ver más

domingo 5 de abril de 2026

Sin visión, sin límites

Reto al destino

María José Quiroga, a pesar de su ceguera, practica natación, patinaje artístico y múltiples disciplinas de atletismo. Sin madre y sin padre, debió enfrentar muchos obstáculos a lo largo de su vida, pero aún así va por más: sueña con ser una gran periodista deportiva. Por Luz Ochoa.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Luz Ochoa

Historias como la de María José Quiroga hacen apreciar la vida desde una perspectiva más amplia. Es que con tan sólo escucharla hablar, se percibe una fuerza y un espíritu implacable. Parece que nada la detiene y desafía cuanto impedimento se presente. Cuando comenzaba a dar sus primeros respiros, el diagnóstico fue retinopatía del prematuro, pues nació con seis meses de gestación. Dicha alteración le quitó la posibilidad de apreciar el mundo a través de sus ojos.

Pese a su capacidad diferente, la segunda de cuatro hermanos y única mujer se propuso, como objetivo y pilar fundamental en su vida, retar aquello que le sugiriera dificultad. Fue así como inició su amor por el deporte. “Soy una persona a la que le gusta la aventura. Aunque no pudiera ver, quería demostrar que yo era igual a los demás. No porque sea ciega voy a dejar de hacer las mismas cosas que hacen otros. Eso de victimizarse no va conmigo”, explica una convencida muchacha de 19 años.

Gracias a la actividad física que realizaba en el Club Puertas Abiertas de la Escuela Luis Braille, descubrió un placer exorbitante. “Siento que con el deporte puedo llegar a un extremo y cruzar los límites. Me gusta que los chicos piensen que sí se puede porque hay muchos que se encierran en su ceguera y creen que por eso hay que tenerles lástima o hay que tratarlos con prioridad y no es así”, se persuade y es esa misma ideología la que trata de inculcar cuando ejerce su rol de consejera en la misma institución. 

Los Juegos Evita le dieron la oportunidad de demostrar su valor y coraje plasmado en el ámbito deportivo. A partir del 2007, se subió al podio varias veces y en diferentes disciplinas. Durante tres años consecutivos se consagró campeona de salto en largo y, en 2009, lo hizo en 100 metros llanos. Recuerda aquellos momentos como únicos y satisfactorios: “Ser premiada es un orgullo después de tanto esfuerzo”. 

Provocadora y siempre desafiante, se tiró a la pileta sin pensarlo. “Hacía natación en Banco Hispano y en el Palomar, gracias a un programa del Gobierno y la Subsecretaría de Deporte”, cuenta. Aprendió a nadar y también se animó a competir, aunque hoy el gusto de aquella experiencia le resulte amargo. “Iba a llegar segunda, le estaba ganando a la mendocina, pero me descalificaron por no tener antiparras negras. Es que si no se usan los oscuros, los jueces creen que ves algo. ¡Pero yo no veo nada!”, descarga entre risas.

Más seria y reflexiva, reconoce que es retadora como su abuela, la mujer que la crió y educó. Es que con muy corta edad -unos tres, según recuerda-, su padre abandonó a la familia y tres años más tarde su madre falleció a causa de un fulminante cáncer. “Mi abuela se hizo cargo de nosotros. Aunque no le guste que lo diga, yo sé que cumple el rol de madre y padre a la vez. Por eso aprendí mucho de ella. Es muy decidida. Admiro todos los días la fortaleza que tiene”, confiesa.

Si bien la actividad física obró como motivadora en su vida, lo que más la enloqueció y la llevó a inmiscuirse en el mundo de los deportes fue el Mundial de Alemania 2006. Cuenta que seguía los partidos por la tele y, de a poco, descubrió una pasión que hasta hoy perdura: “Ahí comenzó mi fanatismo con el fútbol, me acuerdo del 6-0 de Argentina a Serbia y Montenegro. Lo viví con mucha emoción. Después continué con el fútbol local y pasé a otros deportes también”.

Conocedora a fondo de la pista del Club Fantasía, asegura que hoy sus preferencias se encuentran en los patines. “Me gusta hacer figuras. Siento que vuelo”, manifiesta. Igualmente, su amor por la redonda no se extingue, por el contrario, se acrecienta con el paso del tiempo. Por ese motivo, resolvió estudiar periodismo deportivo cuando finalice sus estudios escolares: “Me fascina eso. Ya lo tengo decidido hace dos años”.

Hincha de Sportivo Desamparados, dice prenderse a la radio durante los 90 minutos y no despegarse hasta el silbatazo final. “Soy fanática. Ahora estamos un poco mal, pero hay que remar. Además soy fanática de Boca y doy la razón en que estamos sufriendo un poco. Le digo a mis hermanos: ‘¿No se dan cuenta de que estamos jugando mal?’. Y ellos se enojan conmigo y me acusan de tomarme en serio la tarea periodística”, relata mientras ríe.

Tal parece y al fin y al cabo, la apreciación de sus hermanos no está tan alejada de la realidad. Resulta que, de vez en cuando, la albardonera de Campo Afuera se sienta con su computadora a escuchar partidos. Toma notas, lleva estadísticas y hasta se anima a titular. No conforme, practica presentaciones y se graba. Sin embargo, su voz aún le causa pudor. “No me gusta escucharme. Quisiera tener la voz de Alina Moine (conductora del programa Fútbol Permitido). Ojalá pueda mejorar y ser como ella”, comenta.

Convencida de lo que es, asume su condición sin importar las barreras que se le presentan. Talento, garra y pasión se imponen en su persona. Con un temple de acero, expresa con convicción: “Estoy orgullosa de ser así y no me da miedo. Aspiro siempre a más, a todo. Quiero que nada sea inalcanzable y, lo más importante, que los demás aprendan de mí.

Más que sentidos
Difícil es ponerse en los zapatos de alguien que no ve y más aún, entender cómo ese alguien se mueve por el mundo. Al igual que trasladarse, practicar un deporte resulta un completo desafío. En el caso de María José Quiroga, su reto deportivo fue triple. A pesar de todo y de no contar con un sentido, se valió del súper desarrollo de los que, sí, tenía y hasta hoy los aprovecha al máximo.

Dentro de la pista de patinaje, el entorno es lo que ayuda. El aire cuando patina le indica la dirección, lo mismo que la música. El sonido retumba en las paredes y ello provoca un sentido de ubicación general.

Por otra parte, María José se vale del tacto para saber en qué lugar está. Los andariveles de la pileta están señalizados con materiales grandes, fáciles de identificar en el contacto.     

Textual
“Me gusta cantar. Me sirve para relajarme. Siempre me piden que cante en los actos escolares. Hasta canté en mi fiesta de 15. Dicen que lo hago bien, pero para mí, no es tan así”.

 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar