alguien estuviese tirado y ahora, como dice el Papa Francisco, hay que ayudar al hermano. Por eso le digo a todas las personas que tienen que superarse y no bajar los brazos nunca”, comentó Andrés, sin dudas un claro ejemplo de superación. Su papá también piensa lo mismo: "el deporte fue fundamental para su rehabilitación, le dio confianza, equilibrio y sobre todo socialización”. 

Dentro del chaiu do kwan es uno más. Si bien su proceso de aprendizaje es más lento que el resto, Andrés entrena al mismo ritmo que los demás compañeros. De hecho, con 17 años alcanzó el cinturón negro y desde hace dos años compite a nivel local. "Hace dos años empezó a competir y lo hace muy bien. El compite con los chicos de la academia de igual a igual”, agrega Sergio. 
 
Textuales

"Este deporte me dio firmeza y me ayudó mucho en lo disciplinario. Por eso le digo a todas las personas que tienen que superarse y no bajar los brazos nunca”, Andrés Castro.

"Le doy las gracias a mis padres y a mis abuelos, por ello estoy caminando y me estoy superando”.

RECUADRO

Además del chaiu do kwan, el chico practica enduro e integra una banda de rock, en donde toca el bajo. Además cursa 5to año de la Secundaria en el Colegio San Francisco de Asís, en donde es un gran ejemplo de vida. 
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