Por Carla Acosta
El Luchador
Dentro y fuera del cuadrilátero un ejemplo como deportista y persona. Hoy, con 65 años de edad, padece de Alzheimer y sus recuerdos quedan en lo más profundo de su memoria. Un luchador nato que aún le sigue dando batalla a lo que le depara el destino. Por Carla Acosta.
Boxeador, futbolista, árbitro, comerciante, cartero, fotógrafo, padre, hermano, esposo, querido, aventurero, buen mozo… así, hay cientos de adjetivos que describen los 65 años de vida de Raúl Venerdini. Un señor en todo lo que emprendió en la vida. Un hombre que, a diferencia de la mayoría de los boxeadores, la peleó desde arriba, con humildad y respeto hacia el resto. Con postura de niño mimado, hoy enfrenta la pelea más difícil de su vida: padece Alzheimer y no camina ni recuerda nada.
Según su familia, todo un ídolo. Y así lo reflejaron las imágenes de cuando cientos de fanáticos se acercaron a la estación de tren para darle una bienvenida tras ser coronado Campeón Argentino. Y qué bienvenida, digna de un grande.
Venerdini fue uno de los sanjuaninos que sintió al Estadio Aldo Cantoni y el Luna Park latir como nunca. Las victorias por el Título Argentino ante Héctor Pace el 11 de noviembre de 1970 y el Título Sudamericano ante Carlos Oro en el Cantoni en 1971, sin dudas, marcaron un antes y después de su carrera boxística.
No fue un púgil cualquiera, sino un peso liviano que siempre fue noticia arriba y abajo del ring. Un tipo arriesgado. Como cuando se fue de luna de miel a Valparaíso (Chile) tras casarse con su esposa Perla en el año 1968. En esos días agarró los guantes y se subió al ring para disputar una pelea con Jorge Barcia. Ni el viaje romántico con su mujer lo dejaron fuera de un cuadrilátero.
También se recuerda su viaje a Ecuador, donde se enojó con su entrenador y viajó solo a Guayaquil a enfrentar a Ramiro Bolaños. Él le pidió a su cuñado Alfonso que viajara de urgencia para representarlo. Alfonso lo hizo, teniendo poca idea de lo que era ser entrenador y mucho más de boxeador, se animó y hasta habló con la prensa ecuatoriana. Su familia lo recuerda con sonrisas. Y rematan diciendo que así como esas anécdotas, hay muchas.
Tras retirarse como boxeador en el año 1979, continuó con su trabajo en el Correo Argentino. Además, era revendedor de ropa y en sus tiempos libres se dedicaba a la fotografía de sociales. Todo en beneficio de su familia.
Su esposa Perla, sus hijos Analía, Aída y Raúl, y su hermano Omar Venerdini son los pilares que sostienen a la leyenda sanjuanina en la actualidad. Hace años sufre de Alzheimer y hace tres meses la enfermedad mostró lo peor de ella. Raúl quedó sin poder caminar, recordar y con pocas posibilidades de comunicarse. Según su hijo menor, es un niño.
La familia no compara los golpes que recibió como boxeador a lo que hoy padece. Dice que eso le puede pasar a cualquier persona. "La calidad de vida de Raúl es buena. Es muy tranquilo y cuando lo paseo por la casa sabe quedarse mirando las fotos de sus padres en un rincón de la casa”, dice su esposa, con lágrimas en los ojos.
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