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viernes 1 de mayo de 2026

ROLLER DERBY, UN DEPORTE DE PELÍCULA

Muñecas bravas

Las derby rollers se caracterizan por la actitud. No se trata de chicas tímidas. Son mujeres de armas tomar. Y entregan todo.
Por Redacción Tiempo de San Juan

ROLLER DERBY, UN DEPORTE DE PELÍCULA
Muñecas bravas
POR BRUNO LAZZARO  10.07.2013          
Nació hace 90 años en Estados Unidos, y en la Argentina no para de crecer. Empujones, insultos y alguna lesión alimentan una disciplina para chicas de armas tomar.
El Óvalo. Se corre en círculos. Las Pibas enfrentan a Hiedras Venenosas.

Foto: Ezequiel Torres
La hinchada alienta desde el tablón más alto de un sauna tamaño extra large. La merienda –cerveza y algunas facturas de pastelera y dulce de leche– está servida al alcance de dos chicas embanderadas con los colores de su equipo. Una de ellas grita con la última letra en punta, corta con un bocado y se vuelve a desesperar con las venas del cuello en plena tensión. “¿Por qué carajo no la tira a la mierda?”, se pregunta, y se lamenta, mientras su amiga le acomoda el trapo por encima del hombro. Un poco más allá suena un bombo que no suena como un bombo y unos metros más acá un pibe con los brazos de juguete de Hulk posa para la foto. Pero esto a nadie parece importarle. Toda la atención se concentra en un óvalo.

Una hora antes, el estacionamiento del Club 7 luce repleto. Los autos se amuchan entre kayaks, canoas y un micro escolar que acaba de arribar con un equipo completo de Roller Derby. Las chicas bajan con sus bolsos a cuestas y se frotan las manos antes de ir hacia los vestuarios para la puesta a punto –maquillaje para unas, accesorios para otras–. Es un domingo de sol, pero en San Isidro –a la vera del río– el viento está de oferta. Falta poco para el inicio del Violentango 2, el torneo de interligas –se disputó durante tres días– que agrupa a los mejores equipos argentinos de un deporte que no para de crecer.

El juego no es fácil a primera vista. Dos equipos –de cinco jugadoras cada uno– salen a la pista y se introducen en un óvalo delimitado con cinta a disputar dos períodos de 30 minutos. Allí, cada bando cuenta con una corredora –Jammer, identificada con una estrella en su casco– y cuatro bloqueadoras. Los puntos se consiguen cada vez que la atacante consigue pasar a todas sus oponentes en un lapso de dos minutos o hasta que decide parar la acción cortando –cuando llevan el filo de sus manos a la cintura–. (Para saber las reglas en profundidad, ingresar a jammerup.com.).

El Roller Derby fue importado desde Estados Unidos, donde se creó hace más de noventa años. En esos tiempos, se trataba de una disciplina teatral que estaba diagramada para ser un espectáculo más que un juego de competición. Con los años, las reglas se fueron modificando hasta llegar a lo que es hoy: un deporte de contacto.

“Empujala, boluda”. Las chicas no se ahorran insultos a la hora de comentar el momento más divertido del juego. Las bloqueadoras funcionan a base de caderazos –culazos, en criollo– y todos los equipos cuentan con una participante de mayor tamaño físico que suele ser la más violenta llegado el momento de impedir que la Jammer rival obtenga puntos.

Hay codos, hombros, empujones y muñecas de más. Ellas caen con ganas. Pesadas. Pero siguen. Una vez en juego, una torcedura detiene la acción. Los médicos de la Cruz Roja ingresan y confirman que una de las participantes tiene esguince de tobillo. Ella saluda y se va dolorida, pero entre aplausos.

Todo lo ilegal se penaliza con la expulsión por parte de los árbitros que fiscalizan la contienda. Las chicas salen del óvalo para sentarse en las sillas de castigo y así dejarle el lugar a otra compañera. Optimus Quad, Newton y Joven Naranja son algunos de los encargados de impartir justicia. Los únicos hombres en este lío en el que las mujeres toman el control.

Jorge no entiende nada. Vino con la hija de un amigo que está parando en su casa, recién llegada de vacaciones. Tiene en sus manos el volante que le dieron de la organización para poder entender el juego. Pero no parece suficiente. En diez minutos ya les consultó a cuatro personas diferentes y acaba de innovar en el arte de interrogar preguntándole a un árbitro que se acercó a la tribuna para saludar a su familia. “De a poco voy entendiendo, pero pese a que todavía no lo termino de comprender, me resulta vistoso. Eso sí, si fuera con hombres me resultaría más divertido”, dice antes de mencionar que el Roller Derby le recuerda a una película de James Caan. Pero el film en cuestión –Rollerball, de 1975– no es el link más directo.

Whip it –protagonizada por Ellen Page y dirigida por Drew Barrymore– es la conexión más natural del séptimo arte ya que está basada en la vida de una jugadora que le esconde a su familia conservadora su participación en un torneo. “Muchas pibas empezaron a sumarse por esa película, pero no tiene nada que ver con lo que vivimos acá. Es una historia de amor y acá las pibas se matan para ganar”, dice Laura, hermana de una de las jugadoras que está disputando el torneo.

Es un día de finales y el color abunda. En la entrada del microestadio, la chica que atiende el stand con merchandising del evento no para de facturar mientras la encargada de vender tortas y golosinas no se queda atrás. El lugar está repleto de amigas, familiares de las participantes y algunos simplemente interesados en el juego. Los partidos suceden y entre algunos de los equipos que llegaron al último día de competencia se destacan Hiedras Venenosas –de Córdoba–, Las Pibas, 2X4 Roller Derby, Sailor City y Cougar Rollers, entre otros. “Vine a ver a un par de amigas que están en Cougar. Ellas son las mejores. Las sigo siempre porque el Roller me parece lo mejor que hay”, opina Luciana desde el alambrado que la separa del juego que está por comenzar.

Kumbia Nena despliega su velocidad a favor de las Hiedras y desde las gradas bajan los gritos más apasionados. Aquí no hay nombres ni apodos comunes. Nada de Soledad, Lucía, Nacha o Gringa. Los bautismos son emblemas de guerra. Por eso figuran Panda Fisura, Massacra, Kowalski, Pony Tolueno, Juanita Bellamuerte, Julieta Del Mal, Sun of the Beach, Cruella Overkill, Bardo Rocha o Killer Mom, por nombrar a algunas.

Capitán Barbosa asume el lugar de Jammer y toma el control a cuatro ruedas. Con su parche en el ojo, gira y gira atravesando las paredes humanas que se colocan a su paso.

A un costado, un grupo de chicos de entre siete y trece años se prepara para entrar a hacer su demostración. Son los futuros representantes de este deporte que parece no tener techo a juzgar por la cantidad de equipos y adeptos que se suman cada vez que un evento toma forma. “Vine para ver si se copa. Ya me dijo que sí y está súper enganchada así que voy a ver de anotarla para que empiece a practicar”, dice Jazmín, quien fue junto a Irina, su hija de ocho años. Y agrega que “no lo veo como algo violento, me parece atractivo por el trabajo en equipo. Está bueno para fortalecer ese valor. Y además, hasta ahora nunca se había copado con nada y esto le gustó: suficiente”.

Las derby rollers se caracterizan por la actitud. No se trata de chicas tímidas. Son mujeres de armas tomar. Y entregan todo. La prueba, y su consecuencia, se ven en cada arremetida, caída o insulto. A todas las une la pasión por un juego que es organizado y dirigido por ellas mismas con el firme objetivo de consolidar un deporte que tiene destino popular.

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