Por Carla Acosta
Tiempo de San Juan
El más útil del equipo
Imágenes colgadas en las paredes, el infaltable mate sobre una mesita redonda, botines, camisetas, pantalones y cientos de pares de medias. Así es su rinconcito, sin dudas, su segunda casa. Luis Ruarte (50), fanático hasta los huesos de San Martín, abre las puertas de la utilería verdinegra, en donde trabaja desde 17 años y en donde su papá, ya fallecido, lo hizo durante 50 años. Una pasión que heredó de su viejo y, gracias a ella, recorrió todo el país y fue espectador de lujo de momentos gloriosos para la institución.
Solo, después de una mañana movidita de entrenamiento, está preparando la pilcha para la jornada siguiente. Comenta que su trabajo en particular es atender al jugador como si estuviese en su casa, ya sea con un mate, con la indumentaria o también prestando el oído. Mientras charla y cuenta sobre su labor, Abel, su ayudante, y un hincha se acercan a las instalaciones mientras comparten unos ricos verdes. No caben dudas de que Luis es una marca registrada en el club y para quienes se acercan al Hilario Sánchez es infaltable pasar a saludarlo.
Entre sus manos tiene un par de fotos y en una de ellas, la más especial para él, sale su papá José en la utilería vieja del club. Según cuenta Luis, mientras se sienta y cada tanto corta la charla para atender a jugadores y gente que se acerca por ahí, su padre fue utilero del Verdinegro durante 50 años y el promotor de que él ocupara su lugar. “Mi viejo era fanático de San Martín. En realidad toda la familia. Él me metió acá y le agradezco porque esto es lo máximo. Me ayudó a conocer gente y a hacer muchas amistades”, destaca con emoción. Además, entre los halagos a su papá, cuenta que desde que falleció, ya hace seis meses, no acompaña al equipo de visitante para no dejar sola a su mamá.
En medio de la conversación se acerca su hermano Daniel, quien también trabaja en la institución y que particularmente nació allí. Luis relata que su mamá Clara, embarazada ya de 9 meses, no llegaba al hospital aquel 6 de junio de 1996 y los dirigentes tuvieron que ayudarla en el parto. Nacer en el club de sus amores sólo un Ruarte lo puede contar.
Mientras el vestuario está vacío, contigua, la sala de utilería es un barullo. Cuenta que desde los 17 años que está ahí vivió grandes cosas y día a día es espectador de lujo de los momentos que se viven en el camarín local. Se le pregunta si vivió algún momento tenso pero prefiere callar. También sobre algunos DT polémicos, pero tampoco quiere opinar. Pero sí señala aquellos instantes felices vividos junto a la camiseta que tanto ama, como el ascenso a la máxima categoría en el 2007 y en el 2011. “Yo viví grandes cosas gracias al club y estoy muy feliz por eso. Estoy también para escuchar y darle el aliento a los jugadores”, dice.