Aunque casi ocho de cada diez argentinos se reconocen católicos, en el país del Papa hay al menos 4400 organizaciones religiosas activas que no reconocen su autoridad. Se trata, en su mayoría, de comunidades neo-evangelistas y protestantes que, lentamente, van ganando fuerza dentro de un Estado cuya constitución ordena sostener al culto católico apostólico y romano.
Una mala noticia para la Iglesia Maradoniana
En el país donde nació el Papa hay más de 4000 organizaciones religiosas oficializadas.
"Los argentinos lideramos la región en términos de convivencia y armonía religiosa", asegura Andrea De Vitta, directora del Registro Nacional de Cultos a Tiempo Argentino. En las estanterías de su oficina de la Cancillería ubicada sobre la calle Esmeralda se apilan unos 5200 expedientes con todas las solicitudes de reconocimiento realizadas por organizaciones religiosas desde 1979. En estos 35 años apenas 800 no respondieron a los chequeos realizados por su Dirección y fueron dadas de baja.
"Toda organización religiosa tiene que cumplir ciertos requisitos que implican un reconocimiento administrativo y jurídico por parte del Estado, pero no nos ponemos a discutir cuestiones doctrinarias. En ese sentido tenemos un irrestricto respeto por las cuestiones de fe. Solo podría interrumpirse un registro si en el proceso sucediera un delito por estafa o por un crimen cometido dentro de un templo, por ejemplo. En esos casos la justicia nos manda un oficio solicitando información y si logra comprobar, por ejemplo, que se trata de una estafa, nosotros suspendemos el procedimiento, lo damos de baja según sea el caso", aclara De Vitta.
–¿Cuáles son los requisitos que deben cumplir las organizaciones?
–Los interesados tienen que constituir una comunidad de, por lo menos, 20 personas. Nosotros somos minuciosos y verificamos que no intenten pasar otro tipo de actividades dentro del registro, como que quieran armar una iglesia en un garaje con tres personas: el tío, la esposa y el hermano. Entonces, además de esa base sociológica se pide que haya un salón con habilitación municipal, que haya una certificación de domicilio, que tengan estatutos, que presenten un acta de asamblea con la forma de gobierno, el nombre de las autoridades y su formación, qué periodicidad tienen las reuniones y se les pide que nos envíen el libro sagrado si lo hubiere. Ya tenemos tantos libros sagrados que no nos alcanza la cancillería para guardar.
–¿Y cómo se certifica la formación de los pastores en el caso de las iglesias evangelistas? –Nosotros pedimos formación académica o pastoral, según el caso, de las personas que van a estar a cargo de la iglesia. En el caso de las neoevangélicas (que funcionan más por vocación espiritual, llamado de Dios, revelación y demás) pedimos cartas de recomendación. Pero también hay muchos estudios bíblicos informales.
–¿Cómo está compuesto hoy el Registro?
–El Registro recibe inscripciones de grupos religiosos distintos de la iglesia católica apostólica romana. Porque dentro de la estructura de la cancillería hay una Dirección específica para el Culto Católico. Entonces, la competencia de nuestra dirección es tener el vínculo institucional y registral con todas las demás. Esto corresponde, en un 90% a las tradiciones protestantes históricas que vienen de la reforma (me refiero a la iglesia luterana, la metodista, la anglicana) y al grupo de iglesias evangélicas y neoevangélicas. Aunque estas últimas son las que más registros ocupan. El 10% restante corresponde a la colectividad judía, la musulmana, la familia ortodoxa (católica eslava, la rusa, griega, armenia, todas con sus respectivas ramas), budistas e induistas y los umbandas o de origen afrobrasilero.
–¿Entre 2004 y 2012 se inscribieron más de 1200 organizaciones religiosas. A qué debe ese incremento?
–A la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia que trajo cambios importantes. En el área de Culto de la Cancillería, por ejemplo, nombró finalmente a un político a cargo que es el secretario de Culto Enrique Olivieri. Remarco esto porque hasta entonces los nombraba la Iglesia o alguien vinculado. Era un área más restringida y, a partir de ese momento, se empezaron a generar algunos cambios hacia abajo. Esto significó una apertura a la Sociedad, un vínculo aceitado, una búsqueda de convocar a las distintas organizaciones religiosas y celebraciones. Rescatar, destacar y valorar todo lo que la Argentina tiene de suyo: la convivencia de las tradiciones religiosas.
–¿Y podría destacar un hecho en particular que haya incidido?
–En 2008 empezamos un proceso de descentralización del registro de culto. Históricamente atendía sobre la calle Esmeralda para todos los habitantes de la Argentina, es decir que los que querían inscribirse y vivían en Jujuy, tenían que venir hasta acá. Y encima, si faltaba algún papel, tenían que ir y volver. Aparecían los mediadores, los gestores, y complejizaban un trámite que siempre fue gratuito. Entonces creamos las oficinas de enlace. La primera de ella fue en marzo de 2008 en Resistencia, Chaco. Después vinieron, San Juan, Chubut, Río Negro, Salta. Hoy más de la mitad del país tiene oficinas de nuestro registro. Esto quiere decir que las organizaciones se inscriben en su propia provincia. Eso fomentó un mayor encuentro a nivel interreligioso e hizo que muchos gobernantes tomaran nota del caudal religioso de sus provincias.
–¿Pudieron identificar la distribución geográfica de los cultos?
–Desde el punto de vista interreligioso, la mayor concentración del país está en el Noreste y el Noroeste. Y eso va decreciendo hacia el Sur. Empezando por la zona cuyana, donde siempre fue importante, y luego Buenos Aires (Moreno, Jose C Paz, San Miguel, Tres de Febrero). En la Patagonia, en cambio, el crecimiento ha sido mucho menor.
–¿Y cómo se ve la pluralidad de cultos en comparación con los otros países de la región?
–Los argentinos lideramos la región en términos de tradición, convivencia y armonía religiosa. A principios de octubre el gobierno de Colombia nos pidió asistencia para armar su estructura de Culto en el país. Ellos tienen una ley de libertad religiosa del año 94 pero no tienen estructura. Así que fuimos a hacer cooperación, a ayudarlos a armar. Lo que si es claro es que Argentina, y esto está dicho por la ONU, tiene una tradición de convivencia pacífica de las distintas traidicones religiosas histórica que se ha profundizado en los últimos años.
–A medida que tienen mayor presencia en el país, las organizaciones que no responden al culto sostenido por el Estado deben hacer sentir su peso…
–La ley que creó el Registro Nacional de Culto es de febrero del 79. La fecha dice todo. Las firmas son de Videla, Agosti y Massera. Esa es la norma que rige todavía hoy. Pero comenzada la democracia se presentaron distintos proyectos de reforma que no prosperaron. Ahora, sin embargo, con el nuevo Código Civil se logró que las organizaciones religiosas dejen de ser iguales a las asociaciones civiles, a los clubes o las mutuales como era antes. Cuando entre en vigencia se les va a reconocer la especificidad religiosa y entonces vamos a subir varios escalones.
–¿Podría inscribirse en el Registro la Iglesia Maradoniana?
–No, porque si bien hay elementos comunes con cualquier acto religioso (porque entra en cuestión la devoción por la persona), no se enmarca institucionalmente como una religión porque efectivamente escapa a los troncos religiosos. Más allá de que pensemos que Maradona es Dios, por el gol que le hizo a los ingleses, no está el punto de vista de la trascendencia.
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