Por Carla Acosta
La esposa karateca de Pinedo Zabala
Se llama Katrina Parada y en Bolivia es una de las mejores en la especialidad kumite, con medalla hasta en los Juegos ODESUR. Se bajó de las pasarelas para ponerse el karategui con el que conquistó al verdinegro y jugador de selección. Por Carla Acosta.
Tiempo de San Juan
"Mis compañeros me dicen ´negro, te van a moler a patadas´ y yo les contesto que por las dudas duermo con bate bajo la almohada”, cuenta entre risas Pinedo Zabala. Es que el jugador de San Martín y convocado por la Selección de Bolivia para jugar la Copa América, no tiene como esposa a una chica cualquiera. A su belleza y simpatía, Katrina Parada (27) suma una habilidad para tener cuidado: el karate.
Cinturón verde y sin dudas una chica de armas tomar, la llamativa rubia es una de las karatecas más conocidas de su país en la especialidad kumite (combate). Decenas de torneos nacionales ganados, medalla en los Juegos Bolivarianos, Panamericanos y hasta en los famosos ODESUR (Juegos Sudamericanos), la hacen una de las mejores de las artes marciales bolivianas. "Gané todos los torneos, hasta en este año. No soy cinturón negro porque debería rendir en el examen, ´kata´ (demostración técnica), y no me gusta. Tenés que estar muy seria para eso y yo me río mucho”, cuenta la karateca y pareja del delantero verdinegro.
Oriunda de Santa Cruz de Bolivia empezó con el karateca gracias a un profesor de su colegio, quien le regaló una beca deportiva. Fanática de las pasarelas y las fotografías, en aquel entonces explotaba su belleza con el modelaje, cuando apenas tenía 12 años. Pero su mamá, poco convencida de que ejerciera ambas actividades, le dio a elegir entre ser karateca o modelo. "Me quedé con el karate, que es mi gran pasión”.
Instalada en San Juan acompañando a Pinedo, dice que ya recibió invitaciones para sumarse a escuelas locales. "El otro día me vieron corriendo en el parque y parece que me reconocieron. Me invitaron a un dojo y voy a ir cuando regresemos de la Copa América. Estoy muy entusiasmada”, dice ella.
Un amor sin barreras
Al Verdinegro lo conoció hace cinco años a través de amigos en común, cuando éste jugaba en el Chernomorets Odessa de Ucrania. Él se tomó con liviandad su condición de karateca. De hecho cuenta con humor que en una de las primeras charlas le decía "por favor, no me pegues”. Sin embargo, para ella fue todo un shock el salir con un futbolista, sobre todo porque Pinedo en ese entonces jugaba en Europa y veía a la distancia como un impedimento en el amor. "En primera parte fue difícil porque yo le reclamé que se iba a tener que volver a Ucrania. Pero después nos arreglamos, logramos llevar la relación por video llamadas. Charlábamos todos los días, siempre antes de entrenar. Después llegó a Blooming, pasamos al matrimonio y a tener a Shashita (hija)”.
Ambos coinciden en que fue un plus en la relación que sean deportistas profesionales, aunque los viajes se hacen eternos y la concentración, previa a una competencia, cueste un poco. "Sumó porque los dos sabemos de los sacrificios que se hacen y tratamos de apoyarnos mucho. Pero por ejemplo, en mi caso, era difícil el tema de los viajes. Trababa de enfocarme en lo mío pero costaba”, expresa Parada.
Futbolera y de las bravas
Hincha de Blooming de Bolivia, de San Martín y de Boca, en el plano argentino, a leguas se le nota que la pasión futbolera le brota por los poros. "Me encanta el fútbol, de antes de conocer a mi esposo”, dice de antemano Katrina.
A pesar de que da una impresión de una mujer tranquila, cuenta que en las canchas es pura euforia y audacia, mucho más cuando hay defender al marido. "Siempre voy a todos los partidos. Creo que me vuelvo hombre (risas). Me pongo a gritar y a cantar. Y si le gritan algo a Gustavo reacciono, aunque él me dice que tengo que estar tranquila. Acá en San Martín me da un poco más de vergüenza, allá en Bolivia soy diferente”.
Una futbolera brava, cuenta también que hasta es crítica del juego de su hombre: "Es como si yo jugara. Si juega mal se lo digo y él se lo toma bien”.
Al jugador le sucede todo lo contrario, aunque se pone un poco inquieto cuando la ve en un dojo. "Me pongo nervioso por miedo a que la lastimen. Pero confío en ella y no le grito. Ella es la mejor. Sus entrenadores y hasta la gente lo dice. Es un orgullo grande para mí”, dice Pinedo, quien confiesa que en más de una ocasión de animó a un combate con su esposa.
TEXTUALES
"El karate es mi pasión. A los tres meses de tener a mi hija ya era subcampeona en Sucre”.
PERLITA
El jugador contó que en San Martín mucho de sus compañeros conocen la actividad de su mujer y en muchas ocasiones lo cargan: "Se me burlan y me dicen que me tienen a patadas”.
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